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Archive for the ‘Otros países y culturas’ Category

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(Espacio patrocinado por sidra Strongbow.)

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¿Quién sabe dónde estará hoy Richie?

En la última etapa de la Celtic´s Tavern de Santander conocí a Richie. Esa última etapa sería, para mí, la comprendida entre los años 2007 y 2009, aproximadamente, cuando ya muchos de los extranjeros que solían parar ya no iban y cuando lo que fue el frenético ritmo de vida del local se había ralentizado hasta  convertirse en una especie de pálido reflejo de sus años de esplendor inmediatamente anteriores.

Como digo, fue en esa etapa de la Celtic´s Tavern cuando conocí a Richie, un inglés bastante convencional, con el aspecto de un gran oso pardo asilvestrado, en lo alto como en lo ancho. Llevaba muy corto su pelo castaño -casi rapado-, y su hocico estaba decorado con una perilla también castaña y bien cuidada. En ambos brazos sendos tatuajes completaban la estampa: en uno, un gran escudo del Middlesborough (su equipo de fútbol), y, en el otro, la Cruz de San Jorge (emblema de Inglaterra).

No era extraño encontrarse en ocasiones a este tipo de personajes en aquel bar, del que Richie, durante algunos meses, se convirtió en cliente habitual.

Pues bien, cierto día, al que podríamos llamar el “Día de Autos”, yo  había acudido  por la tarde-noche a la Celtic´s Tavern, y me había encontrado  allí con Esteban, un amigo argentino con el que habitualmente coincidía en ese local cierto día de la semana.

Mi amigo y yo nos situamos junto a la barra, perpendicularmente a Richie, que, cuando llegué, se encontraba cerca de la puerta.

Richie nos había llamado la atención, y sobre él conseguimos recabar del camarero algunos datos que el lector deberá tener por importantes para la adecuada comprensión de lo que viene a continuación.

  • ¡Se ha tomado ya quince pintas de sidra!, nos dijo el camarero, dejándonos a mi amigo y a mí con una evidente cara de sorpresa.

No recuerdo cómo, pero lo siguiente que sucedió fue que nuestro amigo Richie se nos unió y continuó a nuestra vera “dándole que te pego”. Mi amigo argentino se decidió al poco por pedir un Fernet, y, claro, Richie, como buen castaña inglés que era, lo quiso probar.

Hasta ahí todo marchaba bien, pero todo se empezó torcer  desde el instante en que Richie quiso continuar su particular fiesta tomándose un par de “whiskolas”, porque desde ahí se empezaron a manifestarse ciertos “efectos” que presagiaban lo peor.

Richie primero se motivó – hecho ya un auténtico Cristo, como estaba-  a echarle un pulso al compañero argentino. El inglés haría fuerza, algo de fuerza -no lo dudo-, pero ya antes de empezar el duelo parecía claro que él no iba a ser el ganador.

Las condiciones físicas, y me atrevería a decir que hasta síquicas, de Richie empeoraban por momentos, sobre todo cuando comenzó a bailar, balanceándose pa´lante y pa´trás, con cierto descontrol de sus extremidades.

Y ahí, justo en ese momento, se produjo el punto de inflexión: Richie ya no era el Richie que conocíamos; era “otra cosa”. Todos los vapores le habían subido de golpe, y, cuando me quise dar cuenta, estaba ya en caída libre de espaldas hacia el duro suelo, en todo su esplendor de oso británico, hasta terminar aterrizando.

Ayudar a levantarle me deparó una trágica visión, porque, al alzarle, apareció por sorpresa debajo de Richie una pobre chica sobre la que todo aquel mazacote se había desplomado hasta hacerla desaparecer.

RICHIE

A esas alturas la mente de Richie ya estaba ausente: lo que quedaba de su cerebro racional era tal vez un residuo que le permitía únicamente ejecutar algunos movimientos simples y emitir  escasos sonidos semi-desarticulados en una lengua que se parecía al inglés.

