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Archive for the ‘Rutas y senderismo’ Category

Antonio Martín, montañero y amigo, de quien hablamos en la entrada anterior, ha tenido la cortesía de ofrecernos, casi en exclusiva, otra  pequeña gran muestra de su enorme álbum fotográfico, del cual ya  adelantamos algo.

Es una nueva oportunidad de que degusten imponentes cumbres; escarpados sedos, traviesas y canales, prácticamente sólo frecuentados por cabras y rebecos; espectaculares (y fríos) amaneceres y puestas de sol; aislados refugios de montaña; y empinamientos varios de botella de vino (en lo que también se conoce como “ritos dionisíacos de montaña”). En definitiva, lo que nos ofrecen de nuevo estas fotos son los Picos de Europa en todo su esplendor.

Amigos, disfruten las fotos que les traemos, amplíenlas, saboréenlas, deléitense.

A su autor, sólo puedo agradecerle una vez más su amabilidad al compartir sus aventuras conmigo.

Damen und Herren, Antonio Martín y sus rutas de montaña…

19. Las imponentes Canales de Ría y del Agua desde La jascal

0. El Pico Cabrones desde la cumbre del Torrecerredo. Macizo Central

2. Torres de los Cabrones. Macizo Occidental

6. Ruta desde Vegarredonda hacia las Torres de los Cabrones. Macizo Occidental

5. La Canal de Montestigu. Vertiente lebaniega del Macizo Oriental

7. La Canal de Lechugales. Vertiente lebaniega del Macizo Oriental20. El sedo del Cantu Cerradiellu. Peña Maín. Macizo Central

Canal de Saigu. Margen izquierda del cares. Macizo Occidental

la Traviesa del Pamparroso, entre la Canal de Moeño y Collado Jermoso. Macizo Occidental

8. El Sedo del Tombu Robru, en el entorno de Tresviso

9. El sedo del Tombu Robru, en el entorno de Tresviso ii

1. Cresta del Pico Cabrones. Macizo Central18. Parte final de la Torre de Carnizoso. Macizo Central.

12. Amanecer sobre Peña Santa. Macizo Occidental

10. Atardecer en Vega Huerta. Macizo Occidental ii

11. Atardecer en Vega Huerta. Macizo Occidental

15. Puesta de Sol desde la Collada del Agua (Macizo Central), con la Peña Santa al fondo

13. Amanecer en Jou de los Cabrones. Macizo Central17. Amanecer sobre el Jultayu y el Cuvicente. Macizo Occidental

14. Amanecer en Pico Cabrones. Macizo Central

4. Cumbre del Mermejo la Tabla. Macizo Oriental

3. Cumbre de la Torre de la Horcada. Macizo Occidental

16. En la cresta de El Jisu., después de ascender Montestigu y el Sendero Gato. Vertiente lebaniega del Macizo Oriental

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Queridos lectores, en esta ocasión, Antonio Martín, amigo, profesor y montañero experimentado, ha querido compartir con todos nosotros algunas fotos de sus visitas a las cumbres cantábricas.

Es todo un privilegio, pues creo que son pocas las personas que conocen como él zonas montañosas como la de los siempre espectaculares Picos de Europa. De hecho, me consta que éstos los ha recorrido y, hasta escalado, de arriba a bajo, sin desdeñar muchas veces situaciones que a muchos de nosotros, más habituados a las comodidades del Paseo Pereda que a otra cosa, nos producirían una sensación de  miedo primario.

Siempre espectaculares, sus fotos nos conducen a paisajes desolados o nevados, a inmensos picos pelados, a mares de nubes, a bosques perdidos, a “pasos aéreos” donde uno cuelga por encima del abismo… En el remate de muchas de sus  jornadas no es infrecuente que hagan acto de presencia un refugio de montaña, alguna impresionante puesta de sol o un brillante claro de luna. También son habituales alguna botella de vino, un poco de chorizo o una buena tortilla de patata que compartir con los amigos que lo acompañan.

Amigos, espero que les gusten.

