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Archive for the ‘Historia y Arqueología’ Category

Aunque, evidentemente, no es exclusivo del patrimonio de Cantabria, y en otras regiones de España (y de fuera) tenemos casos similares (y, probablemente, peores), traemos hoy al blog algunas  de las “mejores” intervenciones que se han efectuado sobre el patrimonio de Cantabria. Reconstrucciones de muro a base de cementazo, en que no se distingue lo original de lo añadido; pastichazos; sustituciones de elementos originales por añadidos a gusto del propietario o, directamente, sin gusto; destrucciones de monumentos seguidas de reconstrucciones que se intentan hacer pasar por originales; intervenciones en edificios históricos que eliminan toda la pátina de lo antiguo hasta el punto de que la estructura parece de nueva creación… La casuística es amplia.

Podemos decir que, en el listado que viene a continuación, son todos los que están, pero no son todos los que son, y, seguro, nuestros queridos lectores podrán añadir muchos ejemplos más que completen esta “lista negra”.

Algunos de los casos mencionados nos han parecido de bastante mayor gravedad que otros, pero todos los que se van a citar son cuestionables. Por otra parte, especialmente algunos de ellos, nos muestran el nivel cultural y/o la personal visión estética no solo de los responsables de las instituciones políticas que nos gobiernan, sino también de supuestos especialistas, y hasta de particulares.

Se omiten en el listado todas las destrucciones del patrimonio regional (por ejemplo, el caso de edificios históricos tirados abajo para levantar horrendos bloques de pisos a ladrillazo limpio), y que son fiel reflejo de las llevadas a cabo a nivel nacional. Tampoco se abordan las reconstrucciones de grandes conjuntos urbanos, como sucedió en Santander tras el incendio de 1941.

Vamos allá.

Castro de Las Rabas (Celada-Marlantes). En las últimas campañas de excavación se procedió a recrecer y cementar, con escaso criterio, algunas de las murallas originales del castro.

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Castro de Las Rabas en Celada-Marlantes. Antes y después.

– El Conventón de Camesa-Rebolledo. En los últimos años también se efectuaron el recrecimiento y el cementado de muros. De hecho, en algunas de las estructuras romanas exhumadas, a partir del recrecimiento de los muros, se llegaron a crear auténticos “merenderos” y “jardineras”.

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Detalle que muestra cómo se efectuó la restauración (y cementado) de muros en El Conventón de Camesa-Rebolledo. A la derecha de la imagen, el muro original.

Yacimiento de Santa Marina-Monte Ornedo. Durante las últimas excavaciones se procedió al recrecimiento de muros (sin diferenciar lo antiguo de lo nuevo), y al pertinente cementado de los mismos.

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Detalle de la reconstrucción y cementación de muros en Santa-Marina-Monte Ornedo.

Yacimiento de Retortillo (tradicionalmente identificado como Iuliobriga). Ya en las antiguas las campañas en Retortillo se recrecieron y cementaron muros, pero es que, por lo que hemos podidos apreciar recientemente, en las últimas han seguido con este criterio de intervención -sin diferenciar lo original de lo reconstruido- en el sector del yacimiento donde se dice que estaría situada la Curia. Así, los muros exhumados han quedado expuestos con una estética  muy similar a los ya comentada en los casos de  Camesa-Rebolledo, Celada-Marlantes y Santa Marina-Monte Ornedo. Además, el aparcamiento y el museo-centro de interpretación llamado de la Domus  se construyeron -hace no tantos años- sobre una parte del yacimiento y, hemos de presuponer que los cimientos de la edificación destruyeron parte de los muros romanos que antes podían verse  aflorar en esa zona. Por último, añadir que esa misma Domus-Museo se levantó en un estilo pompeyano ciertamente pretencioso, tanto en ornamentación como en mobiliario, teniendo en cuenta lo que, en realidad, podría encontrarse en una domus romana edificada en una región del Imperio como Cantabria.

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Muros de una de las casas de Iuliobriga en los que se puede observar el cementazo y los pilares colocados en época de García-Bellido.

Yacimiento del Cine Ágora en Castro Urdiales (identificado tradicionalmente como Flaviobriga). En el solar del Cine Ágora las excavaciones que efectuó un primer equipo de arqueólogos estuvieron más centradas en la investigación que en la idea de conservar las estructuras aparecidas para su posterior musealización. Esto es, a nuestro entender, un fallo conceptual, porque en Cantabria cualquier estructura romana que apareciese debería ser que conservada y musealizada. Ese planteamiento inicial, que, como indicamos, primaba la labor de investigación sobre la idea de musealización llevó a que, durante las primeras campañas, el equipo excavador levantase los suelos y los muros romanos, eliminando el rudus en un intento por llegar al nivel fundacional de la colonia y encontrar terra sigillata sudgálica. Con este planteamiento de excavación -cuando, sencillamente, se podría haber efectuado un sondeo- uno de los callejones romanos que rodeaban a una domus fue parcialmente destruido. Por suerte, en campañas posteriores, un nuevo equipo de excavación realizó una intervención que consiguió preservar las estructuras documentadas y reconstruir, con materiales modernos pero que no fueran muy llamativos, las partes excavadas y destruidas por el primer equipo de arqueólogos.

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Centro de interpretación de la calle  Ardigales de Castro. En primer término se puede apreciar la parte del suelo romano que se llevó por delante el primer equipo que excavó en el solar del antiguo Cine Ágora.

Villa romana y necrópolis medieval de Santa María de Hito. Este es un caso peculiar, pues no se restauró ni se reconstruyó el yacimiento, sino que, directamente, se cubrió de tierra con la intención de conservarlo. Al parecer, a principios de los años 80 del siglo pasado la idea original era excavar el yacimiento para investigarlo y ponerlo de visita. De hecho, se presentaron varios proyectos para su conservación y exposición al público, pero estos no llegaron a aprobarse por la falta de interés institucional. Al final, tras la excavación, se procedió a cubrir el yacimiento con la idea protegerlo de la climatología del lugar.

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Imagen del la excavación llevada a cabo en Santa María de Hito. Hoy día el yacimiento, cubierto por la falta de interés institucional en exhibirlo al público, está enterrado de nuevo.

– Iglesia rupestre de Santa María de Valverde (Valderredible). En los últimos años se ha colocado, pegada de la espadaña tardorrománica, un armazón con tejado -para proteger la necrópolis medieval situada en la parte superior de la iglesia- que no pega ni con cola y que ha conseguido desvirtuar la estética del enclave.

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Iglesia de Santa María de Valverde. En la imagen superior, cuando todavía no tenía la cubierta que desvirtuó toda la estética del conjunto (imagen inferior).

Iglesia de Santa María de Piasca (Liébana) . Bien entrado el siglo XX, en los años 60-70, se acortó la espadaña de la iglesia y se colocaron nuevos tejados, todo con vistas a soluciona problemas arquitectónicos de origen. Pero la restauración adolece de la calidad que habría requerido.

Iglesia de Santa María de Piasca. Mención especial merece también el edificio que han plantado junto a ella y que se aprecia a la izquierda de la foto.

Iglesia Santa María de Yermo. En el siglo XIX estaba en completa ruina, y se reconstruyó en una intervención que careció de cualquier criterio. De hecho, los canecillos se colocaron como les cuadró.

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Iglesia de Santa María de Yermo, muy restaurada en el siglo XIX.

Iglesia de Santa María de Castro Urdiales. Las reconstrucciones efectuadas en los siglos XIX y XX han ido echando escombros a una  “falsa bóveda” que tiene el interior de la iglesia. Esto ha generado un exceso de peso en un sector de un edifico como este que es, ya de por sí, “delicado”. Debemos tener presente que ya en el siglo XVI se tuvieron que añadir arcos de refuerzo porque la estructura de la iglesia se estaba abriendo. Los escombros generados en las restauraciones acaecidas desde entonces habría hoy que sacarlos, lo que entraña bastante complejidad.

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Interior de la iglesia de santa María, en Castro Urdiales. En la foto se aprecian algunos de los refuerzos que se han colocado en la nave principal.

Iglesia de Santa María de los Ángeles (San Vicente de la Barquera). Supermal restaurada, sobre todo, en las fachadas.