La situación planteada era compleja para él, por lo que decidí acompañarle entonces a buscar un taxi que lo llevase a casa, Sin embargo, esta tarea no estuvo exenta de grandes dificultades: ya nada más salir del local, Richie se lanzó a correr sin sentido  para perderse en lo profundo de la noche santanderina. Cuando por fin conseguí dar con él, lo agarré y lo conduje a una de las paradas de taxi del Paseo Pereda, donde, por fortuna,  había alguno que estaba disponible.

Pero los problemas fueron en aumento. Yo mismo abrí la puerta del taxi, metí dentro al inglés como buenamente pude y le pregunté a Richie por la dirección a la que debían llevarle. Traté realizar esta operación con un poco de celeridad, para que el conductor no se diese cuenta del lamentable estado en que se encontraba. Pero cometí, al tiempo, un error estratégico al decirle al taxista que lo llevase a casa porque “mi amigo no se encuentra bien”. Entonces, Richie balbució algo (¿quizá la dirección de su casa?), y ahí el taxista, que se dio cuenta del percal, reaccionó…

  • ¡No le llevo! ¡Dile que no le llevo!, dijo el taxista.

NO tuve más remedio que traducirle aquellas indicaciones al pasajero, que, totalmente ebrio, no parecía estar dispuesto a hacer caso, y se mantenía sin levantarse del asiento, manifestando así que quería que le llevasen.

En ese momento, el taxista se volvió a dirigir a mí con mucho más énfasis -se notaba que ya empezaba a estar cabreado y, diría, hasta temeroso de la situación-.

  • ¡¡¡Que no le llevo!!! ¡¡¡Dile que no llevo, mecagüendiós!!! ¡¡¡Que no le llevo!!!

Y Richie permanecía allí apoltronado, sin hacer ademán de salir.

  • ¡¡¡¡¡Que no te llevo, mecagüendiós!!!!! ¡¡¡¡¡Que no te llevo!!!!! ¡¡¡¡¡Que se baje!!!!!

Aquello tenía toda la pinta de que iba prolongarse, pero, de pronto, el taxista abrió su puerta, salió del coche y se dirigió a la puerta trasera, la abrió y le invitó de salir.

Yo trataba mientras de convencer al inglés, hasta que, al final, pareció entender que ese taxi no iba a salir para ningún lado y se bajó del coche. A continuación se encaró con el taxista, y pude distinguir en su balbucir algunas palabras malsonantes en inglés y una actitud por su parte ya bastante agresiva. El taxista, por su parte, regresó al coche, cerró la puerta y se marchó.

RICHIE 2

Le dije entonces a Richie que deberíamos buscar otro taxi. Pero, de nuevo, Richie volvió a escaparse corriendo por las calles de Santander, y yo salí detrás de él. No recuerdo exactamente el recorrido que hicimos en esa “persecución”, pero nunca olvidaré verle delante de mí, desplazándose como un enorme orangután que acabara de escaparse de un zoológico. Y recuerdo también que finalmente terminamos en otro local, hoy desaparecido: La Taberna del Duende Zahorí. Richie entró en ella, se desplomó hasta conseguir sentarse en un banco que había en el lateral derecho. Y, pese a que sus ojos estaban casi cerrados, desde su posición sedente comenzó ahora a mover sus brazos y sus manos intentando alcanzar alguno de los culos de las chicas que se encontraban a su alrededor.

En defensa de las chicas -bastante mosqueadas- acudieron entonces los que supongo que eran sus maromos, que estaban todavía más mosqueados si cabe, y fue uno de ellos el que se encaró con Richie, que, aunque sentado y sosegado en ese instante, al ver que alguien se le ponía delante y le increpaba, se levantó de pronto como un resorte, para cargar a continuación su brazo. Richie iba a comenzar a repartir. Yo intenté poner freno a aquel asunto que se estaba descontrolando por segundo. Me preguntaron si era mi amigo, y yo me disculpé en nombre del inglés por lo sucedido, lo cogí del brazo y lo saqué de allí.

Y entonces, y ya por tercera vez, Richie volvió a lanzarse a correr, sin rumbo aparente, por las calles de Santander, y fue ahí cuando perdí ya toda esperanza.

