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Archive for the ‘Historia y Arqueología’ Category

Estaba yo este pasado domingo viendo la tele por la noche cuando me encuentro con que los miembros del programa Cuarto Milenio (cadena Cuatro de televisión) se han ido de cuevas por Cantabria en compañía del Dr. Roberto Ontañón, director de las Cuevas Prehistóricas de Cantabria y también director del Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria (MUPAC, para los amigos). Afortunados ellos, pienso, porque han tenido el privilegio de visitar las cuevas de El Castillo y La Garma sin las restricciones que limitan al común de los mortales, para los que el acceso, con frecuencia (como sucede en La Garma), está vetado.

La incursión, en lo que pude ver, bueno, me pareció, en lo que a ciencia se refiere y por decirlo de alguna manera, bastante “flojita”. Bien es cierto que lo que buscaban los participantes, en realidad, era obtener una percepción en principio subjetiva, un estado alterado de conciencia o incluso una experiencia mística en alguna de las cuevas con arte rupestre de la región (y, de paso, supongo, hacer un poco de turismo “por la patilla”). Pero creo también que, más allá de las experiencias individuales de cada uno, otro de los objetivos de la “misión” era obtener una pauta “común” o, dicho de otro modo, definir una vivencia compartida que unificase todas las experiencias particulares.

Dicho esto, en esta entrada reflexionaré un poco sobre lo que vi en el citado programa, para terminar con una apreciación personal.

Pues bien, para la ocasión, los miembros que integraban el equipo expedicionario de Cuarto Milenio en ruta hacia las cuevas de Cantabria eran el presentador del programa, Iker Jiménez; los también periodistas Carmen Porter y Enrique de Vicente; el psiquiatra José Miguel Gaona; una singular especie de chamán moderno llamado Silverio (también conocido como “Neónymus”), y el prehistoriador Roberto Ontañón. Todos ellos integraban lo que hacían llamar Proyecto Alma.

Yendo al cogollito de la cuestión, al poco de iniciarse el programa, el Dr. Gaona nos dispara una frase que nos va a dar ya la pista de por dónde discurrirá esta singular investigación: el psiquiatra nos advierte de que el Monte Castillo de Puente Viesgo cumple con “la proporción aúrea”.

Lo que se pudo ver a continuación fueron las imágenes de cómo los miembros del equipo se pasaban toda una noche en la cueva de El Castillo haciendo experimentos de tipo más o menos “esotérico”. Por ejemplo, Neónymus empieza a dar gritos y a entonar cánticos por las salas de la cueva. También hace sonar, chocándolos, unos huesos que ha llevado para la ocasión. Pretende así captar las energías de la cueva y sentir las vibraciones mágicas del pasado, que, según él, deben de flotar de alguna manera en aquel ambiente. Neónymus nos confiesa también que en un espacio concreto de la cueva, cerca al parecer de donde se sitúan las pinturas con dataciones más antiguas, ha comienzado a sentir de pronto mucho miedo y esta sensación le ha llevado a abandonar el lugar. Pero, lejos de recuperarse, comenta que entonces el miedo, como si de una entidad física se tratase, le había perseguido.

Silverio mediante sus “rituales” va creando allí la “carga sugestiva”.

Durante unos minutos el debate pasa a centrarse en la figura de otro “chamán”, concretamente, el que se observaría en la sombra proyectada sobre la pared de la cueva por una singular estalagmita que está rematada en una especie de cuerno. El fuste de dicha estalagmita contiene, además, una representación de lo que parece ser un hombre-animal entre pintado y aprovechando el relieve de la formación. Con estas sombras proyectadas estaríamos, según se nos informa, ante los “inicios del cine”.

Turno para Roberto Ontañón, quien le confirma a Iker que ya se ha experimentado con sonidos en cuevas de Cantabria, aunque no llega a concretar ni en qué han consistido ni dónde se han efectuado dichos experimentos. Al tiempo que Ontañón conecta todas estas ideas con una poco conocida disciplina llamada la Arqueoacústica -cuyo objetivo es la búsqueda de una sonoridad especial en monumentos del pasado, como pueden ser los megalitos-, se nos van mostrando imágenes de un experimento de este tipo efectuado en la Gran Pirámide de Egipto (se trata del experimento realizado allí por Paul Horn en “1987”).

El Dr. José Miguel Gaona nos informa a continuación de que los estudios efectuados en la cueva de El Castillo han mostrado que en dicha cavidad actúan frecuencias de 110 hz, lo que, en su opinión, favorece la generación de experiencias de tipo religioso, un fenómeno que también dice haber detectado en las iglesias, especialmente, en la primera fila de asientos de éstas.

Terminadas las investigaciones en El Castillo, otro de los días Ontañón conduce a los miembros del equipo ladera arriba hacia la entrada de la cueva de La Garma (Ribamontán al Monte), que, abierta ex profeso para la ocasión, va a ser estudiada igualmente dentro de este curioso Proyecto Alma. Allí el director del MUPAC les explica que tras una sima interior de la cueva se oye la circulación del agua de un río, la cual genera sonidos misteriosos capaces de alterar la conciencia de los visitantes.

Seguidamente, Enrique de Vicente nos relata el arrebato místico que experimentó en una hendidura rocosa de esta misma cueva de La Garma. El periodista comenta que en cierto momento de la visita se quedó atrapado psicológicamente (y también físicamente) en una abertura de la cueva que tenía forma de vagina. Según su testimonio, este atoramiento mental (y físico) le duró hasta que Carmen Porter acudió en su ayuda y le espetó: “¡Qué parto más difícil estás teniendo!”. Aquellas palabras, según De Vicente, le ilumniaron  y le permitieron encontrar de súbito una  asociación entre lo difícil del momento, la idea de un nacimiento y la forma de la oquedad como “canal del parto”. Y fue gracias a esta iluminación como consiguió finalmente pasar por la hendidura.