Ladies and gentlemen: una muestra de las aventuras de Antonio Martín…

1. Torco_Torrezuela y Requexón 008

2. Torco_Torrezuela y Requexón 030

3. Torco_Torrezuela y Requexón 0404. Torco_Torrezuela y Requexón 047

5. Santa Maria_Horcada y Enmedio 152

6. Santa Maria_Horcada y Enmedio 142

7 w Santa Maria_Horcada y Enmedio 0987 y Santa Maria_Horcada y Enmedio 028

7. x Santa Maria_Horcada y Enmedio 063

8 n Santa Maria_Horcada y Enmedio 167

8 w Santa Maria_Horcada y Enmedio 135

8 y 2014-09-06 Torre Salinas

9. Santa Maria_Horcada y Enmedio 177

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Corría el otoño del 87 cuando dos intrépidos aventureros y amigos afincados en Santander, Jose Carlos Losada Tomas y Saturnino Fresno Gómez, tuvieron la ocurrencia de echarse al monte para cubrir, a lomos de dos rudimentarias bicicletas de paseo modelo Orbea Gacela, el trayecto entre Aguilar de Campoo y Santander. Transcribo la historia contada por uno de ellos, “Satur”, en primera persona:

Nos trasladamos en tren hasta Aguilar de Campoo donde comenzamos a pedalear rodeando su embalse por la orilla izquierda hasta alcanzar Salinas de Pisuerga y posteriormente Cervera. Te decía que habíamos accedido al Carrión por Resoba, pero no fue así. Proseguimos hasta San Salvador de Cantamuda, por la carretera de Piedrasluengas a Potes, y de aquí a la abadía de Lebanza y su collada para descender al río y alcanzar la cabaña de Santa Marina a última hora de la tarde.

Aguilar de Campoo

Aguilar de Campoo

Abadía Lebanza

Alto Carrión

Alto Carrión

Alto Carrión

Alto Carrión

Santa Marina

Santa Marina

Hicimos noche en la misma, y con la primera luz fuimos a ver un sedal con una mosca artificial de pesca que habíamos dejado colgando sobre un remanso del río. Cuál fue nuestra sorpresa cuando vimos que colgaba una trucha de ración del mismo, la cual complementó nuestro desayuno, malamente asada en la chimenea de la cabaña.

Hecho el equipaje iniciamos la ascensión a la Dehesa Picorbillo, descendimos al río Arauz cruzándole para ascender al collado Secarro y bajar por Sierras Albas a Casavegas y a la carretera de Piedrasluengas, de nuevo hasta San Salvador otra vez, y subimos a Santa María de Redondo, donde nos dejaron la llave de la escuela e hicimos noche en la misma.

Valle de los Redondos

Valle de los Redondos

Al siguiente día volvimos a bajar a San Salvador para, por Herreruela de Castillería, cruzar por pista a Perapertú y de allí otra vez por asfalto llegar a Barruelo de Santullán, donde nos olvidamos de nuestro hornillo y nuestras frugales viandas para meternos un potente cocido de alubias que nos puso en carretera de nuevo con fuerzas suficientes para cruzar Valdeolea, ya en Cantabria, subir empujando por un monte de escajos hasta el Collado Somahoz y descender a Espinilla, en Campoo, ascender a Palombera y bajando un breve tramo alcanzar Braña Espina y su cabaña, donde hicimos la tercera y última noche.

Braña Espina

Braña Espina

En la mañana descendimos todo el barranco del Cambillas por su pista hasta Saja para, ya por asfalto, alcanzar Cabezón, Torrelavega y Santander por la carretera vieja y única por aquél entonces.

Yo te hablaba de cinco o seis etapas pero no; rememorándolo detenidamente y sobre el mapa he recordado perfectamente las tres pernoctas efectuadas y las cuatro etapas completadas en aquella travesía, increíble con aquellas máquinas de paseo dominguero y sin avería ni pinchazo alguno. Milagroso.

Poco después de esta hazaña, estos dos pequeños héroes descubrirían la llegada de las primeras mountain bikes con tres platos a Santander en la mítica Ciclos Abad, que les permitieron comprobar que Lope de Vega ya no era tan pindia como antes.