San Vicente de la Barquera

San Vicente de la Barquera

Un par de detalles de la fachada de la iglesia de Santa María de los Ángeles, en San Vicente de la Barquera.

Castillo del Rey (San Vicente de la Barquera). Durante la época de Hormaechea se reconstruyó el castillo entero, hasta el punto de que hoy puede considerarse un castillo que está bastante “inventado”.

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El Castillo del Rey en San Vicente de la Barquera. En la foto de arriba se aprecia el aspecto que tiene hoy día; en las dos de abajo, el que tenía a principios del siglo XX. Un detalle: en las fotos antiguas no hay torre.

Torre de Rubín de Celis (Obeso, Rionansa). En la intervención efectuada se reconstruyó de mala manera la parte superior de la torre. De hecho, antes había almenas y, al “restaurarlo”, colocaron un tejado a cuatro aguas.

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Torre de Rubín de Celis. Antes y después de su restauración.

Estructuras anexas (¿dependencias monacales?) de la colegiata de San Pedro de Cervatos. Los encargados de efectuar aquí la restauración remontaron y cementaron en un estilo muy parecido al seguido en las intervenciones recientes ya señaladas para los casos de Camesa-Rebolledo, Celada Marlantes, Santa Marina-Monte Ornedo… El impacto visual de esta “restauración” -si se compara con la estética  que presenta hoy  la iglesia con su torre- es más que considerable.

Catedral de Santander. La reconstrucción de la misma que se hizo después del incendio de 1941 es muy cuestionable estéticamente, tanto en lo que afectó al claustro como a la iglesia alta. En las obras se destruyeron la Capilla del Santo Espíritu y el antiguo palacio episcopal. Esta polémica reconstrucción se hizo con un criterio neoherrerriano.

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Imágenes de la catedral de Santander antes y después del incendio de 1941.

– Iglesia de Santa María de la Asunción de Laredo. En los años 60 del siglo pasado quitaron todos los altares de las cofradías de la iglesia, en su mayoría, barrocos. Los retiraron para dejar  visible la piedra desnuda del edifico, pero, en realidad, lo que consiguieron en este caso fue desvirtuar el interior de la iglesia.

Iglesia de Santa María de la Asunción, Laredo, Cantabria

Interior de la iglesia de Santa María de la Asunción de Laredo, tal como se presenta hoy día.

Batería de San Pedro del Mar. Una de las “reconstrucciones” (si es que a la destrucción del patrimonio se le puede a veces llamar “reconstrucción”)  más “gloriosas” que se recuerdan en la región. Originalmente, se trataba de un fuerte del siglo XVII que luego había sido muy reformado en el siglo XIX. Pues bien, dentro de las intervenciones  derivadas de aquel famoso Plan E zapateriano, se destruyeron murallas,  muros y  las dependencias de los soldados. Asimismo, para “rematar” la obra, colocaron también planchas metálicas.

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Imágenes que evidencian cómo se llevó a cabo el proceso de “recuperación” de a Batería de San Pedro del Mar en La Maruca, con su “antes” y su “después”. Que sepamos, los responsables siguen en la calle.

Palacio de Pronillo en Santander. Otro caso que, desde nuestro punto de vista, no tiene nombre. El conjunto palacial, del siglo XVI, había quedado, ya  desde hace años, embutido entre los edificios del entorno debido al “desarrollo” urbanístico de la zona. Por otro lado, ante el estado de abandono en el que se encontraba, hace menos de diez años, se procedió a   una “restauración”  en la que los responsables que sustituyeron las cubiertas de teja originales por otras metálicas, limpiaron la piedra hasta de dejarla reluciente y encalaron gran parte de las fachadas (cuando, originariamente, es posible que no lo estuviesen).

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Imágenes del “antes” y el “después” de la “restauración” del Palacio de Riva-Herrera en Pronillo. Sus responsables, sorprendentemente, están en libertad.

– Iglesia de San Andrés de Rasines. Se reconstruyó la torre de la iglesia con una estética totalmente distinta de la original. Desde este blog, siempre hemos defendido que en las reconstrucciones (que, en cualquier caso, deberían evitarse siempre que fuera posible) se diferencie claramente la parte original de la añadida, pero esta reconstrucción de la torre  es un despropósito manifiesto.

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Reconstrucción de la torre de la iglesia de San Andrés de Rasines.

Molino de los Castellanos en Soano.  Estaba en ruinas y ahora lo han puesto a funcionar, en lo que es una reconstrucción que, al menos, es posible encontrar con cierto criterio. Pero no por ello deja de ser una intervención discutible.

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Casa de Pico Velasco de Carasa (Voto).  En la restauración perpetrada recientemente han incrustado en la parte superior del edificio una horrenda estructura  con una estética totalmente extraña a la original, y han eliminado el tejado original que existía. El resultado final es, sencillamente, horrible, y las imágenes hablan por sí solas. De hecho, este caso puede ser calificado, directamente, como “destrucción” del patrimonio regional.

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La restauración de la Casa de Pico Velasco en Carasa. 

Palacio de Soñanes (Villacarriedo). En la intervención recrecieron las paredes y elevaron el tejado, y, con ello, taparon la torre medieval, ocultado este elemento clave, pues estamos ante un conjunto formado por una torre medieval rodeada por un edificio del siglo XVIII.

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Palacio de Soñanes. En la foto se aprecia cómo asoma la torre medieval.

Casona de Reigadas (Camargo). Desmontaron la portalada y luego la recolocaron, pero sin criterio. Además, destruyeron gran parte de la corrala y encalaron la fachada de la casona.

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Casona de Reigadas.

Pueblo de La Busta (Alfoz de Lloredo). Las casas barrocas de los siglos XVII y XVIII que lo componen han sufrido unas intervenciones recientes (añadidos de ladrillos, balconadas y nuevos muros…) que han transformado -lógicamente, a peor- la identidad estética del pueblo.

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“Chalet” de La Busta, en Alfoz de Lloredo.

Casa de Miera-Rubalcaba (Liérganes). Han eliminado el balcón original y construido en su lugar una galería acristalada. Solo declararon el escudo como figura de relevancia cultural, no todo el conjunto.

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Casa de Miera-Rubalcaba.

Torre de los Espina (Ampuero). Han construido varios chalets en el recinto que rodea la torre medieval y la casa barroca.

Chalets junto a la Torre de los Espina.

Fábrica de cañones de la Cavada. Han restaurado, con un criterio nulo, muchas de las instalaciones del complejo, y se han sustituido balcones originales por otros de cemento.. La instalación en la que se fabricaban los cañones la ha “modernizado” con un tejado que da el cantazo.

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Imágenes con algunas de las intervenciones realizadas en las instalaciones fabriles de La Cavada, un conjunto en serie peligro de desaparición.

Fuerte del Mazo (o de Napoleón) en Santoña.  En la restauración se terminó de construir, hará unos 20 años, una parte del fuerte que los propios franceses no llegaron a terminar. Por si fuera poco, pitaron las instalaciones reconstruidas de color rosa, cuando, por una cuestión de pura lógica, nunca podrían haber sido de este color, ya que lo que se procura en estos casos es que el fuerte pase desapercibido.

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Un par de imágenes con la “casa rosa” del Fuerte del Mazo de Santoña.

Lavadero de la rotonda de Cazoña (Santander). Se trasladó desde una de las calles transversales de Castilla-Hermida a su actual ubicación en Cazoña, pero solo trasladaron una parte, y el resto lo destruyeron, en época de Hormaechea.

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“Los Arcos” de Cazoña. Lo que queda de un antiguo lavadero.

Fuerte de El Rastrillar de Laredo. En una intervención absurda y horrible (hasta el punto de que las instalaciones parece recién hechas), reconstruyeron un edificio haciéndolo más grande de lo que era originariamente.

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El restaurado (y “ampliado”) Fuerte de El Rastrillar de Laredo,

Mercado del Este de Santander. En este caso, lo tiraron abajo hacia el año 2000, cuando la desidia institucional lo había dejado ya caer en estado de ruina, para reconstruirlo a continuación imitando al original. Evidentemente, en la reconstrucción se perdió toda la “pátina” de antigüedad que tenía este edificio del siglo XIX.