En otro de los experimentos realizados en la cueva de La Garma estimularon el cerebro de Carmen Porter con el llamado “Casco de Dios”. El objetivo era provocarle una “sensación de presencias”. Transcurrido el tiempo pertinente, el Dr. Gaona le retira el artilugio de la cabeza, y, en total oscuridad, comienza a hacerle preguntas a la periodista, quien responde con algunas frases para el recuerdo, que me dio tiempo a anotar: “Veo como olor a mar [sic]. Después como una cueva con vida, es decir, roja, roja como con movimiento de vida, iluminada… En las paredes aparecen cosas rojas”. También le comenta que ha visto aparecer ante ella a “una mujer con un niño”, que le había echado una piel encima. El testimonio de Carmen Porter produce una nueva iluminación espontánea, en este caso la de Roberto Ontañón, al que le ha llamado poderosamente la atención que en la visión de Carmen aparezca un niño, pues, efectivamente, se ha documentado la presencia de niños en cuevas paleolíticas (una presencia de la que, incluso, han llegado a quedar huellas en el barro fresco de alguna cueva, según nos señala).

La que sería la primera parte de este Proyecto Alma en Cuarto Milenio culmina con unas palabras de Iker Jiménez, que, desafortunadamente, no son verdad: “Cualquiera de ustedes puede ir a… contactar con lo remoto”. Olvida el presentador en este caso que no todo el mundo tiene la facilidad de acceder a esos enclaves como lo han hecho él y los componentes de su equipo.

Para concluir, y tal como decía al principio de esta entrada, me alegro sinceramente por los miembros de Cuarto Milenio, que han podido visitar estas cuevas de El Castillo y La Garma, y además han podido hacerlo de un modo privilegiado. En mi opinión, Cuarto Milenio es un programa que merece la pena; un programa diferente en el que suelen mezclarse, en una peculiar coctelera, realidad, ciencia, elucubración y disparate auténtico. Reconozco asimismo que cuando lo he visto, siempre me ha resultado un programa simpático, frecuentemente entretenido y, en ocasiones, ciertamente sugerente.

Por otro lado, más allá del carácter más o menos científico que tuviera esta investigación llamada Proyecto Alma  -y teniendo en cuenta que cualquier excusa es buena para visitar una cueva de primera categoría con “pases especiales”-, creo que la realización de este tipo de estudios poco habituales (por ejemplo, los relacionados con la Arqueoacústica) es interesante y que, en ocasiones, puede incluso complementar los resultados proporcionados por los trabajos científicos a los que estamos más acostumbrados.

Como ven, no me molesta este tipo de estudios. Pienso que las cuevas deberían ser de todos, y todos los ciudadanos -evidentemente, garantizando siempre la debida preservación- deberían tener derecho a su disfrute, con independencia de si uno sale por televisión o  de si es el amigo del presidente del gobierno de turno.

Porque, en realidad, es esto último lo que me resulta triste: el hecho de que tengas que aparecer en algún medio o codearte con “la casta” para conseguir un acceso a muchos lugares que atesoran, en este caso, nuestro pasado, y cuya entrada está vetada al común. Un buen ejemplo de esto es la situación de muchas cuevas en Cantabria, cuevas cuyos responsables han cerrado sistemáticamente y han convertido en sus “cotos privados de caza” bajo el pretexto de la conservación, la dificultad de acceso o la realización de investigaciones científicas que nunca llegan a publicarse en su totalidad. De esta forma, repito, han convertido a los yacimientos más importantes en su propios clubs sociales, a los que invitar a amiguetes, conocidos y parientes.

Y esto debería cambiar.

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Recupero hoy en el blog una antigua foto, pues se cumple precisamente este mes su décimo aniversario. Realizada por la noche en una casa rural de un perdido pueblo de Aragón, en ella aparece Manuelo disfrutando del momento mientras juega al futbolín.

Manuelo -así le llamaba aquel chico francés que acostumbraba a condimentar todas sus comidas con mayonesa- gustaba de comer a mantel puesto, de que le limpiasen luego los platos y de coordinar desde la distancia las operaciones del campo de trabajo que, como buen progre que era, gestionaba por visión remota. Y digo esto último porque lo cierto es que Manuelo se pasaba poco por el “centro de trabajo”. Quizá sí, quizá alguna vez, después de hacer sus compras mañaneras, se dignaba a hacer breve acto de presencia en el recinto para comprobar que todo marchaba conforme a las directrices establecidas. Pero lo normal era, sin embargo, que delegase sus funciones de supervisión en su lugarteniente, el fiel Perillos Cunchalta, y también en otra joven subordinada, que sostenía que el mejor invento del mundo eran los anticonceptivos.

A Manuelo también le gustaba el futbolín; pillar a los que surgiesen en el momento y echarse en el pórtico del cuartel general unas animadas partidas. Lo cierto es que no recuerdo que fuese malo jugando; tampoco recuerdo que yo fuese especialmente bueno. Creo que la partida de la foto la ganó Manuelo, que ya esbozaba antes de terminar una sonrisilla perversa.

Tal vez fue que para compensar la derrota, y aun a sabiendas de que podía ser delatado, me bebí de estraperlo a cambio algunos tragos de su vodka, helado, riquísimo.