 

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El pasado sábado amaneció con uno de esos bonitos días soleados de invierno con el que a veces nos obsequia nuestra región, así que un miembro del Equipo Expedicionario de Mi Rincón de la Bahía decidió embarcarse en una ruta montañera. Y es que nada mejor que un poco de aire puro después de unas intensas semanas de encierro y estudio casi continuo propias del periodo de exámenes.

Tras la temprana salida de Santander, emprendimos camino en dirección al sur de Cantabria. Tras llegar a Reinosa y realizar allí la pertinente parada para tomar fuerzas con una pantortilla y un café continuamos un poco más hacia el sur, hasta cruzar el límite entre Cantabria y Palencia y llegar a la localidad de Salcedillo. Poco después de pasar esta localidad y antes de llegar a Brañosera, se debe coger una desviación hacia la derecha para iniciar la ruta. La carretera de montaña asciende rápidamente y llega hasta el refugio invernal del Golobar, del que después les hablaré.

Típicas pantortillas de Reinosa.

Típicas pantortillas de Reinosa.

No obstante, la nieve nos impidió llegar hasta dicho refugio y hubo que dejar el coche más abajo. Desde allí iniciamos el ascenso hacia la Sierra de Híjar. La notable cantidad de nieve nos obligó al uso de raquetas de nieve, lo que, sumado a la gran pendiente de la primera ascensión, hizo bastante duro el primer tramo de la ruta, en el que se asciende hasta unos 2.000 metros sobre el nivel del mar. No obstante, las vistas al coronar la Sierra de Híjar eran impresionantes, ya que se divisaba toda la zona de Campoo hacia el norte y la Montaña Palentina y las llanuras castellanas hacia el sur.

Vistas desde el ascenso hacia la Sierra de Híjar.

Vistas desde el ascenso hacia la Sierra de Híjar.

Una vez arriba, comenzamos a cumbrear por las crestas de la Sierra de Híjar en dirección oeste y con destino a la llamada Peña Sestil, que está cercana al Pico Valdecebollas, una montaña emblemática de las cumbres de la Cordillera Cantábrica. La Sierra de Híjar por la que trasnscurre toda la ruta marca la división entre Cantabria y Palencia y también sirve de divisoria entre los ríos y arroyos que vierten sus aguas al río Ebro y los que vierten sus aguas al Pisuerga, río que por cierto nace muy cerca de aquí.

La zona de la estación de esquí de Alto Campoo desde Sierra Híjar.

La zona de la estación de esquí de Alto Campoo desde Sierra Híjar.

Abundante nieve sobre los roquedos.

Abundante nieve sobre los roquedos.

La travesía hasta Peña Sestil es larga. No obstante, debido a la acción del viento gran parte de la nieve había desaparecido de las cumbres, lo que facilitaba el camino. En un último y también duro ascenso, se llega a Peña Sestil y desde allí las vistas son aun más impresionantes, ya que la altura permite ver el mar Cantábrico a lo lejos. Y créanme si les digo que es impresionante. También se pueden divisar algunos de los abundantes embalses que hay el la zona como el del Ebro (en Cantabria) o el de Aguilar de Campoo (en Palencia). Además, hacia el oeste se tenía una panorámica perfecta de los Picos de Europa y la zona de Peña Labra.

Vistas desde Peña Sestil. Al fondo se divisa el Pico Valdecebollas.

Vistas desde Peña Sestil. Al fondo se divisa el Pico Valdecebollas.

La Sierra de Híjar desde Peña Sestil. A la derecha el valle glaciar.

La Sierra de Híjar desde Peña Sestil. A la derecha el valle glaciar.

El curiosos efecto del viento sobre el hielo.

El curiosos efecto del viento sobre el hielo.

Después de la comida, debido a que el tiempo se nos estaba echando encima y a que el viento del noroeste empezaba a ser ya intenso y frío en esas zonas tan altas, iniciamos el descenso por una de las canales existentes en el valle glaciar que se sitúa en la ladera sur de la Sierra de Híjar. La bajada es un tanto peligrosa por los cortados existentes y porque la nieve en esa zona estaba muy dura y tenía placas de hielo sobre ella. No obstante, si se hace despacio y viendo bien dónde se pisa, no hay más problema. Eso sí, no es muy recomendable para quienes sufran vértigo.