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El Mercado del Este de Santander. Arriba, el original; abajo, la “copia”.

Gran Cinema de Santander. Un caso parecido al anterior del Mercado del Este. El Gran Cinema era un edificio modernista que existía en la capital y que tiraron abajo para, a continuación, levantar uno nuevo en el que se mantuviera la fachada del anterior. Pero el resultado, si se compara ambos, fue bastante chapucero.

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[Espacio patrocinado por Cascarria Infinita y CACICÁN (Agrupación de Caciques de Cantabria).]

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El pasado sábado, 23 de septiembre, ha fallecido nuestro querido amigo el historiador, periodista y profesor Jesús Gutiérrez Flores.  Expresar la tristeza que nos produce este hecho (como siempre que se nos marcha para siempre un familiar o un amigo cercano) no resulta fácil hacerlo en este breve  escrito.

Jesús se encontraba estos días en plena campaña de presentación de su último libro, centrado en uno de los temas a los que dedicó con pasión gran parte de su vida como investigador: la Guerra Civil española.

Para este blog, podría decir que, de alguna manera, fue un colaborador más, gracias a todas las informaciones que nos regaló y por atender tan amablemente las solicitudes que se le hicieron desde él.

A Jesús tuve la fortuna de conocerlo hace unos nueve años, y, si no recuerdo mal, la primera vez que nos encontramos -por mediación de nuestro amigo común Antonio Martín- fue en la ya desaparecida cafetería Lisboa de El Sardinero. Puedo decir que desde el primer momento empaticé con él.

De Jesús siempre me quedará en el recuerdo la imagen de una “buena persona en el sentido machadiano de la expresión”, de un hombre educado y de amena y alegre conversación, de un compañero de viaje en el sentido estricto de la palabra, y de un hombre volcado en sus investigaciones, alguien que siempre que pudo ayudó a todo aquel que le pedía algún dato sobre familiares desaparecidos en la guerra.  Permanecen ahora su obra y su recuerdo.

De él siempre he aprendido, y a él le he querido con un cariño especial.

Se ha marchado un amigo. Desde aquí solo me queda enviarles un abrazo y darles mucho ánimo a todos sus familiares.

Siempre te recordaré, Jesús.

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‌Una de las manifestaciones de la romanización en Cantabria, tras su conquista, fue la difusión de un nuevo urbanismo que incluía, entre otras cosas, edificios con tejados de teja. Hasta entonces las construcciones se cubrían con elementos vegetales y pieles curtidas, en ocasiones reforzados por manteado de barro.

tejado-barcelonaEl tejado romano constaba de dos tipos de tejas: la tegula plana, de, al menos, 40 x 30 cm, caracterizada por dos rebordes laterales salientes, y el imbrex semicircular, el cual se disponía sobre la intersección de dos tégulas para evitar que se filtrase la lluvia. La teja medieval y posteriores seguirán el modelo del imbrex romano, si bien, normalmente, de factura más pequeña y sin decoración de digitaciones o sellos, que a veces llevaban en época romana para marcar el taller. En cambio, la tégula plana con reborde saliente es típica romana, por lo que cuando aparece no hay duda de su cronología.

Las tégulas se usan preferentemente para techar un edificio, aunque también se han constatado más usos. De este modo, se han descubierto tumbas cubiertas a base de tegulae, especialmente en inhumaciones cristianas desde el siglo IV (en Cantabria no se han encontrado tumbas altomedievales completamente cubiertas, sino solo en parte con imbrices o usándolos como almohada u orejeras del muerto, en Maliaño, Santa María de Hito y Camesa) o desagües hechos a base de imbrices (en espacios termales de Maliaño y Camesa, por ejemplo). Así mismo, los romanos usaban fragmentos de teja para mezclarlos con mortero y construir muros y suelos.Techar un tejado con estas piezas de barro cocido suponía un gran peso, ya que al menos miden 2 cm de grosor. Para un edificio de 180 m2 de planta, M. L. Ramos calcula más de 2.500 tejas y  14 toneladas de peso. Esto implica que los muros, vigas y soportes interiores tenían que ser bastantes más sólidos que en los casos en que se cubría con elementos vegetales. De hecho, no todos los edificios de una ciudad romana se cubrían con teja, como se aprecia claramente en Julióbriga. Por eso, cuando se techa con estas piezas de barro cocido se trata en todos los casos de edificios romanos importantes.

 

Tejas romanas en Cantabria se han descubierto en:

a) Yacimientos romanos urbanos:

– Maliaño: más de un millar de fragmentos de tegulae (c. 700) e imbrices (c. 900) cubrían unas termas y una casa, cuyo tejado apareció desplomado en el suelo.

Castro Urdiales-Flavióbriga: más de 200 fragmentos de tegulae y 235 imbrices, que son bastantes, teniendo en cuenta lo escaso de la excavación: apenas una insula y un espacio termal.

Retortillo-Julióbriga: muy pocas tejas (4 tegulae y 24 imbrices), lo que implicaría que la mayoría de las edificaciones (más de 10 casas excavadas) estaba techada con elementos vegetales, incluido el foro, pese a la reconstrucción de la domus-museo (más propia de una casa pompeyana o emeritense).

Camesa-Rebolledo: 8 tegulae y 125 imbrices, muchos de ellos usados como elementos constructivos en El Conventón: 14 ímbrices completos se han recuperado en la atarjea, y hay bastantes trozos unidos con mortero para hacer los muros de tapial, por lo que es posible que en este yacimiento del interior no se usara la teja como elemento de cubrición (pero también es cierto que la zona termal fue entera desmontada y no se conservan in situ ningún ladrillo de suspensurae que sin duda tuvo que haber). Disponían de tejado de teja un edificio al Noroeste de El Conventón y, seguramente, en la zona de La Cueva, donde son numerosos los fragmentos de teja romana esparcidos por el suelo. En tumbas visigodas-altomedievales de niños se han recuperado tejas curvas como tapa y almohada.

b) Villae o edificios romanos aislados, ya sea en ambientes rurales o portuarios:

La Magdalena: una quincena de fragmentos de tegulae pertenecientes a una villa altoimperial no exmagdalenacavada bajo el Tenis y el Balneario  (y en la torre que estaría ubicada en el actual recinto de los patos aparecieron tejas curvas, acaso  imbrices). Pese a no estar excavada, la existencia de un edificio romano importante es indudable por los restos de un mosaico, toscos pedestales, muros de mampostería, ladrillos circulares de un espacio termal y abundante cerámica sigillata sudgálica e hispánica.

Catedral de Santander: fragmentos de tejas romanas en termas bajoimperiales. No son muchas, pero es que sobre ellas se asentó la iglesia medieval, que destruyó las termas.

Santa María de Hito: numerosas tejas, algunas con marcas, se recuperaron en esta villa bajoimperial. Algunas se reusaron en las tumbas visigodas-altomedievales como almohadas y orejeras para el cráneo de muertos, al igual que en otras necrópolis de la época (Maliaño y Camesa).

c) Yacimientos sin construcciones descubiertas (sin muros), pero que por la cantidad de fragmentos de tejas halladas debieron contar con edificios romanos  de entidad:

San Bartolomé de Elechas: alrededor de un centenar de tegulae e imbrices fueron recogidos en la línea de costa, prueba de que era un embarcadero romano que contaba con, al menos, un edificio importante.

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En pequeña isla de La Campanuca se han descubierto al menos cinco fragmentos de tegulae e imbrices, así como varios ladrillos romanos, que acaso se correspondan a la construcción de la cercana Elechas y que hayan sido arrastrados por el mar. Del mismo modo, en Gajano y Galizano se mencionan posibles tejas romanas, pero seguramente sean materiales intrusivos, traídos por el mar desde el yacimiento cercano de Elechas.

Sta María de Santoña: más de 20 tegulae y de 20 imbrices, así como otros restos de material constructivo (ladrillos, clavos) y numerosas cerámicas. Teniendo en cuenta lo escaso del terreno excavado, las tejas son indicativas de la existencia, al igual que en Elechas, de un puerto con edificaciones romanas de buena factura.

