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Archive for the ‘Un mundo que podría ser y no es’ Category

Esta torre, además de ser considerada como una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, originó la palabra “faro” en nuestra lengua, al encontrarse en la isla de Pharos, Alejandría.

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Dicen los historiadores que un terremoto acabó con su vida en el siglo XIV. Pero ¿cómo fue su vida?

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Hoy mi amigo Mario nos regala un breve sueño -si es que de algún sueño se puede decir que es breve, pues el espacio y el tiempo en ellos no son iguales a los que estamos habituados a manejar- que ha tenido. Bueno, que lo disfruten.

Estaba en Madrid y estaba en una casa antigua; bueno, no antigua…, bien; pero las ventanas eran de madera y yo veía pasar a la gente por la calle. Había muchísima gente y la gente iba con palos, hachas, escopetas…, y gritaban: “¡¡¡Coshones, coshones…!!!”… (Tengo que volver al sueño, sí…) Sí, y estábamos los dos [sic] dentro de la casa, sí, y empezamos a pensar por qué tanta gente estaba alterada, sí. Pues cogí el revólver y salí a la calle, a por los coshones, sí, y pensaba : “¡Uno por uno, no va a quedar ninguno!”.

Cuando me desperté, recapacité y pensé: “¡Si yo nunca he estado en Madrid el 2 de mayo!”… ¿Cómo podía conocer yo tanto ese momento si, por mi edad,  no lo había vivido?”. Y empecé a reflexionar sobre lo que había leído y me di cuenta de que era un pasaje de una novela de Alejo Carpentier.

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Los últimos estudios biológicos realizados en el Mar Cantábrico revelan el aumento de especímenes en la vertiente norte de la Península Ibérica. En comparación con años anteriores, los resultados positivos de estos análisis se atribuyen a la limpieza de las aguas, ya que las poblaciones son muy sensibles a la contaminación, especialmente y debido a sus hábitos alimenticios, a la provocada por los conocidos como “peligros blancos”.

Espécimen adulto de Cunnilingus Aquarius.

El Cunnilingus aquarius es una especie que pertenece al grupo de los animalacres, esto es, animales con el ADN en estructura cúbica formando un esperpento topológico. En su morfología destaca su cabeza de hombre precedida de un cuerpo de pez. Su boca alberga una larga lengua con la que se alimenta de sus presas predilectas, los coños, a los que detecta con su desarrollado sentido del olfato, acometiéndolos con fuertes y prolongados lametazos, hasta que se sacia. Esto puede llevarle horas, ya que son famosos por su voracidad. Si a esto añadimos que son muy territoriales, nos encontramos con que en una misma zona se repiten los ataques hasta que, por falta de presas, abandona el lugar.

Su nombre popular, “comecoños marino”, es algo engañoso ya que puede habitar tanto en aguas dulces como saladas, incluso en piscinas. Un ejemplo de este último hecho se dio en la ciudad alicantina de Benidorm, donde una serie de ataques en piscinas provocaron numerosos ingresos en centros médicos de mujeres aquejadas de espasmos clitorianos y orgasmos trepidantes.

Los cunnilingus están extendidos por gran parte del planeta, aunque es más fecuentes verlos en aguas cálidas donde encuentran más posibilidades de alimentarse y reproducirse. Para ello se cree que obtienen un óvulo de sus presas, internándolo en su cuerpo a través de su aparato digestivo, donde de alguna forma lo fecundan y forman un huevo del que saldrá un nuevo individuo completamente formado.

Estos animalacres han podido dar lugar a numerosas y variadas leyendas, siendo común en muchas civilizaciones mitos sobre hombres-pez. En la mitología girega tenemos al dios Tritón.  En las sagas irlandesas los fomorianos (del irlandes antiguo fo muire, “bajo el mar”). La mitología cántabra alberga la leyenda del Hombre-Pez de Liérganes, que todos los montañeses bien conocemos. Por último, me gustaría citar la leyenda procediente de Chiloé (archipielago al sur de Chile) del Cuchivilu, animal con la parte trasera de culebra y delantera de cerdo, que fácilmente podría haber sido provocada por la apreciación equivocada de algún cunnilingus.

Dibujo del legendario Cuchivilu.