Tramo final de la canal de descenso.

Tramo final de la canal de descenso.

Después de la dura bajada, se llega al refugio del Golobar del que les hablé antes y al que se puede acceder en coche, pero no en esta ocasión, ya que, como les comenté, la abundante nieve lo impedía. El Golobar es un gran refugio alpino que se proyectó en los años 70 y que, pese a estar prácticamente finalizada su construcción, nunca llegó a abrirse, ya que la falta de financiación en la parte final de la construcción echó por tierra un proyecto que era mucho mayor y que había planificado también la construcción de un estación de esquí en la zona que, por supuesto, tampoco nunca llegó a realizarse.

Refugio abandonado del Golobar.

Refugio abandonado del Golobar.

Hoy en día el edificio está en ruinas y solo sirve para que el ganado se refugie en invierno. No obstante, la solución parece difícil, pues el edificio lleva más de 40 años abandonado.

Mensaje escrito en el interior del refugio. Claro y directo.

Mensaje escrito en el interior del refugio. Claro y directo.

Tras continuar descendiendo por la carretera nevada que lleva al refugio llegamos a la zona en donde habíamos dejado el coche y emprendimos el regreso hacia Santander, con el convencimiento de que habíamos disfrutado de un bonito día en la montaña. El descenso hacia la costa fue realizado a través del puerto de montaña de Palombera (que une la zona de Campoo con el valle de Cabuérniga), un puerto muy bonito y que tenía mucha nieve, aunque, como se ve en la siguiente fotografía, la carretera estaba perfectamente limpia.

Pared de nieve en la parte alta del Puerto de Palombera.

Pared de nieve en la parte alta del Puerto de Palombera.

Si se animan, les recomiendo hacer esta ruta, aunque, eso sí, es algo dura, así que es mejor ir con un poco de entrenamiento. De todas formas, si se hace cuando no hay nieve, la dificultad es más baja, debido a que con el coche se puede llegar hasta más arriba y la ascensión a pie se reduce.

Sin más, me despido hasta la próxima.

Un saludo.

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Mi amigo Antonio me envió recientemente el enlace a uno de sus “reportajes de montaña” (escritos por él mismo) y que versa sobre la última ascensión que hizo a Castro Valnera, hermoso macizo de la zona pasiega que marca el límite territorial entre Cantabria y Burgos.

No les voy a transcribir en esta entrada todo lo que dice en ese reportaje, y ello, sencillamente, porque los interesados lo pueden leer aquí mismo: http://www.foropicos.net/foro/viewtopic.php?f=17&t=27342. Pero sí voy a recoger de él el escepticismo que a su autor le produce la instalación del teleférico que el actual presidente regional, Ignacio Diego (del PP), ha tenido la idea de construir en la montaña y que unirá el núcleo de Pandillo, a 534 metros de altitud, con la cumbre del Castro Valnera, a 1.718 metros. Con ello, Diego retoma una vieja idea, ya planteada hace ya años por uno de los alcaldes de Vega de Pas.

Por lo que se sabe (o se dice), la construcción de dicho teleférico se hará con dinero de la empresa que reciba la concesión, que pagará una cantidad importante de dinero al Gobierno regional por la explotación de las instalaciones. La idea, según Diego, es -una vez más- “dinamizar” aquella zona pasiega, atraer el turismo y montar el mítico “chiringuito” en la cumbre para abastecer al personal desplazado hasta allí.

Sin embargo, en este caso en concreto, al escepticismo de algunos por la construcción del teleférico se une el generado por los “tanteos” que se estarían llevando a cabo para la extracción de gas en la zona mediante el procedimiento conocido como “fractura hidráulica” (fraking), que, al parecer, tendría importantes consecuencias medioambientales para el lugar y, como imaginarán, no precisamente positivas.