Pasados los años, hoy me imagino a Manuelo viviendo como un señorito en el siglo XIX, dirigiendo una plantación en algún estado sudista de la Norteamérica de los años previos a la guerra civil. Me lo imagino allí, entre enormes campos de algodones, azotando a sus esclavos negros y rodeado de sus sirvientes-palmeros. También he llegado a imaginármelo ya en la guerra que acaeció allí después, en algún alto puesto de mando del ejército del Sur, dirigiendo repanchingado desde su despacho a la cárnica tropa hacia la batalla y llevándose luego toda la gloria.

Así era Manuelo.

Y, por cierto, “Amparo sigue siendo la mejor por esta foto”.

Dondequiera que estés, gracias, Virginia.

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Los atletas estaban sujetos a un férreo y rutinario régimen de vida, sobre todo a partir del siglo IV a. C. cuando los profesionales dominan la pista. En los primeros tiempos, en cambio, los participantes en los Juegos Olímpicos eran los hijos de la elite, pero también obreros. Así, el primer ganador conocido, el corredor Corebos de Elide (776 a. C.), era cocinero, pero también hubo labradores, pescadores y pastores.

palestraMuchos intelectuales tanto griegos como romanos criticaron el profesionalismo por ser las pruebas inútiles para la ciudad y por deformar los cuerpos y ser perjudicial para la salud de los atletas. Estos, en efecto, se entrenaban regularmente en los gimnasios bajo la supervisión de un entrenador, que no dudaba en golpearles con una vara o un látigo para conseguir que siguiesen la rutina. De este modo, realizaban ejercicios con cuerdas, trepaban a los árboles, cavaban, remaban, arrastraban carros junto a bueyes… Los ejercicios estaban adaptados según la disciplina: así, los velocistas corrían por la playa, en cambio, los boxeadores o pancraciastas levantaban piedras o golpeaban sacos rellenos de harina o hijos secos (los pancraciastas colocaban el saco a menor altura al tener que dar golpes en el suelo durante la competición).

En el siglo II se puso de moda un método de entrenamiento desarrollado por Teón y Trifón basado en ciclos de cuatro días, las “tétradas”, donde se alternaban ejercicios pesados y ligeros: el primer día se realizaban ejercicios cortos y enérgicos como preparación del segundo día en que se hacía el entrenamiento más duro, mientras que el tercer día solo había ejercicios ligeros para recuperarse del esfuerzo del día anterior, y el cuarto se realizaba un entrenamiento moderado. Cuenta Filóstrato (Gimnasia 54) que el atleta Gereno de Náucratis murió vomitando en el tercer día de unas tétradas tras haber asistido a dos suculentos banquetes en su honor y no dejarle descansar el entrenador.

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Ahora bien, en los gimnasios los atletas también recibían masajes y se untaban con aceite para relajar los músculos. Esta práctica fue muy criticada por los romanos, junto con la desnudez, pues pensaban que era una escuela de vicio. En este sentido, Cicerón en el siglo I a .C. se preguntaba “¿por qué nadie ama a un joven feo ni a un viejo bello? Por lo que a mí respecta, la costumbre de relaciones de este tipo me parece nacida en las palestras de los griegos, en las cuales estos amores son libres y aceptados”. En la civilización griega las prácticas homosexuales entre los jóvenes atletas y sus adultos maestros o entrenadores estaban permitidas. De hecho, en algunas cerámicas, que decoraban las casas, se representan escenas de pederastia y homosexuales.

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En Esparta las mujeres se entrenaban en la palestra junto con los hombres. El legislador Licurgo quiso con ello propiciar las relaciones sexuales entre los jóvenes y conseguir madres vigorosas que diesen a luz espartanos fuertes, para así garantizar la continuidad y poderío de Esparta. En cambio, en el resto de Grecia, al igual que en Roma, el deporte femenino estaba mal visto y se las tenía por marimachos (las mujeres solo debían hacer ejercicios de agilidad con la pelota). De hecho, Marcial (7,67) se burla de una mujer gimnasta a la que denomina “la tortillera Filenis, quien más ardiente que un marido en erección, se cepilla a las muchachas de once en once por día”. Y asimismo dice de ella: “cuando se entrega al placer, no la mama -lo cree poco varonil-, sino que les come a las muchachas la mismísima entrepierna. Que los dioses te concedan la que es tu personalidad, Filenis, que consideras varonil lamer coños”.

No obstante, durante la competición debían abstenerse de practicar sexo. Cuenta Casiano (6,7), aunque ya en el siglo V cuando los JJ. OO. habían sido suprimidos (en el año 393), que los atletas “para no ser el juguete durante el sueño de ilusiones nocturnas y para no reducir su fuerza, cuya adquisición requirió tanto tiempo, se cubren los riñones de cuchillas de plomo, porque este metal frío aplicado en los genitales impide los humores obscenos. Entienden que serán ciertamente vencidos y que, en lo sucesivo sin fuerza, no podrán incluso ya cumplir sus deber de combatir si son el juguete de las imágenes voluptuosas que destruyen la fuerza de la cual estaban provistos por su continencia”. Así en el siglo II Artemidoro (5,95)  interpretaba el sueño premonitorio de un atleta que soñó que estaba castrado y ganó la prueba.

kynodesmeAl principio los griegos competían vestidos con taparrabos, tal y como reflejan las obras homéricas, pero ya en el siglo V a. C. la desnudez era la norma. Los primeros atletas que compitieron desnudos según la tradición fueron los corredores Orsippo de Megara y Acanto de Esparta en el año 724 a. C. y 720 a.C. respectivamente. No obstante, no corrían completamente desnudos, sino infibulados: una cuerda alrededor de la cintura ataba el prepucio que había sido previamente estirado para que no se les escapase la energía.