Hasta aquí el relato comprende lo que yo mismo viví en primera persona; sin embargo, lo que viene a partir de aquí, el final de la historia, me contaron otros testigos, y yo ya no lo presencié.

Estos testigos, absolutamente fidedignos, me dijeron que Richie volvió a la Celtic´s Tavern, se metió al baño (donde, lógicamente, debió de potarlo todo), y se tumbó en el suelo del local, y sobre el mismo se quedó dormido.

Cuando echaron el cierre, RIchie todavía permanecía allí tendido. Pero llegó la hora despertarlo, y los encargados del bar procedieron a ello frotándole unos hielos por la cara. Al “recuperar la conciencia”, continuó balbuciendo, y, cuando se procedió a preguntarle por la dirección de su casa para que lo llevase un taxi (aquí se puede apreciar cómo la historia el tiene cierto carácter circular), él solo atinó a sacar una tarjeta de alguno de sus bolsillos en la que se leía “NORWAY” (Noruega).

A Richie creo que solo volví a verlo una vez más. Le pregunté cómo estaba después de lo acontecido, pero se limitó a decirme que estaba bien.

Tal vez para él todo aquello fue, simplemente, una borrachera más de las muchas que se pillaba.

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Aquí les dejo, queridos visitantes del blog, una breve selección de algunos de los hermosos paisajes que pude contemplar durante mi estancia veraniega en Perú, lugar enigmático del planeta, con sus huacas y desiertos, los geoglifos de Nazca, sus hermosas (y falsas) piedras de Ica, Sacsahuamán, Cuzco, Machu Pichu…

Que las disfruten.

Amanece en Machu Picchu, que no es poco

Amanece en Machu Picchu, que no es poco.

Plaza de Armas, Cusco

Plaza de Armas, Cusco.

Lunahuaná, una experiencia radical.

Lunahuaná, una experiencia radical.

Sunset en Huacachina.

Sunset en Huacachina.

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La tecnología avanza y con ella evolucionan nuestros hábitos.

Una de las ramas que más rápido lo hace es la de las telecomunicaciones. Del telégrafo pasamos al teléfono (ahora ya móvil, del que dependemos casi todos); de la radio a la televisión, que a su vez pasa de una señal analógica a una digital… Otra importante tecnología es la informática, que al unirse a las anteriores ha conformado la llamada telemática.

Uno de los más notables avances es Internet y sus diferentes aplicaciones, ya sean redes sociales, tiendas virtuales, diarios digitales, blogs, música, vídeo… Todo lo que se pueda uno imaginar lo encontramos aquí, sin necesidad de levantar el culo del sofá (en mi caso una sencilla silla de pino). Incluso, hacer turismo, ya que, gracias a la fotografía por satélite, podemos “visitar” prácticamente cualquier lugar del mundo. Además, en zonas “civilizadas”, se nos permite hacerlo a pie de calle con el street view, que consiste en una base de datos de fotografías 3D, realizadas por un vehículo equipado con un GPS a medida que avanza por las diferentes calles y carreteras de zonas pobladas.

Pues bien, amigos. A cuenta del mundial de Brasil, me dio por buscar Cidade de Deus, una humildísima barriada de Rio de Janeiro, que se hizo muy conocida por la homónima película del director brasileño Fernando Meirelles. Al ir “paseando” por sus calles me percaté de una secuencia que estaba ocurriendo en ellas y que quisiera compartir con ustedes.

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Es evidente que estos críos no gozan de tanta tecnología como nosotros, ni de playstations ni cosas así, y no parece importarles. Y esto hace que me pregunte si no sería más feliz si, en vez de estar delante de una pantalla, estuviera simplemente volando una cometa.

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Hola a todos.

Hoy les traigo un par de souvenirs de mi último viaje por el reino alauí. El primero de ellos se encontraba en la Plaza Jemaâ El Fna, centro neurálgico de la Medina, y que algunos conocen como “El circo del mundo”. Allí uno se puede encontrar con encantadores de serpientes, monos, malabaristas, humoristas, tatuadores de henna… Pero en esta ocasión, les muestro la fotografía de un juego que hacía las delicias de los autóctonos. Éste consistía, básicamente, en llevarse para casa su refresco favorito tras ser pescado con una improvisada caña y tras haber pagado la cantidad correspondiente al gerente del negocio.