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Haciendo limpieza de los materiales que tenía para impartir la discutida asignatura (¿?) de Educación para la Ciudadanía, la cual el curso que viene se cambiará por Educación Cívica, o algo así, aunque igualmente prescindible, hallé este curioso texto para comentar y pasar la hora con los alumnos. Aprovechando el relax dominical, muy similar a la hora semanal de Ciudadanía, os lo presento para ver lo que os sugiere.

Viendo la imagen y el texto, sé que alguno opinará que es mejor una selección de artículos de la Constitución, que son más instructivos y políticamente más correctos, aunque seguramente menos amenos, para pasar la hora que nos impone el gobierno.

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Desperté desorientado, tumbado sobre la cama del hotel con la camisa puesta y los pantalones a medio bajar. Un tremendo dolor golpeaba mi cabeza, debido a la gran cantidad de alcohol ingerida durante la noche anterior.

Miré hacia la izquierda buscando a mi amigo el Flaco, mi fiel compañero en mil y una batallas, pero su cama estaba vacía.

La última vez que le ví estaba agarrado a una voluptuosa negra llamada Joelma, mientras yo me levantaba dos palomas e invitaba a algunas rondas a los chicos del local con el fin de ganármelos y que no se mosquearan. En estos lugares hay que andar con mil ojos, ya que no se sabe donde pueden aparecer problemas y de cualquier chispa puede surgir la trifulca. De hecho poco antes había tenido que despachar a un afeminado que se acercó al Flaco diciéndole “gosto muito de vossé”.

De repente, un gutural sonido procedente del cuarto de baño de la habitación interrumpió mis intentos de hacer memoria. Al poco rato sonó la cisterna y apareció mi compadre, con pinta de zombie y el rostro cubierto de sudor . Por lo visto el meneo del barco al cruzar la bahía con olas de tres metros no le había sentado muy bien a su estómago, que  no fue capaz de digerir al arroz caldoso que tomamos para almorzar en Itaparica y el acarajé de por la tarde, además de las incontables garrafas de dos tercios de litro de Brahma y  latas  de Skol.


Me incorporé para ir al servicio y al salir me puse a ordenar la ropa, que estaba desperdigada por el cuarto. Al hurgar en los bolsillos pude recordar lo sucedido después de dejar el Pelourinho.

Abandonaba aquel colorido y animado lugar con mis dos amigas en dirección a la  Praça da Sé, donde estaba la parada de taxis. Allí se encontraba Reyzinho, un taxista amigo nuestro que debía su apodo al haber nacido el 6 de Enero. Montamos en su coche y le dije que nos llevara al Motel Barra, un tugurio de mala muerte que al menos era barato y quedaba cerca del hotel donde el Flaco y yo nos hospedábamos, en la zona del Farol da Barra. Al bajarnos del coche Reyzinho me preguntó si quería que me esperara, a lo que le contesté que aquello me iba a llevar un buen rato.  Le pagué, dejándole una generosa propina, y salió picando rueda.


Entramos en aquel  lugar de muebles viejos y escasa iluminación. La luz de neón roja del cartel entraba parcialmente por la puerta dándole un aspecto aún más  sórdido.  Pedí una habitación a la persona que estaba en recepción quien me indicó que eran cuarenta reais y que se pagaba por adelantado, le di cincuenta y le dije que me diera una que estuviera limpita. El chico sonrió con ironía a la vez que me entregaba la llave y me decía boas noites.

Subí las escaleras agarrado a aquellas dos mozas que no paraban de reír y de sobarme. Al atravesar los pasillos se escuchaban los gritos que salían de algunas puertas y que decían “¡GOSTOSO! ¡GOSTOSO!” y otras cosas que no pude entender. La empalmada que llevaba era evidente desde que salimos del taxi y estaba decidido a darles matarile hasta no poder más,  y así fue. Terminados aquellos impuros actos me metí a la ducha y, mientras me enjabonaba bien el cuerpo, me pareció oir la puerta cerrarse y unos pasos precipitados. Salí del cuarto de baño pero las chicas habían desaparecido, al igual que el dinero que llevaba en la cartera. Ya me lo había dicho el Flaco: confíaba demasiado en la mujeres.


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Volvía charlando con Careca en el mismo ferry que nos había conducido por la mañana hasta la isla de Itaparica frente a la ciudad de Salvador de Bahía. El viaje era largo, y es que aunque nos encontrábamos atravesando una bahía, la de Todos Los Santos es la más grande de Brasil. La sensación era más parecida a estar en mar abierto, pues no se avistaba tierra firme por ningún costado y el oleaje batía fuertemente la embarcación.