Por si no me creen a mí, pero sí lo que dicen los periódicos, todas estas informaciones pueden encontrarlas en esta noticia de El Diario Montañés que refiero aquí: http://www.eldiariomontanes.es/20120511/local/bahia-centro-pas/gobierno-proyecta-teleferico-entre-201205111134.html.

Y aprovecho en este punto algunos párrafos del relato de mi amigo Antonio para concluir haciendo una reflexión personal. Dice mi compañero:

Sin embargo, en esta última aventura por las faldas de Castro mis sentidos se vieron perturbados por un mal augurio. Desde el lecho de Lelsa, cuando deslizaba mis ojos por esas extremidades de trazado soberbio, sentía constantemente el presagio de que alguien vendría próximamente para proceder a una violación.

Mientras me alejaba de Lelsa hacia las cabañas de Colina, atravesando las múltiples riegas con las que el Castro ejerce de madre del Pas, crecía en mí la sensación inquietante de que podría haber sido la última vez que levantase sus faldas para llevar a cabo una relación visual con la montaña del Castro conservando su pureza.

[…]

Aunque sea necesario y comprensible el interés por explotar económicamente las posibilidades de la naturaleza, ¿están ustedes seguros de que la mejor riqueza que pueden explotar en el valle del Pas es la belleza del Castro Valnera?, ¿no han pensado ustedes que en nuestra historia reciente y sobre todo en nuestro presente hay demasiadas lecciones sobre los peligros de esta clase de explotación?, ¿no han considerado ustedes las posibilidades que todavía ofrecen la ganadería tecnológicamente avanzada y las industrias artesanales sostenibles?, ¿acaso piensan que el mejor o el único futuro posible para sus escasos hijos o nuestros escasos jóvenes es convertirse en trabajadores precarios de la industria turística?; ¿o acaso es que sólo sueñan con ser alguno de los escasos privilegiados político-empresariales de la “violación”?

Y mi reflexión. Sin dudar de los beneficios que el turismo pueda traer a la zona, yo, quizá como mi amigo Antonio, veo siempre con escepticismo la intervención de la mano del hombre en la Naturaleza y desconfío de los políticos con sus “proyectos dinamizadores”, que implicarán es este caso, el aparcamiento en la base de la montaña, el “chiringuito” en la cumbre… Y luego vendrán las explotaciones de gas, los aerogeneradores… Y esto no me gusta. Además, aquí, en Cascarria, toda intervención sobre el patrimonio histórico o natural suele traer pareja, inevitablemente, joder lo intervenido, seguramente debido, como siempre, al más que escaso nivel cultural y de formación intelectual de los politicuchos caciquiles de turno que gobiernan, a la manera de señores feudales, esta región.

Una vez más, lo que parece querer esta casta mafiosa es llenarse los bolsillos, sin reparar en otras consideraciones, como cuando, en otro ejemplo, en plena crisis el Ayuntamiento de Santander se va a gastar 1,6 millones de euros en acondicionar las “cutrerruinas” de la Plaza Porticada de Santander para hacerlas visitables. Y eso sí: tengan por seguro que hay van a “chupar bien del bote” todos, y es que esto, desafortunadamente, es lo que prolifera en esta región y, en general, en España.

Lo siento, amigos.

[Fotos: Antonio.]

[Entrada patrocinada por Cascarria Infinita y CACICÁN (“Agrupación de Caciques de Cantabria”).]

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El pasado sábado fue un día soleado y casi veraniego en Cantabria, así que decidí realizar un pequeño viaje por el sur de nuestra región. En este caso el destino elegido fue el municipio de Valdeolea.

Valdeolea es, junto con Valdeprado del Río y Valderredible, uno de los tres municipios más meridionales de Cantabria. Se trata de un valle amplio, que es surcado por el río Camesa (el único río de Cantabria que pertenece a la vertiente atlántica).

Se trata de un municipio eminentemente rural, si exceptuamos la zona industrial de su capital (Mataporquera), por lo que el grado de conservación de sus paisajes y de sus numerosos pueblos es muy alto.