Huerta de Quintana (Suances): numerosas tejas romanas se observan formando parte del muro actual junto a la iglesia, por lo que debieron ser reaprovechadas de un edificio ignoto romano cercano.

Maoño: recientemente ha aparecido un depósito con un buen número de tegulae y algún imbrex.

Alto del Gurugú (Guarnizo): solo se han recuperado en una intervención de urgencia una tegula y un imbrex decorado, pero, asimismo, un inequívoco ladrillo termal. Además, en foto aérea se ve una construcción absidiada típica de las termas romanas. Con estos hallazgos seguramente se pueden relacionar también la tegula y el ladrillo romanos recogidos en el cercano barrio del Infierno en Guarnizo.

d) Castella o estructuras defensivas romanas en acrópolis o junto a oppida prerromanos del interior, conquistados en las Guerras Cántabras, por lo que acaso los escasos fragmentos de teja hallados en ellos respondan a elementos constructivos del muro y no siempre a tejados:

Peña Amaya: M. Cisneros refiere el descubrimiento de numerosos fragmentos de tejas romanas en la acrópolis.

Monte Bernorio: una quincena de tegulae.

-Mave: 10 tegulae y 14 imbrices, según M. L. Ramos.

Pico del Oro (San Felices de Buelna): para M. Serna las tejas halladas en el Pico del Oro indicarían que el castellum estaba techado con estos elementos de barro.

Pico Jano (Vega de Liébana): un solo fragmento de teja que revela para los investigadores que en este caso la techumbre del castellum sería vegetal.

-Monte Cildá: 2 tegulae y 55 imbrices que pudieran ser elementos aprovechados en la construcción bajoimperial de la muralla para defenderse de las incursiones bárbaras.

e) Hallazgos aislados, sin vinculación clara con un yacimiento romano de entidad:

Comillas: una tegula completa de 49 x 30 x 3,2 cm, seguramente traída por el Marqués de sus excavaciones en otros yacimientos romanos.

Calle Gándara (Santander): se mencionan fragmentos tejas junto al hallazgo de la terracota de Baco, pero aquellos, a diferencia de esta, no se conservan en la actualidad.

Los Pandos (Vispieres): un gran fragmento de imbrex junto a otro material constructivo.

-La Isla (Colunga): C. Alvargonzález en 1903 refiere el hallazgo de tegulae e imbrices, junto a columnas de hipocausto, tubos de plomo y un mosaico.

f) Cuevas con fragmentos de una teja (ya sea tegula o imbrex):

Brujas (Suances): tres fragmentos de tegulae acompañados de cerámica sigillata tardía y un ladrillo circular, que prueban la presencia cercana de un edificio romano.

-La Clotilde (Reocín): un gran imbrex junto a sigillata.

Llogro (Puente Arce): un imbrex con decoración acanalada como los romanos.

-Villanueva (Villaescusa): fragmentos de tegula y de un posible imbrex.

-La Vallina (Porrúa): restos partidos de una tegula.

Además, el Conde Vega de Sella cita la presencia de tejas romanas en los estratos superiores de la cueva paleolítica de Cueto de la Mina (Posada), y también se han citado en la cueva de La Cuesta (Oreña), pero seguramente sean medievales.

Las tejas, debido a su peso (más de 2 kilos el imbrex más ligero, y hasta 15 kilos la tegula más pesada) y a su fragilidad (se rompen si se golpean fuerte), no se transportarían a largas distancias, sino que habría alfares locales. La Ley de Urso, de época cesariana, establecía que dichos talleres de tejas debían ubicarse a las afueras de las ciudades, dado el peligro de incendio que suponían sus hornos, que tenían que superar los 600 ºC para poder cocerlas. Por tanto, el hallazgo de tejas romanas implica la existencia de, al menos, un edificio de buena factura en las cercanías. Esto es clave para buscar nuevos asentamientos y patrones de poblamiento en la Cantabria romana, sobre todo, los hallazgos recogidos en los apartados “c”, “e” y “f”.

 

Dedicado a Alma

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Estimados lectores de “Mi Rincón de la Bahía”, es un placer retornar al blog para transmitirles una buena noticia referente al trabajo de un buen amigo.

Han sido varios los meses de ausencia bloguera tras “recoger las velas de este impredecible barco” que, pese a todo, siguió flotando sin rumbo fijo por los océanos internáuticos. Y, como digo, da gusto volver así, con la última publicación de nuestro querido amigo el historiador Jesús Gutiérrez Flores: Vida y muerte en Reinosa y Campoo durante la Guerra Civil y la posguerra (1936-1950), editada por la Asociación de Investigadores e Historiadores de la Guerra Civil y el Franquismo, y que está disponible en Estvdio y en librerías de Reinosa.

Jesús en Parador de Lerma

De la labor investigadora de su autor ya hablamos en este blog en numerosas ocasiones. Jesús Gutiérrez Flores es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, y doctor en Historia Contemporánea por la Universidad de Cantabria. Lleva 30 años dedicado a la investigación de la Guerra Civil en Cantabria y provincias colindantes de Castilla-León, habiendo publicado varios libros monográficos y numerosos artículos: Crónicas de la Segunda República y de la Guerra Civil en Reinosa y Campoo (1993); Guerra Civil en una comarca de Cantabria: Campoo (2000); Guerra Civil en Cantabria y pueblos de Castilla (2006); La Represión del Magisterio en Palencia (2010); y, en colaboración con Enrique Gudín, Cuatro derroteros militares de la guerra civil en Cantabria (2005); y, con Enrique Gudín, Fernando Obregón y Enrique Menéndez, Entre la espada y la pared. La represión del profesorado cántabro (2011). Además, está a punto de sacar a la luz otro título, con resonancias parecidas al que aquí reseñamos, para las comarcas limítrofes con Cantabria: Vida y muerte en la comarca minera de Palencia y Norte de Burgos (1936-1950).

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La publicación que ahora nos ocupa, Vida y muerte en Reinosa y Campoo en guerra civil y posguerra (1936-1950), es un laborioso estudio centrado en un área concreta: la comarca de Campoo, a la que el autor ha dedicado ya otras dos publicaciones agotadas: Crónicas de la Segunda República y de la Guerra Civil en Reinosa y Campoo, y Guerra Civil en una comarca de Cantabria: Campoo. Así, su última obra se trataría de una tercera edición que sigue a las dos anteriores, enriquecida con nuevos datos y menos inhibiciones que las que existían entonces (en un momento que la Guerra Civil era todavía a esas alturas un tema tabú no ya en el ambiente local, sino también regional).

 

A Jesús Gutiérrez Flores le unen lazos familiares y de amistad con la comarca de Campoo, y es por ello, por ser el espacio físico y humano que conocía desde dentro, por lo que se ha permitido la confianza de escribir sobre esta región y acerca de un tema difícil y delicado, teniendo siempre en cuenta que la dinámica, el análisis y las causas de la violencia bien pudieran ser los de cualquier otro pueblo, comarca, región o, incluso, los de la totalidad de España.

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Es también un ejemplo de microhistoria, porque en el interior de un tejido social delimitado por unas costumbres y tradiciones propias, por una proximidad espacial y espiritual, surgen tensiones que derivan en hechos de violencia.

La publicación combina el tratamiento científico del tema con la anécdota significativa de los hechos, explica las motivaciones de la gente para militar en una de las dos Españas y nos recuerda la vida cotidiana de los diferentes municipios de Campoo desde los años 30 a los 50, intercalando los datos fríos de la Historia con la humanidad del relato, en un texto ameno y de fácil lectura.

Además de la lista de víctimas de la retaguardia, se añaden las que murieron en combate por ambos bandos. Ponemos así nombre a todos los que dieron su vida por las terribles circunstancias de la guerra. Para ello, junto a la bibliografía ya existente, el autor ha utilizado los testimonios de testigos y de familiares de víctimas (cuya lista se reproduce al final de la obra), a los que el autor reconoce su dedicación, sus aportaciones y su esfuerzo a la hora de rememorar recuerdos que, en muchas ocasiones, son dolorosos.

La obra reproduce, además, algunos párrafos significativos de las memorias de José Sainz González (“Pepe el Policía”) publicadas por sus hijos Bernabé e Ignacio, a los que el autor tuvo el placer de conocer y a los que agradece los testimonios sobre los episodios vividos por su padre en la guerra y posguerra, en que desempeñó altos cargos como policía.