Careca me comentaba el gran día que habíamos pasado, recorriendo la isla en un par de bicicletas que habíamos alquilado por unos pocos reales, y que nos habían permitido disfrutar de playas prácticamente desiertas, sol potente, baños frescos y alguna que otra Skol. La mayoría de la gente no lo sabe, pero esta cerveza es de fabricación brasileña. En la actualidad es raro encontrarla, más propia de los años ochenta, como cuando Rafona y Javada, los dos yonkis de mi portal, se pimplaban cada uno, a cara de perro, una litrona, marca Skol, a temparanas horas de la mañana, como aquel que se desayuna un tazón de Cola-Cao. Ya se sabe, la auténtica salud.

Arribamos por fin al Mercado Modelo donde permanecimos sentados unos instantes en un banco que había frente a él, pues aún me encontraba algo mareado del trayecto. Fue en ese instante, cuando una señora de vestido blanco, tipo candomblé, se nos acercó para pedirnos un billete que requerría para su truco de santería que le estaba practicando a un turista que se hallaba junto a nos. Como el que no quiere la cosa, la mulata aprovechó la coyuntura para cerrar el puño y largarse con el billete haciendo caso omiso a las palabras de Careca, que en un portugués de andar por casa, le pedía amablemente la devolución de su billete. Como a veces las palabras no bastan, Careca tuvo que levantarse de su asiento, agarrar de la muñeca a la señora y retorcérsela bruscamente, hasta que al fin, la señora accedió amigablemente a abrir de nuevo la mano y devolvernos nuestro billete, no sin antes proferirnos unos simpáticos juramentos.

Tras el rifirrafe montamos en el elevador Lacerda, que nos conduciría desde la ciudad baja a la alta. El largo día comenzaba a pasar factura y nuestro estómago lo percibía, así que decidimos recobrar energías degustando un picante acarajé en la plaza de la catedral. Este plato, propio de la cocina bahíana, es una especie de bollo hecho de una pasta de frijoles, rellenos de camarones y diversas verduras, con una plastosidad parecida a la de un pastel de carne. Dicha plastajada nos sació, mas dejonos más secos que la mojama.

Decidimos por lo tanto tomar un refrigerio. La calle parecía la mejor opción pues los bares estaban atestados de gente; además, la música del Buenavista Social Club, con El cuarto de Tula proveniente de alguno de ellos, nos acompañaba en aquel momento. Llamamos a un menino da rua y le pedimos un par de cervezas que sacó se su nevera de porexpan, Skol por supuesto. Así estuvimos alrededor de tres horas, a la dolce far niente, disfrutando del no hacer nada, de estar sentados en un lugar desconocido, de la conversación, de ver la gente que por allí pasaba, del humo del charoto que nos estábamos fumando.

Y fue en ese instante justo que estábamos a punto de irnos al hotel, cuando una mulata de curvas sinuosas y vestido generosamente colmado por los volúmenes correspondientes me arrebató el puro de mis labios y se los llevó a los suyos, haciendo un gesto mamazzoniano. Entendí rápidamente el mensaje, así que me puse en pie, agarré de la mano a la chica y caminamos calle abajo. Careca se quedó buceando en su Skol y también en las faldas de dos chicas que bailaban samba frente a él.

Cuando ya nos habíamos alejado de la muchedumbre, me pidió que la esperara un segundo. Se agachó tras una papelera, se bajó el culote que llevaba y dejó escapar una auténtica meada a presión. En ese momento entendí por qué los adoquines del Pelourinho estaban tan degastados. Pero no fue eso lo que más me impactó, sino el tamaño de su clítoris, tan descomunal que me hizo dudar sobre su verdadero sexo.

La verdad es que aquella noche no me apetecía jugar a la ruleta rusa, así que le dije que me esperara a mí también, doblé una esquina y cuando vi que no me seguía, volví rápidamente calle arriba para inmiscuirme entre la multitud. Estaba a salvo, y desde mi posición podía verla sin que me descubriera. El último recuerdo que tengo de aquella noche son sus labios, que pude leer desde la distancia:

Fodase, caralho! O magrinho foi.

