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Archive for the ‘Deportes’ Category

Empate que supo a muy poco en la capital maragata. El partido de ayer fue un choque sin un dominador claro, de los que son muy atractivos para el espectador imparcial pero que tienen con el corazón en un puño a los que somos incapaces de ser plenamente objetivos, pues el Racing es uno de los que se mide en duelo. Tras una primera parte en la que hubo fases de dominio evidente del Racing, aunque con ocasiones claras para ambas escuadras, la oportunidad de los verdiblancos para ponerse por delante, llegaría cuando tan solo restaba un minuto para la conclusión del primer acto. Dioni intenta un recorte dentro del área, el defensa le caza y… penalti. Riguroso, muy riguroso, pero penalti. Disparó el propio delantero andaluz pero el cancerbero maragato, adivinó la trayectoria del balón, evitando el gol en un primer instante pero repeliéndola, de manera que Coulibaly, raudo y atento, pudo hacerse con el rechace y anotar el primer gol de la tarde.

Pi, pi, piiiiiiiii. ¡A la caseta! Coincidiendo con la puesta de sol, que ninguno de los presentes queríamos que llegase pues nos imaginábamos la que nos esperaba tras ello en la más que fría capital astorgana, el Racing se iba al descanso ganando 0-1 y momentaneamente situado en segunda posición de la tabla. Los más de 300 seguidores desplazados, pudieron tomarse una caña y charlar un rato en el ayer más concurrido que nunca, bar del Complejo Municipal de “La Eragudina”. Un ambiente acogedor en un estadio que ayer se quedó pequeño y en el que pudimos comprobar lo bien que el Atlético Astorga F.C. cuida a sus socios, entregándoles mantas verdes, como el color oficial del equipo y encendiendo unos pequeños calefactores situados en la cubierta de la única tribuna con la que cuenta el estadio… Sin duda, todo un lujazo, más propio de estadios como el Bernabéu pero que los presentes, también agradecimos enormemente. 

La segunda mitad fue más de lo mismo, salvo en los primeros minutos en los que esta vez, fue al Astorga a quien le toco llevar la iniciativa del encuentro, con unas cuantas buenas ocasiones, que a punto estuvieron de costarle un disgusto al portero de un Racing que pareció salir destemplado pero que, afortunadamente para los intereses santanderinos, pronto volvió a entrar en calor. Justo cuando el Racing mejor parecía estar y disponía de las ocasiones más claras, David Bandera, el “killer” por excelencia del conjunto leonés, (que fue quien llevó la iniciativa en ataque durante todo el encuentro, disponiendo de ocasiones muy claras), recogió en el borde del área un despeje de la defensa del Racing y se inventó un fuerte disparo ante el que nada pudo hacer Óscar Santiago. Empate a 1 y desde ahí, poco más pudimos ver, salvo algún intento tibio en ambas áreas por terminar de llevarse el encuentro. 

Pitido final y reparto de puntos. El portero local fue manteado por sus compañeros, pues ayer jugó su último partido como profesional, debido a una lesión en el hombro que le impide continuar. La afición racinguista desplazada, también se sumó al homenaje, aplaudiendo al experimentado guardameta. El propio club, como tal, ya se había sumado previamente al hacerle entrega “Tuto” Sañudo (Presidente de Honor de la entidad), de la primera indumentaria verdiblanca para esta temporada.

 

FICHA TÉCNICA:

Atlético Astorga 1: Javi, Cristian, Juanra, Antonio, Víctor, Víctor Andrés, Diego, Ivi Vales, Roberto Puente, David Bandera y Lago (Marcos, min. 65).
Racing 1: Óscar Santiago, Fede San Emeterio, César Caneda, Jon García, Mikel Santamaría, Álvaro Peña, Borja Granero, Óscar Fernández, Dani Rodríguez (Migue García, min. 87), Couibaly (Francis, min. 57) y Dioni.
 
Goles: 0-1, min. 45: Coulibaly. 1-1, min. 74: David Bandera.
 
Árbitro: Villa Maestre (Colegio Extremeño). Amonestó al local Juanra y a los visitantes Jon García, Álvaro Peña, Borja Granero, Migue García y Fede San Emeterio.
 
Incidencias: Unos mil aficionados, más de 300 del Racing. Día soleado en La Eragudina. 