Asimismo, competían en ayunas. Los atletas tenían controlada la alimentación. Evitaban los dulces y las bebidas frías.  Al principio llevaban una dieta vegetariana a base de higos secos, queso fresco y pasta de trigo o cebada, pero desde el siglo V a. C la carne era la base de la dieta especialmente de los luchadores. El célebre luchador Milón de Crotona, quien ganó la corona olímpica en seis ediciones consecutivas en el siglo VI a. C. y de quien se decía que era capaz de romper la cinta del pelo con solo fruncir el ceño o que un día que se cayó una columna en casa de su maestro sujetó el techo con su brazo, era célebre además por su glotonería. Se decía que comía diez kilos de carne y diez litros de vino al día, y que un día cogió un ternero, lo paseó por el estadio y luego se lo comió entero. Por este motivo, Diógenes el Cínico llamaba a los atletas montañas de carne hechas de buey y cerdo, o Luciano se burlaba del atleta Damasias por ser demasiado gordo y poder hundir después de muerto la barca de Caronte. Asimismo, en teoría tenían prohibido beber durante la competición. Pero, al igual que las comilonas, eran notorias las borracheras entre los atletas, como hemos visto en el caso de Milón, o también de la marimacho Filenes, de quien Marcial afirmaba que se bebía siete cuartillos de vino puro y se comía dieciséis bollos para atletas.

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El célebre médico Galeno o el filósofo Séneca, entre otros, criticaban a los atletas de su época por no hacer otra cosa que sudar, beber, cebarse, dormir, pringarse con aceite y revolcarse en la arena. Los atletas, en efecto, dormían bastante; se levantaban normalmente, al decir de Galeno, a la hora de la comida. De hecho, algunos entrenadores daban a sus pupilos pan de harina fina con adormidera. Eso sí, dormían sobre el suelo para endurecer el cuerpo.

También se recurría a ciertos brebajes a base de plantas, hongos, cola de caballo o sudor de grandes atletas, e incluso a hechizos (se invocaba al poderoso dios Helios o al veloz Hermes) para conseguir aumentar la fuerza o la velocidad. Por ello, Olimpia se llenaba durante los juegos de una pléyade de vendedores de comida y bebida, artículos de toda clase, putas, adivinos y hechiceros… El dopaje moderno se inicia en el siglo XIX con la morfina y bebidas a base de cafeína. En los primeros JJ. OO. modernos se recurrió a la estricnina mezclada con alcohol (maratonista Tom Hicks en 1904) y luego a las anfetaminas (ciclista K. Jensen en 1960). En 1967 el COI estableció por primera vez una lista de sustancias prohibidas tras una serie de muertes por dopaje.

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Los griegos clásicos eran muy competitivos. Disputaban por cualquier asunto para ver quién era mejor: carrera, declamación, tocar un instrumento musical, etc. Y lo importante no era participar, sino ganar. El lema «lo importante es participar» se debe al arzobispo de Pensilvania, que lo pronunció en la inauguración de los JJ. OO. de Londres 1908. Así, en la Antigüedad los atletas derrotados volvían cabizbajos a sus ciudades de origen. En cambio, al ganador se le recibía de forma ceremonial y se le daba toda clase de felicitaciones, privilegios y regalos.

Los griegos, como bien refleja el mito de Aquiles en Troya, buscaban la gloria, no tanto el premio en metálico. Tal era el prestigio del que gozaban los vencedores olímpicos en la Grecia antigua, que se les erigían estatuas y se les concedían cargos.'Portrait of Alcibiades', late 3rd - early 4th century Por ejemplo, el general ateniense Alcibíades, para obtener el voto ciudadano para dirigir la expedición militar a Sicilia, invirtió su fortuna en ganar las pruebas hípicas de los JJ. OO. de 416 a. C., presentando siete cuadrigas con las que obtuvo el 1er, 2º y 4º puesto. En su discurso a la Asamblea ateniense al año siguiente para conseguir el mando de la flota, transcrito por Tucídides (6.16), alude a esta victoria porque “de acuerdo con la costumbre, cosas como ésas son un honor, y de ellas se deduce al mismo tiempo una impresión de poder”.

Para conseguir dicha gloria algunas ciudades no dudaron en contratar a los mejores atletas para que compitiesen en los juegos no por su ciudad natal sino por ellas. Así, Ástilo de Crotona, quien ganó tres veces consecutivas la corona en la carrera del estadio y en la del doble estadio, en su victoria de 480 a. C. se hizo proclamar siracusano, contratado por el tirano Hierón. Ante esto, los crotoniatas decidieron que su casa natal sirviese de prisión pública y quitaron la estatua que le habían levantado.

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El soborno era bastante habitual, sobre todo a partir del siglo IV a. C., cuando los atletas profesionales dominan las pruebas. De hecho, el origen mítico de los JJ. OO. está en la carrera de cuadrigas entre Pélope y Enómao, en la que el primero soborna al auriga del segundo para poder ganar. Incluso todavía en el año 300 los emperadores romanos Diocleciano y Maximiano especifican en una ley que solo eximían del pago por ocupar cargos públicos a los atletas vencedores que lo hubiesen sido sin recurrir a sobornos (C.J. 10,54).

Los jueces de Elide (polis donde estaba el santuario de Olimpia) imponían como castigo tanto a los que sobornaban como a los que se dejaban sobornar una multa con cuyo montante levantar cerca del estadio zanes o estatuas de bronce dedicadas a Zeus, las cuales llevaban una inscripción advirtiendo de que la victoria debía conseguirse con el esfuerzo y no con el dinero. Pausanias (5,21) en el siglo II vio una veintena de ellas y cuenta que los seis primeros zanes fueron costeados por el boxeador Eupolo de Tesalia y los tres rivales a los que había pagado en 388 a. C. (uno de ellos, Formión de Halicarnaso, había sido el vencedor de la edición anterior). Otros castigados fueron en 332 a. C. el pentatleta Calipo de Atenas y todos los rivales a los que había comprado para dejarse ganar. Los atenienses se negaron a pagar la multa y fueron excluidos de los JJ .OO. hasta que costearon seis zanes exhortados por el oráculo de Delfos. Por cierto, la mayoría de los zanes fueron levantados por luchadores y boxeadores, más proclives al parecer a aceptar regalos o dinero.