Recoge también las vivencias de otros testigos sufrientes de esa época tan trágica, como las de Arturo Alonso Palacios. Sobre este caso y otros, nos dice Gutiérrez Flores: ” Un día recibo inesperadamente en mi casa un CD que contenía la narración escrita de todas las vicisitudes que sufrió la familia de este hombre, cuyo padre murió en la cárcel de Oviedo, tras perderle la pista en Infiesto cuando todos huían hacia Asturias. Ahí no acabaron las cosas. La abuela desapareció en la huida desde Lérida a tierras francesas. Cuando volvieron desde Gerona a Reinosa se encontraron con la casa ocupada en una noche nevada de invierno, cerrándose así el círculo del horror. También tuve el honor de conocer a otro hijo de un vecino de Reinosa muerto en el bombardeo de Revillagigedo en Gijón, de nombre Julio, delineante en la fábrica `La Naval´. Con lágrimas en los ojos me contó su trayectoria en el Franquismo por ser hijo de `rojo´. Se llama Julio Bárcena Postigo, y me hizo llegar sus memorias para que yo dispusiera de ellas como creyera conveniente. Mi ilusión habría sido que hubieran visto la luz en una publicación, algo que me ha resultado obstinadamente imposible. Julio escribió en 2006 Consecuencias de una guerra estúpida. Huérfano para toda la vida, y el título ya refleja el cúmulo de penalidades que le tocó vivir y que hoy pueden parecer inimaginables”.

Desde el lado de la represión que sufrieron los derechistas por parte de los republicanos, el libro incluye las memorias de Jesús de Hoyos, contándonos sus experiencias traumáticas en la localidad palentina de Villanueva de Henares cuando era un niño y vio cómo sacaban de su casa y mataban a su abuelo.

Y es que, según Gutiérrez Flores, “no podía dejar de reflejar algunos párrafos de estas memorias vividas desde ángulos diferentes”.

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Para la realización de la obra, la recogida de datos se completó con la inmersión en los Archivos de Ferrol, Salamanca y de Alcalá de Henares; registros civiles, y libros de actas de los diferentes ayuntamientos. Se incluyen también las operaciones militares en los frentes, que regaron con sangre las tierras de estas comarcas, cuyos habitantes jamás pensaron en una guerra hasta que no la vivieron.

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Un trauma que sumergió a España en una dolorosa y larga convalecencia durante los años posteriores.

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(Manifestación a favor de la independencia de Cataluña.)

Queridos lectores, nuestro compañero Antonio Martín, que en otras ocasiones nos ha asombrado con sus exigentes rutas de montaña y sus espectaculares fotos de ominosos paisajes, nos regala esta vez un interesantísimo artículo de opinión sobre el tan de moda “asunto catalán”. En su exposición, Antonio nos desglosa las claves de una situación -“problema”, dirán algunos-, que ha derivado actualmente en un auténtico esperpento que tiene como actores principales a los dirigentes de muchos de los partidos políticos con representación parlamentaria en aquella comunidad autónoma.

Lo verdad es que, a mí, todo este asunto de los catalanes ya me aburre: todos los días dándole que te pego al tema en la radio, en la televisión, en la prensa, en la sopa… Curiosamente, me pasa como con la Guerra Civil: que me interesaba (y me interesa desde un punto de vista histórico), pero ya estoy bastante harto de escuchar siempre las mismas diatribas de muchos rojillos de baja estofa.

Si traigo al blog este artículo, lo hago por varias razones: primero, porque comparto lo que sostiene; segundo, porque puede ser de interés para aquellos que estudian el fenómeno nacionalista; tercero, porque es claro y está muy bien escrito.

A su autor, sólo puedo agradecerle, una vez más, esta colaboración.

En fin, señoras y caballeros, les dejo con Antonio Martín y con su  estupendo análisis de “El esperpento catalán”.

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(Independentistas catalanes quemando la bandera española.)

Después de martirizarme cada día ocupando los medios de comunicación, el llamado “problema catalán” ha conseguido dos cosas que hace poco parecían imposibles: que me siente a escribir y que me hayan entrado ganas de ponerme a su altura y gritar: ¡Salud y viva la monarquía española!

El “problema catalán” muestra de manera descarnada las disparatadas alianzas que produce la fusión entre lucha de poder, ideología nacionalista y sueños revolucionarios.

Si reparamos en la CUP, resulta esperpéntico ver a supuestos defensores del anarquismo colaborando en la construcción de un Estado-nación. Si son anarquistas coherentes, ¿se van a dedicar a subvertir la República catalana después de ayudar a la burguesía de CDC/Esquerra a construirla? Como su admirado Durruti, ¿formarán columnas republicanas para liberar acto seguido Aragón? ¿Creen en serio que podrán autodestruirla y convertirla en una federación de comunas autogestionarias? ¿Acaso creen que la “desconexión” del Estado español vendrá seguida de la desconexión de las instituciones supra-estatales europeas y de los poderes económicos a los que sirven? Su postura de “primero desconectamos los anarcos o anticapitalistas catalanes y después desconectáis los demás”, recuerda demasiado las retorcidas explicaciones de los supuestos marxistas vascos para justificar la violencia etarra en Euskadi [i]. Aquellos oprimidos abertzales de entonces decían a otros oprimidos de España que “ellos les estaban enseñando el camino”. Lo que pasó entonces ya lo sabemos: que la razón marxista se disolvió en el mito nacionalista y ETA militar siguió matando sin necesidad de razonamientos supuestamente científicos. Años atrás, los cientos de miles de anarquistas del 36 creyeron que podían alcanzar el todo de golpe: destruir la II República española al mismo tiempo que la Dictadura fascista. Aunque les reconozcamos mesiánicas intenciones, a lo que contribuyeron ya lo sabemos por 40 años de dictatorial experiencia. En la España de hoy no hay guerra civil en el horizonte, pero si se formara la República catalana lo más probable es que sus beneficiarios fueran las grandes familias burguesas que prosperaron al abrigo de la Dictadura, llámense Pujol o  Sumarroca. Como tanto repiten Mas y Junqueras, la joven República se mantendría perfectamente conectada a las redes europeas y mundiales de poder para impedir cualquier forma de rebelión social. Tras su proclamación, a la CUP le darían las gracias por el servicio prestado: contribuir a que los capitalistas corruptos de Cataluña escapen de la “caza mayor” convirtiendo en Estado, y por lo tanto, en paraíso político, lo que hasta ahora ha sido su paraíso fiscal.

(Jordi Pujol, Artur Mas y sus respectivas señoras.)

Si reparamos en Convergencia y Esquerra, es esperpéntico ver a los representantes y beneficiarios del capitalismo de amiguetes quitándose la corbata y arrugándose la camisa para mimetizarse con radicales anticapitalistas y sostenerse en el poder jugando juntos a la rebeldía contra el Estado. Si consiguieran su objetivo, quizá culminasen la metamorfosis poniéndose un pendiente en la oreja en la ceremonia de proclamación. Pero si realmente se trata, como le gusta jactarse al astuto Mas, de un ardid estratégico, ¿acaso creen que la rebelión contra un Estado es ciertamente una “partida democrática” que se culmina celebrando con los adversarios la firma de un nuevo chanchullo financiero en una bodega de El Penedés? La postura de Carmen Forcadell, que sin duda se cree la nueva Macià que recibirá homenajes florales en la futura república catalana, recuerda demasiado a la de su mentor. El señor Macià, como luego el señor Companys, también pensaron que Cataluña estaba primero y debía “mostrar el camino republicano a los demás”. Por eso no dudaron en hacer la guerra por su cuenta en el 31 y en el 34 sin hacer ascos a ninguna forma de extraño aliado: Macià sondeando a Stalin y Companys auxiliado por los paramilitares de su consejero Dencás (los escamots, de ideología y funcionamiento netamente fascista). A lo que contribuyó el “todo sea por Cataluña” ya lo sabemos por cuarenta años de Dictadura. En la España “desmilitarizada” de hoy, a lo que pretenden contribuir resulta demasiado evidente: poner a buen recaudo su riqueza mientras los miserables del resto de España se aprietan el cinturón de la austeridad. O sea, la aplicación burguesa catalana del “sálvese primero quien pueda”.