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Iruña-Veleia es un yacimiento arqueológico en el municipio de Iruña de Oca, a unos 10 km al oeste de Vitoria (Álava), conocido por poseer los restos más importantes de época romana encontrados en todo el País Vasco. 

Aunque no hay a día de hoy ninguna inscripción antigua donde figure su nombre, la mayoría de los investigadores suele identificar este yacimiento con la ciudad caristia de Veleia, mencionada por varias fuentes literarias antiguas como Plinio y Ptolomeo.

Este poblado fortificado, del tipo llamado oppidum, constituía en época romana un punto destacado en el itinerario de la calzada que iba de Astorga a Burdeos (la llamada Ab Asturica Burdigalam).

Los orígenes del poblamiento del enclave de Iruña-Veleia se remontan a la Edad del Bronce (el primer milenio a. C.), y su ocupación llega hasta el siglo V d. C., contando también con evidencias tardoantiguas y medievales.

Tras la ocupación romana de la región, será hacia mediados del siglo I d. C.  cuando se produzca el esplendor del oppidum de Iruña-Veleia. En este período algunas de las domus se rehacen con mayor tamaño y se construyen al mismo tiempo espacios y edificios públicos, utilizándose en las construcciones pavimentos de mosaico. En el siglo II la ciudad ocupa unas 80 ha.

Desde finales de siglo III a mediados del IV d. C., con  la crisis económica que afecta al Imperio Romano, se fueron abandonando edificios antes ocupados y se construyó una muralla, última gran obra pública de Veleia, en cuya fabricación se emplearon materiales reaprovechados procedentes construcciones anteriores (tambores de columnas, inscripciones, aras…). Su perímetro delimitaba una ciudad de algo más de 10 ha, lo que nos indica que por aquellas fechas la ciudad había reducido considerablemente su tamaño de manera.

En el siglo IV se experimentará una cierta recuperación de la ciudad, pero algunas áreas ocupadas por antiguos edificios públicos pasan a ahora ser ocupadas por casas particulares y talleres artesanales.

Las últimas evidencias arqueológicas claras que ofrece la ciudad pertenecen a enterramientos de finales del siglo V d. C., realizados en espacios de habitación anteriormente abandonados, y no hay demasiados datos sobre la evolución de la urbe entre el final del Imperio y la Baja Edad Media, momento en que sí sabemos que había instalado allí un priorato de la orden de San Juan (del siglo XIV). 

Pero, a pesar de los restos de sus construcciones y de hallazgos arqueológiocos y artísticos importantes, si por algo ha llamado la atención de los medios de comunicación este yacimiento ha sido por unos “increíbles” hallazgos que se dieron a conocer públicamnte en el año 2006, y que venían a revolucionar los conocimientos que se tenían sobre la difusión del Cristianismo en España y el País Vasco, y los orígenes del euskera.

Como digo, fue en junio de 2006 cuando aparecieron en los medios de comunicación una serie de inesperados hallazgos, tildados de “excepcionales”, efectuados por el equipo de arqueólogos dirigido por Eliseo Gil, y que consistían en una serie de más de 200 ostracas (piezas de cerámica con inscripciones), que en este caso tenían grabadas palabras en latín, en euskera y jeroglíficos egipcios, así como la representación de una crucifixión de Cristo, y que fueron datadas entre los siglos III y VI d. C. Lógicamente, los hallazgos produjeron de inmediato el asombro de filólogos, arqueólogos e historiadores, y trajeron consigo una gran polémica.

He aquí con más detalle una descripción somera de los hallazgos más espectaculares efectuados:

  • El Calvario vasco. En un fragmento cerámico de unos 10 cm2 se había representado un Calvario, la escena de Jesús crucificado en el monte Gólgota, junto a los ladrones Dimas y Jestas, acompañados por dos figuras que parecían corresponderse con la Virgen y San Juan. En el grabado, el epitafio que aparece en la parte superior de la cruz de Cristo es  RIP (requiescat in pace = descanse en paz), cuando en realidad debería ser INRI, pues RIP implicaría la muerte de Cristo, algo que es contrario a la fe y ala doctrina cristianas. El Calvario fue fechado en el siglo III por el equipo de excavación dirigido por Eliseo Gil, lo que lo convertiría en un Calvario tres siglos más antiguo que el descubierto en las catacumbas de Roma, datado en el siglo VI, y que era considerado, hasta ese 2006, la representación de Jesús crucificado más antigua del mundo. Esta pieza de Veleia apareció junto a otros dibujos de crucifixiones de dioses paganos y textos cristianos del tipo Pater Noster.