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Incluso había padres que compraban la victoria para sus hijos. Ese fue el caso de Polyctor, cuyo padre sobornó a su rival en la lucha infantil, Sosandro, en 12 a.C. Los jueces descubrieron la trampa y multaron no a los niños sino a los padres con sendos zanes. Pero no siempre el tramposo pagaba. Así, cuenta Filóstrato (Gymnasia 45) que en los Juegos Ístmicos se dio el caso de un luchador infantil que sobornó a su contrincante con 3.000 dracmas y, cuando al día siguiente el derrotado le exigió el dinero, aquél no se lo quiso dar alegando que le había ganado con su esfuerzo físico. Ante ello, el sobornado descubrió la trampa y reclamó ante los jueces el dinero.

Por ello alguno lo ponía por escrito. Entre los papiros hallados en los últimos años en Oxirrinco (Egipto) hay un contrato de soborno por 3.800 dracmas en la prueba de la lucha infantil en el siglo III. La traducción del griego del papiro (nº 5209) hecha por F. García Romero es:

Aurelio Acila, también llamado Sara[p, sumo] sacerdote de la espléndida [ciudad de] Antin[oópolis] saluda a Marco Aurelio Lucammón [de la tribu Adria]nea y del demo de Olimpia, y a Cayo J[ulio ¿Teón? por medio de Marco] Aurelio Sereno [-], ambos garantes de A[urelio Demetrio], luchador.

Puesto que [Aurelio] Demetrio, poniéndoos como garantes, ha acordado con [mi hijo Aure]lio Nicantínoo que en la competición de [lucha] infantil caerá tres veces y abandonará [-] recibiendo por medio de vosotros 3.800 dracmas en moneda de plata antigua libres de riesgos, en [los siguientes términos]: si -lo cual ojalá no suceda- él abandona y no deja de cumplir el acuerdo, pero la corona se reserva para ser consagrada, no lo perseguiremos judicialmente por ello; en cambio, si el propio Demetrio viola alguno de los términos escritos y acordados con mi hijo, de igual modo pagará a mi hijo obligatoriamente por el agravio tres talentos en moneda de plata antigua (=18.000 dracmas) sin ninguna dilación ni excusa, de acuerdo con las leyes que rigen las garantías, dado que hemos hecho los acuerdos en esos términos. El convenio está vigente, escrito en dos copias, de las cuales yo tengo una y vosotros otra, y en lo que me ha sido preguntado he estado de acuerdo.

En el año decimocuarto del Emperador César Publio Licinio Galieno Germánico Máximo, Pérsico Máximo, Pío, Feliz, Augusto. Mequeir 29. [= 23-febrero-267]

El emperador Nerón también recurrió al soborno (250.000 dracmas  dice Dion Casio que pagó a los jueces) o a la coacción de los jueces (nadie se atrevía a votar en su contra) http://www.romancoins.info/ostia-obverse-nero.jpgpara obtener varias coronas olímpicas en pruebas que solo se disputaron en la edición en la que él participó y que obligó a retrasar al año 67 para que coincidiese con su visita a Grecia. Por ejemplo, ganó la prueba de tragedia, la de declamación al son de la cítara o la de la carrera de carros tirados por diez caballos en la que casi se mata, ya que se cayó. A la muerte de Nerón todos sus premios fueron anulados. Por cierto, una de las cosas que más temía Nerón eran los bastonazos o latigazos que podía darle alguno de la veintena de árbitros de pista (rabdophoroi y mastigophoroi), subordinados de los jueces, que golpeaban a aquellos participantes que no cumplían las reglas: dar un golpe ilegal, salir antes de tiempo, tener un comportamiento inadecuado (por ejemplo, azotaron al anteriormente citado general ateniense Alcibíades tras vanagloriarse en demasía tras vencer sus caballos en la prueba de cuadrigas en 416 a. C.).

rabdophoroiEn las pruebas hípicas el premio iba para el propietario de los caballos, no para el auriga. Por ello, también los césares Tiberio y Germánico consiguieron la corona olímpica en la prueba de cuadrigas. Y por ello era la única prueba que podía ganar una mujer, al no poder competir con los hombres. De hecho, la primera mujer que gana una corona olímpica fue Cinisca, persuadida por su hermano el rey de Esparta para demostrar que solo con dinero y sin talento se podía conseguir la victoria en la prueba de cuadrigas. Lo logró en los juegos de 396 y 392 a. C.

Pero no todos los multados en los JJ. OO. lo fueron por soborno. En el año 93 el púgil Apolonio de Alejandría, apodado Rhantis, que fue el primer egipcio sancionado en unos JJ. OO., lo fue por mentir. Había llegado tarde, por lo que, según las normas, debía ser excluido de la prueba. Pero alegó que fue a causa del viento que su barco arribó tarde a Grecia. Su rival Heráclito, que también era alejandrino, le había visto competir en otros concursos griegos semanas antes y destapó su mentira, y en consecuencia fue declarado vencedor. Apolonio, enfurecido, lo golpeó, por lo que los jueces aumentaron la sanción. Otro alejandrino multado fue Sarapión; en este caso por cobardía. El egipcio, al ver el aspecto de sus rivales en la prueba de pancracio, cayó presa del pánico y huyó de Olimpia en el año 57.