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(Francesc Macià.)

Este proyecto rupturista compartido por partidos burgueses y antisistema se fundamenta en un principio investido de sacralidad democrática: el derecho a decidir. Para regocijo de los rupturistas, la condición sagrada del principio es aceptada por los partidos y votantes de izquierda de ámbito estatal, como IU, Podemos y parte del PSOE, que de este modo dan plena legitimidad a sus aspiraciones. Por lo general, la aceptación se hace sin ninguna clase de matices, como si para una persona de izquierda, el verbo “decidir” tuviera por sí solo, al margen de toda forma de sujeto o complemento, la capacidad mágica de hacer demócrata a quien lo invoca. Al buen progresista no le inquieta que la aplicación sagrada de ese principio pueda servir a Rato o a Pujol para invocar su derecho a decidir de dónde sacan y a dónde llevan su dinero.

No obstante, como la realidad impone los matices, sabemos que los rupturistas no reclaman el derecho a decidir sobre el destino de los fondos de rescate, el recorte del dinero público, las ayudas a los bancos, la financiación de la seguridad social, la intervención militar en conflictos bélicos, el régimen fiscal, la financiación pública de la Iglesia, la religión en la escuela, etc.; derechos que podríamos compartir todos los españoles y éstos con otros europeos. ¡No! Se trata del derecho a alterar un Estado en el que ejercen otros muchos derechos 47 millones de personas para segregar una parte correspondiente a 1/7 de la población. Es decir, del “derecho de autodeterminación política”, que en este caso implica el “derecho a crear un nuevo Estado dentro de otro”.

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(Lluis Companys.)

Pero, en este caso, ¿quién es el sujeto de la decisión? Los rupturistas responden que “el pueblo catalán”.  Con ello (aunque la CUP lo disimule) se refieren a una comunidad cultural y lingüística que ya dispuso en tiempos pretéritos de instituciones propias y se autorreconoce como “nación”. Pero, en tal caso, tendrían que ejercer el derecho quienes se sienten parte de dicho pueblo o nación y ligados directamente a ese pasado. Es decir, los que se sienten parte del pueblo catalán viviendo en el Rosellón, en Mallorca o en Bastia. Sin embargo, como la reconstrucción política de la comunidad cultural “histórica” resulta imposible, los rupturistas utilizan entonces la circunscripción correspondiente del Estado español, que incluye a individuos que no se sienten parte de esa comunidad. Y como tal, ni reclaman el derecho a la autodeterminación ni desean ejercerlo. De este modo, la parte que se dice “pueblo o nación catalana” y vive en el Estado español, obliga a otra parte del Estado español que vive en Cataluña, pero no se siente parte de dicho pueblo o nación, a votar sobre algo que no desea.

Para salvar este escollo, la convocatoria de un referéndum o un plebiscito de autodeterminación se presenta a quienes lo rechazan (los ciudadanos “españoles” de Cataluña) como una oportunidad para llevar su capacidad de decisión a un territorio hasta ahora vedado. Este es el planteamiento preferido de Esquerra y sobre todo la CUP para enmascarar el trasfondo nacionalista de su posición. Como tanto repite Junqueras, las elecciones que interesan a los rupturistas para avanzar hacia la autodeterminación, se presentan a los refractarios como un avance en el ejercicio de la democracia. ¿Cómo puede un demócrata, y máxime si es “progresista”, rechazar semejante oportunidad para elevar su capacidad de “decidir”? Pero los hechos que vemos cada día son tozudos y el “subconsciente” traiciona a los líderes. La verdad subyacente la dejó clara Carmen Forcadell cuando se refirió a los votantes del PP y Ciudadanos como esos “adversarios” que “no forman parte del pueblo de Cataluña”. Esas palabras ponen de manifiesto cuál es la verdadera lógica del proceso rupturista: a todos se les invita a votar, pero el voto de unos no cuenta lo mismo que el de los otros. Es decir, lo que deciden los miembros del pueblo catalán no vale lo mismo que lo que deciden los miembros del pueblo español, pues sólo a los primeros se les reconoce autenticidad. Las consecuencias políticas que los nacionalistas han ido sacando de la sucesión de manifestaciones, procesos participativos y supuestos plebiscitos muestran de forma inequívoca esta lógica de actuación: nos da igual lo que los adversarios hagáis o votéis; me paso por la piedra a quién deberían representar el ejecutivo y el legislativo catalán, nosotros hemos decidido que el único proceso legítimo es el que lleva a la independencia y lo refrendamos al grito de ¡Visca la República Catalana!

Independentistas celebran la Diada. | Antonio Moreno

(Independentistas catalanes en plena celebración.)

Como bien saben los nacionalistas por el peso de la historia, los Estados nación no se construyen mediante recuento de votos del mismo valor, sino por la fuerza. Pero puesto que no tienen el coraje ni son tiempos para tomar las armas de fuego, utilizan las otras armas que tienen a su alcance y de las que les ha dotado el propio Estado español; es decir, todo el aparato de armas mediáticas, educativas y jurídicas que permiten forzar la voluntad de los vulnerables o doblegar la voluntad de los adversarios.

En suma, lo que vemos en Cataluña es otro episodio más de la contradicción inherente entre el nacionalismo y la democracia. El nacionalismo y el utopismo revolucionario son formas de religión política que apuntan a un fin necesario. Para el nacionalista, la afirmación de una nación es una necesidad metafísica, pues ninguna nación podría renunciar a su afirmación final como Estado. Y lo mismo puede decirse para el revolucionario de clase. Por el contrario, la democracia no apunta a ningún final de la historia, es un conjunto de procedimientos para encauzar pacíficamente los conflictos en un Estado de derecho. Por lo tanto, la única forma de conjugar la democracia con el nacionalismo o el utopismo, es  convirtiendo los procedimientos democráticos en un ardid estratégico que debe acomodarse a un final escrito de antemano. Esto es, justamente, lo que están haciendo los rupturistas.

En definitiva, los nacionalistas se sirven de los instrumentos del Estado español para segregar una parte de su territorio y convertirlo en su propio Estado nación. Con ello, toman a los ciudadanos del Estado español en Cataluña como rehenes y, votando en referéndum, les obligan a ser agentes de la segregación (algo así como colaboracionistas democráticos). Al mismo tiempo, excluyen al resto de los españoles de su “derecho a decidir” sobre un territorio que les incumbe. Para semejante operación, los nacionalistas sacan a colación la historia de confrontación entre España y Cataluña, que puede darse por cierta si se refiere a los episodios de confrontación violenta entre determinadas instituciones y élites de una parte y de otra [ii]. Pero obvian que, frente a esa certidumbre, existe otra de relevancia mayor, que es la historia de colaboración ininterrumpida entre los diversos entes hispánicos o ibéricos desde al menos el siglo XII [iii]. Esa larguísima historia es la que ha permitido tejer una red inconmensurable de lazos entre los diversos “pueblos” integrados en el Estado español. Más aún, la propia existencia de comunidades culturales tan singulares como la catalana y la vasca, y su fuerte proyección política, no habrían sido posibles si no hubieran sido parte del Estado español. Para corroborarlo, solo hace falta apreciar lo que ha sido de la parte correspondiente de esas comunidades dentro del Estado francés. En este sentido, la conversión de Cataluña y Euskadi en Estados sería un golpe irreparable a su propia convivencia, que ha sido posible dentro de España y, en buena parte, gracias a la debilidad histórica del Estado español. Desgraciadamente, lejos de congratularse por ello, siguen empeñados en aprovechar cualquier nuevo signo de debilidad (en estos tiempos la crisis económica) para desvincularse del compromiso colectivo con sus camaradas de historia.

(Oriol Junqueras.)

En definitiva, lo que están haciendo Convergencia, Esquerra y la CUP es una prueba de su manifiesta insolidaridad con el resto de los españoles. En el plazo inmediato, su empecinamiento habrá conseguido que, en las próximas elecciones, el conflicto territorial provocado por su desafección, se ponga en primer plano frente al conflicto social provocado por la crisis. En un marco espacio temporal más amplio, la posición de estos partidos es lo que hace inviable forjar formas supraestatales de lucha social frente a los grandes poderes económicos.