Pero además de todo esto, Valdeolea esconde una rica historia, y yo les propongo con esta entrada hacer un viaje por tres periodos históricos, que están ampliamente representados en esta zona de Cantabria. Comenzaremos por un interesante viaje por el megalitismo prehistórico, seguiremos por la etapa romana y acabaremos en la Edad Media. Interesante, ¿verdad? Pues allá vamos…

Los monumentos megalíticos están formados por grandes bloques de piedra, a menudo formando estructuras, que fueron realizadas durante el Neolítico y el Calcolítico en la Europa atlántica. Los menhires son los monumentos megalíticos más sencillos (se trata de una gran piedra hincada en la tierra) y en Valdeolea son muy frecuentes, hasta el punto de que hay más de una docena.

Existe una ruta muy interesante que parte desde Mataporquera y que va recorriendo los menhires mejor conservados de este municipio. Algunos de ellos son impresionantes, ya que llegan a medir hasta 5 metros y a pesar más de 5 toneladas.

La mayoría son de arenisca, lo que nos indica que fueron trasladados desde algún lugar hasta su situación actual, ya que las canteras de arenisca más cercanas distan bastantes kilómetros.

Algunos de los menhires presentan grabadas unas pequeñas cruces u otros símbolos que parecen tener una temática solar. La mayoría de ellos fueron recolocados en el siglo pasado, ya que muchos se habían caído de su lugar original y estaban en el suelo, aunque en la mayoría de los casos ha aparecido el agujero don de estaban hincados. De todas formas hay algunos que parece que se movieron de su lugar original en épocas recientes y no se ha podido conocer su ubicación original, como es el caso del menhir de la siguiente foto, que fue reutilizado como puente.

Este tipo de monumentos megalíticos se ha relacionado tradicionalmente con cultos funerarios, aunque hay diversas teorías. Lo que sí está claro es que este tipo de monumentos tenía una gran importancia para los hombres de la época, ya que el esfuerzo que requería su transporte y colocación era bastante grande.

Y después de este breve paso por la Prehistoria, nos acercamos ahora a la época romana.

Muchos vestigios son los que esta época nos ha dejado en Valdeolea y quizás los más numerosos son los puentes.

De todas formas, es cierto que no se sabe con seguridad si estos puentes son romanos o no, ya que lo más probable es que sean de épocas bastante posteriores, aunque parece bastante evidente que muchos de esos puentes se realizaron aprovechando las estructuras y los bloques de piedra romanos que había en la zona y, seguramente, seguirían su mismo trazado.

No obstante, en Valdeolea hay otro vestigio importante, cuya cronología en este caso sí que es ciertamente romana. Se trata del yacimiento arqueológico de Camesa-Rebolledo, también muy cerca de Mataporquera y del que ya se habló en este blog hace tiempo en una extensa (pero muy interesante) entrada. Este es el enlace:

https://mirincondelabahia.wordpress.com/2010/04/11/juliobriga-%C2%BFretortobriga-o-juliomesa/

Hace unos años se creía que el yacimiento de Camesa-Rebolledo se trataba de una villa (villae) romana, es decir, una casa romana aislada en donde se realizaban actividades agrícolas. No obstante los recientes hallazgos dejaron ver que no se trataba de una casa aislada, por lo que no podía ser una villa, sino que más bien se trataba de una domus bastante grande, junto a la que han aparecido estructuras de otros edificios, seguramente otras casas.

Esto nos demuestra que Camesa-Rebolledo pudo ser un núcleo urbano (quizás no demasiado grande), pero sí una pequeña ciudad. Hay que tener en cuenta que es posible que mucho esté aun sin descubrir.

Sin embargo, parece que a finales del siglo III este asentamiento romano se abandonó, y así estaría durante varios siglos hasta que fuese después ocupado por poblaciones medievales (seguramente visigodas en un primer momento).

En todo el yacimiento romano se realizaron numerosos enterramientos medievales, tanto del tipo de tumbas de laja como en sarcófagos monolíticos.

Además, sobre parte de la casa romana se construyó una pequeña iglesia altomedieval, que también sería abandonada posteriormente.