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En la Antigüedad clásica las muertes acaecidas durante una competición, al igual que en los entrenamientos, no se consideraban delito. Ahora bien, los atletas supervivientes debían realizar unos actos de purificación según las leyes de Delfos (Platón, Leyes 865). Esto les ocurrió a Diognetos de Creta cuyo oponente en el boxeo, Heracles, resultó muerto en 488 a. C., o a Telémaco que en 484 a. C. rompió el cuello a su rival al realizar una presa de estrangulamiento en la lucha olímpica, o incluso al boxeador Diágoras de Rodas en 464 a. C. (noticia discutida). En cambio, el boxeador Cleomedes de Astipalea fue descalificado por juego sucio por los jueces en los Juegos Olímpicos de 492 a. C. tras la muerte de su rival Ico de Epidauro. Después de esto, cuenta la leyenda, enloqueció y de vuelta a su ciudad natal, de rabia, dio un puñetazo a una columna que sujetaba el techo de una escuela que se derrumbó sobre 60 niños. Sus conciudadanos le persiguieron para apedrearlo, pero su cuerpo se desvaneció misteriosamente y poco después surgió un culto en torno al boxeador desmaterializado. Otro púgil al que se le daba culto fue Teógenes de Tasos, cuya estatua de bronce en el siglo V a.C. cayó y aplastó a un antiguo rival, enemigo suyo, que todas las noches golpeaba la estatua.

lucha griega

La practica totalidad de las muertes de atletas documentadas durante los JJ. OO. antiguos tienen que ver con las pruebas de combate cuerpo a cuerpo: lucha, boxeo y pancracio. No hay muertes documentadas en las pruebas de lanzamiento de jabalina o de disco (salvo el relato mítico de Jacinto). El pancracio era una especie de lucha libre donde estaba permitido todo golpe y llave, salvo morder y meter los dedos en el ojo del rival. Sin embargo, los griegos consideraban más violenta la prueba del boxeo ya que usaban guantes de cuero. Las estrangulaciones, las dislocaciones o la pérdida de dientes eran heridas habituales. De hecho, se cuenta que el púgil Euridamas de Cirene se tragó los dientes que su adversario le había roto de un puñetazo para que no notara su sufrimiento y finalmente obtuvo la corona olímpica. Muertos por heridas en la competición fueron el luchador olímpico Nicasilao de Rodas que falleció a los 20 años tras solo dos años compitiendo, el boxeador Ágato Demon, apodado el Camello, o un efesio de nombre desconocido que murió en su primer combate de pancracio en época romana.

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La muerte más célebre es la del pancraciasta Arrichion de Figalia, ya que consiguió la corona de vencedor una vez muerto en los juegos del año 564 a. C. Arrichion era un pancraciasta reconocido, pues ya había ganado en dos ocasiones anteriores la corona de olivo. Pero en esta tercera y última vez su rival le tenía aprisionado con las piernas y le estrangulaba el cuello con los brazos. Arrichion, entonces, retorció con su mano los dedos del pie a su oponente, de manera que el dolor que le causó provocó que éste se retirase; pero en ese mismo instante Arrichion murió ahogado. Los jueces determinaron que la victoria correspondía de manera póstuma a Arrichion puesto que su rival se había rendido.

Otro luchador que consiguió la victoria después de muerto fue el boxeador Creugas de Epidamno, pero esta vez en los Juegos Nemeos del año 400 a. C. Su historia la cuenta, como en el caso anterior, el lidio Pausanias en el siglo II. Como el combate de boxeo entre Creugas y Damoxenos de Siracusa se había alargado en demasía, los jueces decretaron que uno frente al otro se darían golpes alternativamente sin oponer resistencia hasta que uno cayese o se rindiese. Creugas fue el primero en golpear y le dio un puñetazo en la cabeza, única parte del cuerpo donde se golpeaban los púgiles antiguos. Pero Damoxenos, usando su palma como cuchillo, hundió sus dedos en el costado de Creugas con tanta fuerza que le perforó la piel y luego con la mano le sacó las entrañas, lo que le provocó la muerte. Los jueces consideraron que Damoxenos se había valido de malas artes y concedieron la victoria al fallecido y además le erigieron una estatua. También el escultor neoclásico Antonio Cánova realizó una escultura de Creugas mostrando su costado para recibir el golpe fatídico.

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Pero no todas las muertes fueron espectaculares. Así, Hipóstenes de Tesalia perdió la vida por una mala caída durante la lucha, al igual que sucedió en los Juegos Olímpicos de Roma 1960 al ciclista danés Knud Enemark que se cayó de su bicicleta en la prueba de los 100 kilómetros, abatido por el calor y las drogas (anfetaminas), dándose un golpe en la cabeza que resultó mortal.

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Y otros atletas murieron de agotamiento, caso de dos pancraciastas que se negaron a rendirse y el combate acabó con la muerte de ambos, o asimismo, del pentatleta Éneto de Amiclas, que murió de cansancio cuando iba a recoger la corona de vencedor tras haber superado todas las pruebas (lanzamiento de disco y jabalina, salto de longitud, carrera y boxeo). En los JJ. OO. modernos la primera muerte constatada también fue en parte por agotamiento. Fue la del maratonista portugués Francisco Lázaro, que murió en el kilómetro 30 en Estocolmo 1912, deshidratado debido al calor y a la cera que se había untado en el cuerpo para evitar las quemaduras solares pero que impedía la transpiración.

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Reproducción de la caida de un cadáver de Homo heidelbergensis en la Sima de los Huesos.