Por buscar un símil sencillo, lo que pretenden los nacionalistas catalanes sería lo mismo que hiciese yo si, justificándome en algunas discusiones del pasado, le presentase a mi mujer una declaración de independencia sin contar con su opinión, incluyese en ella lo que me llevo de nuestro patrimonio compartido y anunciase al final mi intención de venir a comer a casa cuando se me antoje y a mesa puesta. En el caso catalán, se trataría, sin duda, de jugar la Liga contra el Madrid.

Santander, 2-11-2015.

(Viñeta alusiva a cómo se limpian los trapos sucios en Cataluña.)

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[i] Beltza, Emilio López Adán: El nacionalismo vasco de 1876 a 1936 y El nacionalismo vasco en el exilio. Txalaparta.

[ii] La sublevación de 1640-1652 o la Guerra de Sucesión entre 1701 y 1715.

[iii] Aunque es absurdo buscar un origen preciso al proceso de interconexión entre los entes políticos hispánicos, podemos recordar que con Ramón Berenguer IV, en 1137, ya se produjo una integración efectiva entre Aragón y Barcelona. No obstante, será a partir de la doble revolución industrial y liberal de principios del siglo XIX cuando el proceso de fusión se haga especialmente intenso y afecte a todas las capas sociales. Desde entonces hasta hoy, catalanes y demás españoles no hemos hecho otra cosa que compartir historia. De tal modo que, si fuese ciertamente posible –como pretenden los nacionalistas- pesar la historia, podría retarse a los segregacionistas a comparar el peso de los Claris o Prat de la Riba con el peso de los Prim, Pi i Margall, García Oliver o Josep Pla.

(Independentistas catalanes de “nueva generación”.)

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Un amigo me recordó hace algunos meses el caso de lo que llamaré “El bisonte de Sieso”, y de él quiero tratar precisamente en esta entrada del blog.

Ejemplos de publicidad subliminal podrán encontrar a miles en todas las partes del mundo y desde hace muchas décadas. Y Cantabria no ha sido en ello la excepción, aunque cierto es que desconozco si se han dado en esta pequeña región más episodios como el que vamos a presentar a continuación.

Sí, amigos, muchos recordaréis aquel “famoso” caso; lo que muchos creen que fue la utilización de una imagen tomada de la propia Prehistoria regional para inculcar, más o menos subrepticiamente, una tendencia política determinada. Pero que nadie se confunda ni quiera ver un sesgo político concreto en esta entrada, porque todos los partidos políticos, de todo signo, recurrieron, recurren y recurrirán a la manipulación, si con ello pueden asegurarse un puñado de electores. Pero en este caso -una vez más- le ha tocado al PP.

En su día (hace ya algo más de 15 años) se hablaba en Cantabria del supuesto secuestro de un número de la revista Interviú en el que se hablaba en uno de sus reportajes del “lado más oscuro” del que entonces era alcalde de Santander, Gonzalo Piñeiro (PP), el mismo que habría organizado el preciso día de salir a la luz la revista un “comando” encargado de “saquear” los kioscos de Santander con el fin de evitar que los ciudadanos de la ciudad pudieran adquirirla y enterarse de sus chanchuchos.

Y fue también por aquellas fechas en que José Joaquín Martínez Sieso (PP) era presidente de Cantabria, cuando comenzó a circular entre la población un logotipo publicitario muy particular. Éste consistía en un dibujo de un bisonte -claramente se reproducía de una forma un tanto esquemática el motivo del “bisonte acurrucado” de la cueva de Altamira-. Hasta aquí todo natural, pero es que la peculiaridad del mencionado logotipo recaía en el hecho de que, de manera supuestamente premeditada, algunos de los trazos que conformaban la figura habían sido resaltados. ¿Con qué finalidad? Pues creo que, una vez más, una imagen vale más que mil palabras:

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La siguiente pregunta, en pura lógica, sería “¿Sirvió para algo a los políticos interesados esta estrategia de publicidad subliminal?”. Pues parece que no para demasiado, pues en las elecciones de 2003 el PP tampoco consiguió -como ya le había ocurrido en las elecciones previas- la mayoría absoluta, y el PRC, que lo había apoyado hasta entonces, cambió sus alianzas a la espera de mayores recompensas, y pactó con el PSC. La conclusión fue que Miguel Ángel Revilla fue nombrado presidente de Cantabria.

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(Calle San Fernando de Santander.)

Tal vez algún ingenuo pueda preguntarse a estas alturas cómo está el tema del urbanismo en la provincia de Cantabria y qué podemos destacar de su capital. Pues bien, de esto quiero hablar precisamente hoy en el blog, o, quizá mejor, quiero dejar que sea un amigo, un especialista en cuestiones del patrimonio, el que exponga la situación que se ha dado y se da todavía en la región. Les presento, pues, a continuación ese relato, algo pulido por mí mismo en su redacción, pero fiel al original en todo su contenido, para que lo disfruten… o rabien por dentro de todo lo que hemos perdido.

(Vista aérea de Cazoña.)

1. PLANTEAMIENTO GENERAL SOBRE PATRIMONIO Y URBANISMO EN CANTABRIA

Para empezar, hemos de considerar que hasta los años 70 del siglo XX no hubo -no sólo en España, sino en toda Europa- una auténtica conciencia preocupada en la conservación de los cascos históricos de las ciudades, más allá de ciertos intentos de conservar tan sólo algunos edificios considerados especialmente singulares, pero que, muchas veces, al quedar destruido el resto, quedaron totalmente descontextualizados.

(Otra vista de la “belleza monumental” de Cazoña.)

La destrucción y la desvirtuación de edificios o conjuntos arquitectónicos enteros con valor histórico han venido marcadas en España, y en ello Cantabria ha sido buen exponente, por un conjunto de tristes fenómenos, frente a los cuales las instituciones competentes han mostrado indeferencia cuando no han sido ellas mismas las responsables directas.

  • DESCONTEXTUALIZACIÓN DE EDIFICIOS. Se ha dado frecuentemente el caso de edificios singulares que han quedado descontextualizados al haber sido rodeados (caso del Palacio de Riva-Herrera de Santander) por edificaciones modernas que en muchas ocasiones han obedecido a criterios de carácter especulativo.

(Palacio de Riva-Herrera de Santander, antes de su “restauración”.)

  • RESTAURACIONES SIN CRITERIO HISTÓRICO Y/O ESTÉTICO. Ha sido frecuente la restauración de edificios antiguos sin ningún criterio histórico (caso de la Torre de Estrada, en Val de San Vicente, en cuya restauración se ha rellenado gran parte del foso que la rodeaba).

(Torre de Estrada, Val de San Vicente, una vez “restaurada”.)

  • ELIMINACIÓN DE LA UNIDAD DE CONJUNTO CON LA CONSTRUCCIÓN DE NUEVAS ÁREAS URBANIZADAS. En conjuntos históricos muy característicos de Cantabria (como Luey, en Val de San Vicente) se han construido urbanizaciones que han destruido la singularidad y la estética del conjunto (Luey constituía un buen ejemplo de pueblo tradicional, con casas típicas, muchas de ellas barrocas).

(Chalets adosados en Luey.)