Quizás lo más interesante de este yacimiento de Camesa-Rebolledo sea el hecho de que en el yacimiento se mezclan dos periodos históricos muy distintos, pero que por alguna razón eligieron el mismo lugar para situarse.

Y ya que hemos avanzado hasta la Edad Media, les quería hablar ahora de otro resto histórico muy interesante. Se trata de la torre medieval de San Martín de Hoyos.

Esta torre fue construida en el siglo XIV y aunque en origen puedo tener un carácter defensivo, en realidad su utilidad principal fue la de demostrar el poder que el señor feudal ejercía sobre sus dominios. Hay que decir que desde la torre se divisa todo el valle y que la propia torre es visible desde varios kilómetros a la redonda, lo que nos demuestra el gran carácter simbólico que tuvo esta torre, característica común a todas las torres defensivas medievales.

Y así es como terminó mi viaje por este bello valle. Yo les recomendaría también que visitasen algunas de las numerosas iglesias románicas que hay por la zona (prácticamente hay una en cada pueblo), aunque, eso sí, deben contentarse con verlas por fuera, porque, como pude comprobar, conseguir la llave para verlas es bastante difícil. Aunque, si les interesa el tema, ya les digo que el único que posee las llaves es el párroco de Mataporquera y, como se imaginarán, no es fácil hacerle ir hasta uno de estos pueblos para que te enseñe la iglesia, a no ser que sea domingo, quizás el mejor día para ver estas iglesias por dentro, ya que se abren para la pertinente misa dominical.

Para terminar, solo decirles que, si algún día les apetece, se den un paseo por Valdeolea. Descubrirán lo que este valle esconde, que desde luego es mucho más de lo que yo les he contado en esta entrada. Les prometo que no les defraudará.

Un saludo.

PD: La segunda parte de la entrada Historia de Esparta que ya les anuncié está en proceso de redacción. Sean pacientes, que llegará tarde o temprano.

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Ofrecemos hoy una receta para preparar una variedad de orujo “experimental” que ha llegado a la redacción de este blog. Reconozco de antemano que algunos de los componentes de la mezcla les serán más fáciles de conseguir que otros.

Ingredientes:

– Una botella de orujo blanco.
– Trozos finos de diversas maderas (opcional).
– Canela.
– Azúcar.
– Endrinas.
– Cocaína (“la que sobre”).
Speed (“pa´que sepa”).
– Hojas, cogollos y ramas de marihuana.
– Rodajas de limón, naranja y manzana.
– 2 guindillas picantes de diferentes tipos.

Modo de elaboración:

Se compra una botella de orujo blanco de 2 litros. En una garrafa se echa uno de los 2 litros y se llena de endrinas (hasta 1/3 de la botella o hasta la mitad). Se añaden la marihuana (y, si se desea, los trozos de madera), las frutas, las guindillas, la canela y el azúcar (al gusto, pero pueden ser 6 cucharadas). El preparado debería dejarse reposar -para que fermente- entre 4 ó 6 meses, pero lo normal -por motivos de adicción- es consumirlo antes de que le dé tiempo. Se echa entonces el otro litro de orujo que nos había sobrado “pa´que las endrinas no se queden secas”, y “ahí ya le echas lo que se te ocurra en el momento”: la cocaína, el speed… También pueden ser monguis.

Modo de ingesta:

Hay que tomarlo mezclado, es decir, fumando porros al tiempo o tomando speed (o ambas cosas)  y comiendo también algo.  Tal como nos hacen llegar al blog: “Todo esto (esta receta de orujo) es ya pa´ última hora, cuando uno ya está perjudicado”.

Cuando ya quede poco orujo, la botella se irá rellenando repetidas veces, porque “ahí (en el fondo) queda”.

Efectos:

Múltiples: felicidad… y agonía, acompañados de una visión de la realidad distorsionada. Un testimonio recogido nos concreta que al consumirlo “te colocas un poco; puedes flotar un poco”.

 

Bueno, compañeros, pues ahí les dejamos la receta. ¡Que les aproveche!

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