La Sima de los Huesos es un yacimiento arqueológico-paleontológico que forma parte del riquísimo complejo de Atapuerca (Burgos), en el que pueden distinguirse, junto a la citada sima, otros destacados sectores, como son la Sima del Elefante, la Galería y la Covacha de los Zarpazos, la Gran Dolina, el Portalón y la Galería de Sílex.

Pero vamos a considerar a continuación tan sólo uno de éstos, esta llamada Sima de los Huesos, y ello debido a que la formación de su depósito no deja de plantear un importante “enigma” arqueológico que quizá a algunos les pueda resultar interesante.

La Sima de los Huesos se trata de un pozo de 13 m de profundidad al que se accede tras recorrer durante 500 m Cueva Mayor (complejo al que pertenece). Su singularidad reside en que conserva un excepcional depósito, datado hace unos 500 mil años, en el que se ha documentado una gran cantidad de restos animales (exclusivamente de carnívoros, y sobresaliendo los de oso -Ursus deningeri-) y de restos humanos (de unos 30 individuos). Para aquéllos interesados en cómo se produjo el descubrimiento de este yacimiento, remito a la página de la Fundación Atapuerca (http://www.atapuerca.org/huesos3.htm).

En lo que se refiere a la fauna, como ya se ha señalado, todos los restos aparecidos en la Sima de los Huesos pertenecen a carnívoros. Concretamente, se han documentado por ahora “casi ciento ochenta osos, un lobo, veinticinco zorros, tres leones, dos linces, un gato montés, tres comadrejas, una garduña, tres hurones y un tejón”, que “se fueron dando cita en la sima año tras año, hace alrededor de medio millón de años” (http://www.atapuerca.tv/atapuerca/fauna_huesos).

La interpretación “oficial” del equipo excavador considera que tras haber caído algunos de estos animales, los demás habrían sido atraídos al lugar por el olor a carroña y se habrían precipitado también en la cavidad sin posibilidad de salir.

Por lo que se refiere a los humanos, hasta hoy se han recuperado en la Sima de los Huesos los restos de casi treinta individuos de Homo heidelbergensis, de los que se ha llegado a determinar el sexo en 18 de ellos (la mitad se corresponde con mujeres), así como sus edades (no hay individuos menores de 3 años, los adolescentes de entre 13 y 17 años son los más representados y sólo 3 individuos superan los 30 años). De lítica sólo se ha encontrado hasta el momento un bifaz en cuarcita roja (llamado Excalibur -ya ven que los encargados de Atapuerca son muy dados a los nombres rimbombantes-) del que se ha señalado (véase la Wikipedia) que está sin usar, aunque, según nos comenta un especialista, en cuarcita es muy difícil distinguir huellas de uso debido a la dureza del material.

El bifaz Excalibur.

La interpretación “más aceptada”-¡y ojo que podría ser la correcta!- nos habla de que los restos de fauna del yacimiento serían producto de la caída en la sima de animales que habrían sido principalmente atraídos allí por el olor a carroña de los que habían precipitado previamente. Así, uno tras otro, hasta formar una gran acumulación. Para el caso de los humanos, la explicación es más compleja, pues la abundante acumulación de restos de Homo heidelbergensis ha hecho pensar en un depósito humano intencional, donde los individuos vivos arrojarían los cuerpos de los difuntos con una finalidad ritual.

“Retrato de familia” (heidelbergensis) de la Sima de los Huesos.

Pero ¿hasta qué punto podemos estar seguros de que estamos ante un enterramiento humano intencional? Si en Prehistoria, pocas veces podemos estar seguros en las interpretaciones, la excepcionalidad de Atapuerca y la imposibilidad de establecer comparativas dificulta todavía más obtener una conclusión definitiva.

Fossil skull from Sima de los Huesos in Spain has many Neanderthal features.

Cráneo completo de la Sima de los Huesos (Homo heidelbergensis).

Por tanto, según la teoría “oficial”, en el fondo de la Sima de los Huesos tenemos, por un lado, una acumulación de animales debida a causas naturales; y, por otro, una acumulación intencional de restos humanos, con finalidad ritual-sepulcral.

Pero, dicho esto, la propia morfología de la Sima de los Huesos y su situación en el interior de la cueva en la que se ubica plantean, según otros investigadores, una posibilidad diferente: que todo el depósito de la Sima de los Huesos no sea en realidad más que el producto de la caída natural desde la parte superior de la cueva tanto de esos restos humanos como de los restos de animal. Esta alternativa implicaría que todos esos restos habrían sido arrastrados hasta el fondo de la sima por las mismas corrientes de agua que circularon por ella.

Investigadores versados en lides de osos, cuevas y Arqueología nos han señalado que, a tenor de lo encontrado, lo lógico sería pensar que el depósito de la Sima de los Huesos fuese así un “depósito secundario”. Es decir, el agua habría arrastrado los huesos acumulados desde algún otro lugar hasta depositarlos donde se encuentran, formando un “gran revuelto”.

 

oso

Oso de Atapuerca.

Las costumbres del oso de las cavernas hacen raro el hecho de que hayan caído accidentalmente tantos ejemplares en la sima. De hecho, en los yacimientos resulta extraño encontrar tantos osos caídos, pues lo normal es documentar sólo la presencia de individuos aislados.

Partiendo de la idea de que los osos pudieron utilizar la cueva para hibernar, hemos de tener presente que muchos osos de las cavernas mueren durante la hibernación por falta de reservas energéticas, y es posible que en el caso de la Sima de los Huesos, los restos de estos osos muertos durante la hibernación hayan sido arrastrados por circulaciones de agua hasta el fondo de la sima. Durante miles de años, han podido morir en la cueva, de hecho, cientos de osos, que serían al final los que aparecen en el yacimiento. Ahora la siguiente pregunta es: ¿pudo esta misma corriente trasladar también hasta su ubicación actual los restos humanos? Es cierto que no se puede negar la existencia de enterramientos humanos en la cueva, pero, si aceptamos, esta nueva hipótesis, parece que deberíamos localizarlos originalmente a otro nivel, no en la sima.