  • REFORMAS INADECUADAS Y SIN CRITERIO HISTÓRICO-ESTÉTICO HECHAS POR PARTICUARES. En los años 60 del pasado siglo, con el “desarrollismo” y el crecimiento económico, muchos particulares procedieron a arreglar las casas tradicionales sin seguir ningún criterio, eliminando balcones, cubriendo fachadas con plaquetas o cambiando ventanas…, tal como ha sucedido, por ejemplo, en el caso de Escobedo.
  •  CARENCIA DE DECLARACIONES -CON FIGURAS DE PROTECCIÓN- DE NUMEROSOS CONJUNTOS DE INTERÉS HISTÓRICO-ARTÍSTICO. En Cantabria, las declaraciones han afectado muchas veces a edificios aislados especialmente notables (tales como palacios o torres), pero existen conjuntos de interés, que, al carecer de algún tipo de arquitectura nobiliaria, y pese a tratarse de conjuntos completos de casas antiguas, han quedado fuera de cualquier declaración que implique su protección. Este sería el caso de La Hayuela (Udías) o el de Riclones (Rionansa). En relación con este último fenómeno, la tendencia existente ha sido siempre a declarar la arquitectura nobiliaria, mientras que las construcciones propias de las clases más populares han quedado excluidas de cualquier medida de protección, lo que ha implicado frecuentemente su degradación (algunas se han convertido en almacenes). Además, con vistas a su protección, se han considerado básicamente edificios o conjuntos que abarcan hasta principios del siglo XX, pero hay, asimismo, otros edificios o conjuntos posteriores que, por su singularidad, por lo que representan en la historia de la arquitectura regional, deberían igualmente ser protegidos, y hoy no lo están.

(Vista de Riclones.)

2. EL CASO DE SANTANDER Y SU ENTORNO

Hoy, en el entorno de la Bahía de Santander apenas se conservan edificios históricos relevantes. En los monumentos de época medieval la conservación es en general muy deficiente, y tampoco es posible hablar de ningún conjunto histórico bien conservado, pues todos han sido destruidos o muy transformados desde los años 50 del siglo pasado (Astillero, Igollo…). Todos los espacios se han llenado de urbanizaciones y chalets, y ello ha provocado que se hayan perdido los conjuntos típicamente montañeses, de los que sólo se han mantenido pequeños “relictos”. Pero, por si fuera poco, tampoco se ha procedido a la declaración de lo que actualmente se conserva, un patrimonio que continúa constantemente amenazado, aunque últimamente ya se haya empezado a incluirlo a medida que se desarrollan los planes urbanísticos.

El patrimonio mejor conservado en el entorno de la Bahía es el religioso, pero casi todo él es de época moderna, y en muchos casos sus manifestaciones se han desvirtuado con añadidos antiestéticos (ejemplos son la iglesia de San Julián de Herrera o la ermita de Nuestra Señora de Solares, ambas en Camargo).

(Iglesia de San Julián de Herrera de Camargo, con su “hermoso” añadido en el lateral.)

Otro patrimonio del que también conservamos bastantes ejemplos es el civil, con casonas singulares, pero que frecuentemente han sido reformadas con escaso criterio estético, haciéndose desaparecer elementos originales (como las corraladas) y añadiéndose otros elementos que desvirtúan (caso del Ayuntamiento de Camargo o del Palacio de Pronillo en Santander).

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(Imagen de Santander en 1867 con el Castillo de San Felipe y, detrás de él, la catedral.)

Por lo que se refiere a la arquitectura militar, Santander, como villa medieval, estuvo amurallada y contaba con un castillo, el Castillo de San Felipe. Pero este castillo, reformado en el siglo XVI, fue derribado en la última década del siglo XIX, mientras que las murallas de la ciudad fueron siendo destruidas progresivamente y no se han valorados hasta hace escasos años. De ellas sólo visible hoy un pequeño fragmento cuya musealización ha supuesto un enorme gasto de dinero.

(Fragmento de la muralla medieval de Santander en la Plaza Porticada durante el proceso de musealización.)

Del resto de fortificaciones de época moderna se han conservado pocos vestigios, que, además, siguen actualmente sin protección. El elemento arquitectónico más importante en este ámbito y que todavía se conserva sería el Castillo de Corbanera en La Maruca, que parece abandonado a su suerte. Precisamente, cerca de éste se encontraba hasta hace poco los restos de la Batería de San Pedro del Mar, hoy absolutamente transformada/destruida al realizarse una supuesta restauración que en realidad supuso las total reinterpretación del monumento, eliminándose elementos originales y añadiéndose otros totalmente descontextualizados.

(Castillo de Corbanera en La Maruca.)

Por último, de la Guerra Civil hasta hoy la protección a los monumentos conservados también ha brillado por su ausencia. Véanse los casos de las baterías de Piquío o El Faro, que han sido abandonadas a su suerte.

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(Nido de ametralladoras de la Guerra Civil en los Jardines de Piquío de Santander.)

Como conclusión a este apartado, podemos decir que la ciudad de Santander ha perdido hoy casi todo el carácter histórico y hasta topográfico que poseía originalmente. Somorrostro, núcleo original de la ciudad, está casi completamente desmontado, de tal manera que sólo se conserva parte de la cabecera y la parte occidental del cerro. Allí se han ido abriendo calles enteras, como la Calle Cádiz. Por otra parte, lo poco del casco antiguo que quedaba en la parte occidental de la ciudad (zona del Cabildo de Arriba) se ha dejado caer y, los escasos testimonios que perviven y que no amenazan ruina -tal como sucede con la pequeña la casa barroca con escudo de la Calle Alta- están en mal estado de conservación.

(Casa barroca de la Calle Alta de Santander. Apréciese el escudo en la parte derecha del edificio.)

A propósito, toda esta zona del Cabildo de Arriba, la más histórica de Santander, no ha sido nunca declarada con ninguna figura de protección, como tampoco lo han sido la Calle Arrabal ni la Calle Medio. Lo que sí se ha declarado es el ensanche de la ciudad (zona hacia Pereda) y otras zonas urbanas construidas desde mediados del siglo XIX, tales como El Sardinero, que, por lo demás, ha sido muy modificado.

(Muestra de los pocos edificios del Santander antiguo que todavía quedan en el Cabildo de Arriba y del penoso estado en que se encuentran muchos. La mayor parte de las casas antiguas han sido durante años abandondas a su suerte y finalmente o han colapsado o han sido derribadas por las autoridades.)

En el Paseo Pereda, que constituye una de las zonas actualmente más valoradas de la ciudad (hasta el punto casi de ser el “escaparate” de la misma), se conservan todavía, en la parte inferior de algunos edificios, testimonios del siglo XVIII, siendo el resto de la factura de las misma construcciones de los siglos XIX y XX. Pero sucede que al hacerse también reformas en estos edificios se han eliminado de ellos elementos originales (caso de las antiguas cornisas).

(Edificios antiguos del Paseo Pereda de Santander.)

Otros edificios históricos, como la Aduana (de estilo “Chicago recurrente”) o el Edificio de Tabacalera, o no están protegidos o lo están insuficientemente.

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(Edificio de la Aduana de Santander.)

Además, gran parte de las construcciones e instalaciones son muchas veces insuficientes o de mala calidad. Veamos un caso.

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(Casas del Barrio Pesquero de Santander.)

El Barrio Pesquero, barrio de pescadores creado ex novo en los años 40 del siglo pasado -antes de esta fecha, los pescadores residían en Tetuán-, fue construido con un presupuesto bastante inferior del considerado originalmente, lo que se tradujo en la edificación de casas de mala calidad y que no contaban con los suficientes servicios, un fenómeno que sucedió igualmente en la zona de la Calle Castilla-Marqués de la Hermida y también en las prolongaciones que se han hecho de la ciudad y que se han llevado a cabo sin ningún plan preconcebido. Es más, en todas estas ampliaciones lo que ha primado ha sido más bien la especulación claramente amparada por las instituciones.

http://blogs.elpais.com/.a/6a00d8341bfb1653ef0133f304eec5970b-550wi

(Edificios “monumentales” en Marqués de la Hermida, frente al Barrio Pesquero.)

Todo este conjunto de fenómenos y problemas mencionados ha hecho finalmente que lo que ha quedado de Santander configure hoy día una ciudad con escaso interés arquitectónico -especialmente si la comparamos con muchas otras-, en la que es difícil apreciar el desarrollo histórico que ha seguido y en la que se percibe la ausencia de un centro urbano claro. A todo ello se suma, y eso también hay que tenerlo presente, el hecho de que se ha procedido en ella a una destrucción más o menos sistemática de todos sus yacimientos arqueológicos.

(Vista aérea de Santander y su crecimiento.)

De momento creo que dejaremos ya para otro día el abordar el urbanismo de otros núcleos de población importantes de Cantabria tales como Castro Urdiales, Laredo, Torrelavega o Reinosa…, donde la barrabasadas en los últimos años han sido también incontables.

Hasta la próxima.

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