  • Un latín lleno de irregularidades. Las inscripciones latinas de las ostracas del yacimiento presentan muchas particularidades que han hecho dudar a los investigadores de sus autenticidad, pues, por ejemplo, usan elementos del lenguaje moderno que no existen en el antiguo latín antiguo (signos de puntuación, comillas, mayúsculas al comienzo de frase, signos de equivalencia, uso de /Ζ/ o /Ј/, palabras de origen moderno, uso de fonemas modernos, etc.).

  • Jeroglíficos con nombres imposibles. Los jeroglíficos egipcios, que tampoco se corresponden con lo que se esperaría en dicha escritura y que además no tienen ninguna lectura lógica, están acompañados por transcripciones latinas que son anacrónicas, imposibles en el siglo III. Estos supuestos signos jeroglíficos egipcios y grafías en latín hacen referencia a hechos históricos del Egipto del siglo III, y algunos de los nombres que aparecen en las inscripciones, como Nefertiti y Nefertari, son en realidad adaptaciones convencionales del siglo XIX de los nombres de los personajes históricos, hechas con el fin de facilitar la pronunciación de los nombres egipcios entre un público occidental que posee una fonética muy diferente de la propia de la familia camito-semítica, a la que pertenecía el egipcio antiguo.

  • Un euskera pre-euskera parecido al actual. Las expresiones en euskera encontradas en las inscripciones de Veleia eran reconocibles, pues tenían un sorprendente parecido con el euskera actual. Asimismo, tenían la particularidad de adelantarse en varios centenares de años a los primeros escritos conocidos redactados en esta lengua, lo que vendría a indicar que los pueblos prerromanos que ocupaban esas zonas, los várdulos y los caristios, hablaban vasco. Este hecho acabaría con el debate surgido en torno al tema de una vasconización tardía. Las ostracas en euskera fueron también datadas entre los siglos III y VI, y muchas de ellas se caracterizaban por tener una temática cristiana.

Ante la polémica suscitada por los espectaculares descubrimientos, una comisión de expertos establecida por la Diputación Foral de Álava para evaluarlos determinó finalmente en 2008 la falsedad de los mismos. La misma Diputación revocó entonces la licencia de excavación a la empresa encargada de las excavaciones del yacimiento, Lurmen S. L., que actuó bajo la dirección de Eliseo Gil. También se solicitó  al Ministerio Fiscal que analizase los hechos por si fueran constitutivos de delito. Ante estas acusaciones de falsificación, Lurmen S. L. estudió presentar una querella criminal por injurias y calumnias, mientras que el propio Eliseo Gil rechazaba las conclusiones de la comisión y seguía manteniendo la autenticidad de lo descubierto.

El mismo año, la Diputación Foral denunció ante la fiscalía de Vitoria a la empresa Lurmen S. L. por un presunto delito de ataque al patrimonio cultural, y ya en 2009 anunció la apertura paralela de un expediente administrativo sancionador a dicha empresa.

A mí, más allá de lo sorprendente y fraudulento de los hallazgos de Iruña-Veleia, esta historia hace que me plantee cómo un arqueólogo profesional puede verse conducido a efectuar este engaño, un burdo engaño, que está desde su inicio condenado a ser destapado con facilidad por la comunidad científica, y a poner en juego su propia credibilidad investigadora en el presente y en el futuro.

¿Qué movió a Eliseo Gil y a los miembros de su equipo a grabar -ya en el tecnológico siglo XXI- fragmentos cerámicos romanos con inscripciones y grabados falsos y fácilmente identificables a poco que se estudiaran con cierta profundidad? ¿Quiso quizá convencer a muchos nacionalistas sobre la veracidad de los presupuestos teóricos y filosóficos en los que se asienta su ideología? ¿Quiso hacer pensar que había demostrado la remota antigüedad del euskera y la temprana difusión del Cristianismo en el País Vasco? ¿Quiso tal vez que se creyese que los primeros pobladores “vascos” de esa región tuvieron contacto con pueblos que hoy se consideran custodios de la antigua sabiduría, como los egipcios? Sinceramente, la respuesta se me escapa.

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