Existiría, en definitiva, la posibilidad de que en la Sima de los Huesos pasase algo parecido a lo ocurrido en la cueva asturiana de El Sidrón, una gran cueva que cuenta con dos galerías: una galería con pinturas moradas y rojas y otra galería con restos neandertales. Sin embargo, en esta última se observa que esos restos no son primarios, sino que esos materiales -restos neandertales e industria (aunque poca industria en relación con los restos encontrados)- han caído de un nivel superior. En El Sidrón los restos humanos se localizaban así en un sedimento algo “arenoso”, y se apreciaba que en realidad procedían de la parte superior.

A tenor de esta nueva posibilidad, si durante miles de años la cueva donde se encuentra la sima fue visitada por el Homo heidelbergensis no resultaría raro tampoco que los restos humanos de la sima no se correspondiesen con enterramientos primarios, sino con los de individuos que murieron o fueron depositados en la cueva y cuyos restos luego fueron arrastrados por el agua hasta dar lugar a la acumulación.

De lo dicho hasta aquí podemos sacar una serie de conclusiones, que deberían confirmarse mediante el estudio de los procesos postdeposicionales que ocurrieron en la cueva. En todo caso, si estuviésemos ante un depósito secundario, las posibilidades de inferencia a partir de los restos se reducirían drásticamente.

Y quedan otras preguntas más en el tintero. ¿Los depósitos de materiales de las “simas” que forman el complejo de Atapuerca son depósitos “primarios”? ¿Habitaban nuestros antepasados en esas simas? ¿No serán, en realidad, todas esas acumulaciones que han venido considerándose “primarias”  depósitos” secundarios” y “revueltos”?

Una cosa queda clara: “cuanta más espectacularidad, más subvención”.

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“Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Esta sentencia conocida por todos es frecuentemente utilizada en el lenguaje popular y sobre todo en medios televisivos, aunque muchas veces se hace una interpretación bastante errónea de ella, utilizándola para afirmar cosas que poco tienen que ver con su significado original. Me he decidido a escribir esta entrada a raíz de que en un ámbito académico oyese utilizar esta frase para justificar que el Cristianismo, en su esencia, permite la separación entre poder político y poder religioso; pero lo cierto es que este argumento nada tiene que ver con la frase en origen.

La conocida sentencia está extraída del Nuevo Testamento, concretamente del Evangelio de Mateo (22, 21). El problema es que muchos de los que utilizan la frase probablemente nunca hayan leído el fragmento completo del que se extrae. Debido a que el texto de Mateo 22 es un poco extenso, les transcribo aquí la parte referida a la frase. Después haré algunas consideraciones sobre ello. Léanlo con atención, especialmente la parte en negrita.

1. Jesús les habló otra vez en parábolas, diciendo:

2. «El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo.

3. Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir.

4. De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: “Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas”.

5. Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio;

6. y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.

7. Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad.

8. Luego dijo a sus servidores: “El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él.

9. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren”.

10. Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados.

11. Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta.

12. “Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?”. El otro permaneció en silencio.

13. Entonces el rey dijo a los guardias: “Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes”.

14. Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos».

15. Los fariseos se reunieron entonces para sorprender a Jesús en alguna de sus afirmaciones.

16. Y le enviaron a varios discípulos con unos herodianos, para decirle: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios, sin tener en cuenta la condición de las personas, porque tú no te fijas en la categoría de nadie.

17. Dinos qué te parece: ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?».

18. Pero Jesús, conociendo su malicia, les dijo: «Hipócritas, ¿por qué me tienden una trampa?

19. Muéstrenme la moneda con que pagan el impuesto». Ellos le presentaron un denario.

20. Y él les preguntó: «¿De quién es esta figura y esta inscripción?».

21. Le respondieron: «Del César». Jesús les dijo: «Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios».

22. Al oír esto, quedaron admirados y, dejando a Jesús, se fueron.

Jesús y los fariseos.

Jesús y los fariseos.

Si leen el texto, verán que la frase hace referencia a una prueba que los fariseos hicieron a Jesús. Intentando ponerle en evidencia, le preguntaron sobre si era lícito pagar los impuestos al emperador, es decir, al César. Evidentemente, si respondía afirmativamente, Jesús estaría legitimando al emperador y, por tanto, indirectamente sus cualidades divinas y sus propios actos; pero, si respondía negativamente, Jesús se estaría enfrentando de forma abierta al Imperio, lo que podría dar pie a los fariseos a denunciarle.

Ante esto, la respuesta de Jesús, según los Evangelios, fue una especie de parábola, una respuesta un tanto ambigua como es la de “Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios”. Puesto que les pregunta por quién aparece en las monedas y evidentemente aparece el emperador, la respuesta es que den al César lo que es suyo. Parece bastante claro que lo que trata de enseñar la parábola es que el César y Dios están en un distinto nivel y, por tanto, corresponde darles cosas distintas.

3 evangeliooooo

Como ven, esta frase es muy concreta y tiene un sentido bastante simple, aunque no por ello deje de ser un tanto enrevesado. Pero, evidentemente, deducir de esto que Jesús o que el Cristianismo apoyan la separación entre poder religioso y poder civil es sacar una conclusión de donde no la hay. A menudo, en los discursos ideológicos se buscan fórmulas de legitimación, y una muy convincente suele ser este tipo de sentencias sacadas de contexto, pero que en origen es bastante claro que no tenían ese sentido que después se ha tratado de buscar.

Un saludo.

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