Bursosalson 009

El segundo de ellos versa sobre uno de los mayores placeres que nos ofrece viajar: la gastronomía. En este caso, les presento una de las delicias que nos ofrece la cocina marroquí y que se hace llamar Le pied de boeuf. Imagino que no necesiten traducción una vez vean la foto de uno de los negocios que la vendía para su preparado en casa.

Bursosalson 014

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Las numerosas expediciones de Michel Peissel lo han convertido quizás en uno de los últimos y verdaderos exploradores de la Tierra.

Michel_Peissel_1999

Después de 10 años de espera y varios viajes al Himalaya, fue autorizado en 1968 a atravesar y explorar el interior de Bhután, último gran reino feudal de nuestro planeta, situado entre Assam y el Tíbet. Peissel fue uno de los primeros europeos que conoció a fondo el reino encumbrado entre montañas, en una de las caras inexploradas del Himalaya.

Tigernest_(Taktsang)-Kloster_in_Bhutan

El reino es llamado “la Tierra del Dragón” y en él imponen su ley los lamas y los nobles desde las 32 gigantescas y maravillosas fortalezas que se alzan en lugares estratégicos de este secreto país.

flagge-bhutan

Me gustaría presentar un pequeño extracto de este libro que, creo, da pie a una buena reflexión. Cito textualmente:

Un tibetano, tras haber vistado Inglaterra, me dijo que lo que le había sorprendido más era que todos nosotros parecíamos saber lo que haríamos al cabo de un año y que hablábamos del futuro como si hubiese sido el pasado. ¡Qué razón tenía! Hemos suprimido de nuestras vidas gran parte del factor imprevisto, y yo creo que ésa es la causa principal del aburrimiento que padecemos los occidentales; creo también que ello debilita nuestra capacidad de enfrentarnos con lo que no habíamos previsto, por lo cual toda crisis de cierta importancia nos halla indefensos. Una de las consecuencias de nuestra excesiva seguridad es la frecuencia con que nos enfadamos, expresando así la inevitable frustación, consecuencia de planificarlo siempre todo de antemano.

En Bhutan, los hombres no suelen sentirse nunca fracasados, porque al contrario de nosotros, rara vez esperan nada determinado del futuro y, por ende, apenas conocen la desilusión o el desencanto. Además, aprecian el momento presente mucho más que los occidentales, aceptando los buenos ratos como vienen y aprovechando al máximo cualquier coyuntura favorable.

BHUTAN 1581

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El historiador y geógrafo griego Heródoto de Halicarnaso (484-425 a. C.) nos ofrece en su obra Historia un jugosote compendio de datos sobre las costumbres, tradiciones y formas de vida de varios pueblos de la Antigüedad, de los que tuvo un conocimiento más o menos directo, pues en su obra se mezclan -también sucederá con autores posteriores como Estrabón, Mela, Plinio o Solino- relatos reales con otros de procedencia más dudosa, escuchados, susurrados con poca nitidez en días de tormenta, contados por gentes que los escucharon de otras gentes que a su vez los oyeron de no-se-sabe-quién; reinterpretados, traducidos o pasados por el tamiz de la propia cultura del investigador.

Map Showing Herodotus' View of the Ancient World

En uno de los libros de esta obra, el Libro Segundo: “Euterpe”, nos habla del Egipto que visitó por aquellos años. Trata aquí de la historia y la geografía del país y, cómo no, de su religión, en relación con la cual nos dice que los egipcios son “extremadamente piadosos”, incluso “más que resto de los pueblos”, y que llevan todos vestidos de lino recién lavados y “practican la circuncisión por razones de higiene”. Comenta que los sacerdotes “se afeitan todo el cuerpo cada dos días, para que ningún piojo u otro bicho repugnante cualquiera se halle en sus cuerpos mientras sirven a los dioses”; que calzan sandalias de papiro y que “se lavan con agua fría dos veces cada día y otras dos cada noche”. En definitiva, concluye que “observan otros mil preceptos religiosos” (II, 37).

https://i0.wp.com/img189.imageshack.us/img189/2080/sacerdote1.jpg

Al abordar el tema de los sacrificios, Heródoto señala que “llevan al animal marcado hasta el altar en que sacrifican, encienden fuego y, acto seguido, derraman vino sobre la víctima, invocan al dios y la degüellan junto al altar; y, una vez degollada, le cortan la cabeza. Finalmente, desuellan el cuerpo de la víctima y se llevan la cabeza, tras haber lanzado muchas maldiciones sobre ella. En las zonas en que hay un mercado y un establecimiento de comerciantes griegos, la llevan a ese mercado y la venden; en cambio, en aquellas en que no hay presencia de griegos, la arrojan al río. La fórmula de maldecir las cabezas consiste en decir que si alguna desgracia amenaza con alcanzar a los que ofrecen el sacrificio, o a todo Egipto, que se vuelva contra aquella cabeza”. Nos indica también que “Todos los egipcios, por cierto, sacrifican bueyes y becerros exentos de marcas, pero no les está permitido sacrificar vacas, ya que están consagradas a Isis” (II, 39).

Refiere nuestro autor la existencia de curiosos ritos de tipo fálico en Egipto, y llega a sostener que el culto a Dioniso fue en realidad llevado a Grecia desde el País del Nilo. Así, comenta que “los egipcios celebran la fiesta en honor a Dioniso casi enteramente igual que los griegos, aunque sin danzas corales. Ahora bien, en lugar de los falos han inventado otros artilugios: unas estatuas articuladas por hilos, como de un codo de altura, que las mujeres llevan en procesión por las aldeas y cuyo pene, que no es mucho menor que el resto del cuerpo, se menea; abre la marcha un flautista y ellas le siguen cantando a Dioniso. La explicación de que las estatuas tengan el pene tan grande y sólo meneen esa parte del cuerpo se encuentra en una historia sagrada que, sobre el particular, se cuenta”. Sobre este asunto, según Heródoto, habría sido un tal Melampo “quien dio a conocer a los griegos el nombre de Dioniso, su ritual y la procesión del falo” (II, 48). Creo que debo explicar que con lo de “una historia sagrada”, Heródoto se está refiriendo aquí al mito de la muerte y resurrección de Osiris, desmembrado por el dios Seth y reensamblado por su mujer y hermana Isis, tras haber ésta podido encontrar todas las partes de su difunto cuerpo, menos el pene (recordemos que tuvo que ponerle, debido a ello, una poronga de madera).

proceso de momificación

Sobre la momificación de los muertos, Heródoto nos explica cómo se efectuaba este laborioso proceso, y nos aporta sobre el particular algunos datos llamativos. “Por cierto que a las mujeres de los personajes ilustres no las entregan para que las embalsamen nada más morir y tampoco a todas aquellas mujeres que son muy hermosas o de notable posición; sólo cuando llevan ya tres o cuatro días muertas, las confían a los embalsamadores. Y lo hacen así para evitar que los embalsamadores abusen de estas mujeres, pues cuentan que uno fue sorprendido, por haberlo delatado un colega, mientras abusaba del cadáver de una mujer que acababa de morir” (II, 89). Vamos, que a aquel individuo lo trabaron ahí metiéndola “en frío”.

Para terminar con la entrada, incluiré la digresión que hace Heródoto sobre el origen de la civilización egipcia, a la que atribuye una antigüedad fabulosa, algo que ha abonado un vasto campo para la especulación. Al atribuirle un pasado tan remoto, Heródoto no hace con ello más que recoger los testimonios que le ofrecían en aquellos tiempos los mismos sacerdotes egipcios que le informaban, y que dotaban a su propia cultura de una fabulosa longevidad. “Hasta este punto de mi relato, me informaron los egipcios y sus sacerdotes, indicándome que desde el primer rey hasta ese sacerdote de Hefesto, que reinó en último lugar, había habido trescientas cuarenta y una generaciones humanas y, en ellas, otros tantos sumos sacerdotes y reyes. Ahora bien, trescientas generaciones humanas suponen diez mil años, pues tres generaciones humanas son cien años; por su parte, las cuarenta y una generaciones restantes -que hay que añadir a las trescientas- representan mil trescientos cuarenta años. Pues bien, según mis informadores, en el transcurso de once mil trescientos cuarenta años, ningún dios había aparecido en forma humana, y afirmaban que nada semejante se había producido, ni antes ni después, entre los demás reyes que hubo en Egipto. Además, aseguraban que, durante ese tiempo, el sol había cambiado cuatro veces de posición: en dos ocasiones había salido por donde ahora se pone y en otras dos se había puesto por donde ahora sale, sin que en el transcurso de esos años se alterara en Egipto nada, ni los beneficios que sus habitantes obtienen de la tierra y el río, ni los síntomas de las enfermedades, ni las condiciones de la muerte” (II, 142).

La Historia de Heródoto nos habla, por lo demás, de muchísimas otras cosas, como, por ejemplo, de la construcción de las pirámides de Kéops, Kefrén y Micerino en la meseta de Giza (II, 124). Pero estimo oportuno que ya está bien por ahora. Si desean saber más, mejor será pues que vayan ustedes directamente al libro.

Que lo disfruten.

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[Todos los textos citados han sido tomados de Heródoto (traducción y notas de Carlos Schrader), Historia (Libros I-II), Editorial Gredos, Barcelona, 2006.]

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Ana, compañera y gran viajera, que ya nos obsequió con fotos de sus viajes por el Tíbet chino, nos deleita ahora con una muestra de las de sus viajes por el Tíbet indio: Ladakh, en los bordes del altiplano tibetano.

Paisajes pelados a unos 5.000 metros de altura, lagos de agua salada, montañas increíbles y monasterios budistas son, junto al calor de sus gentes, algunas de las señas de identidad de esta remota región del planeta, comprendida hoy en el Estado de Jammu-Cachemira.

Muchas gracias de nuevo a Ana por su ayuda y por cedernos tan amablemente las fotos de su viaje.

Una vez más, esperamos que les gusten.

1. Leh en la distancia

1. Leh en la distancia.

2. Fortaleza y gompa de Leh

2. Palacio de Leh.

3. Fortaleza de Leh

3. Palacio de Leh desde un chörten.

5a. Monasterio de Lamayuru (otra vista)

4. Monasterio de Lamayuru.

4. Carretera de Ladakh

5. Carretera de Ladakh.

6. Monje en el monasterio

6. Monje en el monasterio de Shey.

7. Monasterio de Likir

7. Acceso al monasterio de Likir.

8. Vista del valle desde el monasterio de Likir

8. Vistas desde el monasterio de Likir.

9. Fortaleza y monasterio de Basgo

9. Fortaleza y monasterio de Basgo.

10. Monasterio de Chemrey

10. Monasterio de Chemrey en la distancia.

11. Fortaleza y monasterio del Basgo

11. Fortaleza y monasterio de Basgo. Otra vista.

12. Buda de Nubra (Diskit)

12. Buda y chörtens junto al monasterio de Diskit (Nubra).

14. Monasterio de Diskit

13. Monasterio de Diskit (Nubra).

13. Estatuas de Buda en un monasterio

14. Estatuas de Buda en el monasterio de Rizong.

15. Monasterio de Diskit

15. Mandalas del monasterio de Thiksey.

16. La mirada del Buda

16. La mirada del Buda de Thiksey.

17. `El día de la marmota´

17. “El día de la marmota”.

18. Budas

18. Budas pintados del monasterio de Shey.

19. Biblioteca de un monasterio

19. Biblioteca antigua del monasterio de Thiksey.

20. Lago de Ladakh

20. Lago Pangong.

21. Amontonamientos de piedras junto a un lago de Ladakh

21. Amontonamientos de piedras en los bordes del lago Pangong.

22. Monasterio de Lamayuru22. Vista parcial del monasterio de Lamayuru.

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