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Tenía guardado desde hace tiempo el testimonio que les presento hoy, queridos lectores. Procede de las “confidencias” que hizo en su día a un grupo “selecto” de oyentes un profesor de Educación Física de un instituto de Secundaria de Cantabria, cuyo nombre, así como otros datos, la prudencia me lleva a omitir. Tan sólo añadiré que ocurrió hace ya unos cuantos años, pero no tantos como para que haya perdido actualidad, pues la zona de Santander que se referencia sigue siendo, por lo que sé, “foco” de surgencias de pestilente origen y lugar habitual de la práctica del surf y el bodyboarding. El testimonio es, una vez más, fiel a la realidad de lo sucedido.

Ahí va…

Tenemos una actividad de “iniciación al surf”, y vamos con los chavales al Chiqui. Vamos al Chiqui y nos metemos en el agua, y ahí olía mal. Allí, en el agua, queríamos dar la teoría, pero empezaron a salir residuos de todo tipo.

Éste es un ejemplo de que uno puede tener en principio todo en cuenta, pero luego hay variables que se escapan.

Nos vamos más allá, pero como ese día había algo de oleaje, sigue viniendo “todo”, y es todavía peor.

Vamos al instituto y presentamos una denuncia.

Al día siguiente, de 18 alumnos que fueron, 7 de ellos están con gastroenteritis.

El ayuntamiento nos manda  luego la analítica, ¡pero de 15 días antes del baño!, y, claro, estaba perfecto. Y cuando nos bañamos fueron los días en que se rompió la tubería.

Surf fecal en El Chiqui de Santander

Y ahora unas observaciones sobre este breve testimonio (éstas son ya de mi propia cosecha):

  • Nadie está exento de darse alguna vez un buen baño de fecales, ahí, donde está todo lo rico.
  • Tanto “saneamiento” y tanta historia, y estoy seguro de que en Cantabria la mayor parte de la “sustancia” termina, de una u otra manera, en el mar.
  • Propongo, no sólo ya por los escapes sino también por los frecuentes olores, declarar la zona del Chiqui “Zona de Riesgo Biológico de Nivel 1”.
  • El ayuntamiento de Santander, en un proceder que debe de ser bastante más habitual de lo que nos pensamos, falseó/falsea los resultados de una importante negligencia, en la que, ¡oye!, ¡al final resulta que ahí no ha pasado nada!

Según lo dicho en este último punto, para el ayuntamiento, sería todo entonces una invención o una imaginación de unos chavales que, al día siguiente, se estaban todos yendo por las patas bien idos. Eso sí, sucedió con estos pobres chicos que “lo que salió del mar volvió finalmente al mar”.

Señalización de la prohibición del baño

[Espacio patrocinado por Cascarria Infinita y CACICÁN -Agrupación de Caciques de Cantabria-.]

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Antonio Martín, montañero y amigo, de quien hablamos en la entrada anterior, ha tenido la cortesía de ofrecernos, casi en exclusiva, otra  pequeña gran muestra de su enorme álbum fotográfico, del cual ya  adelantamos algo.

Es una nueva oportunidad de que degusten imponentes cumbres; escarpados sedos, traviesas y canales, prácticamente sólo frecuentados por cabras y rebecos; espectaculares (y fríos) amaneceres y puestas de sol; aislados refugios de montaña; y empinamientos varios de botella de vino (en lo que también se conoce como “ritos dionisíacos de montaña”). En definitiva, lo que nos ofrecen de nuevo estas fotos son los Picos de Europa en todo su esplendor.

Amigos, disfruten las fotos que les traemos, amplíenlas, saboréenlas, deléitense.

A su autor, sólo puedo agradecerle una vez más su amabilidad al compartir sus aventuras conmigo.

Damen und Herren, Antonio Martín y sus rutas de montaña…

19. Las imponentes Canales de Ría y del Agua desde La jascal

0. El Pico Cabrones desde la cumbre del Torrecerredo. Macizo Central

2. Torres de los Cabrones. Macizo Occidental

6. Ruta desde Vegarredonda hacia las Torres de los Cabrones. Macizo Occidental

5. La Canal de Montestigu. Vertiente lebaniega del Macizo Oriental

7. La Canal de Lechugales. Vertiente lebaniega del Macizo Oriental20. El sedo del Cantu Cerradiellu. Peña Maín. Macizo Central

Canal de Saigu. Margen izquierda del cares. Macizo Occidental

la Traviesa del Pamparroso, entre la Canal de Moeño y Collado Jermoso. Macizo Occidental

8. El Sedo del Tombu Robru, en el entorno de Tresviso

9. El sedo del Tombu Robru, en el entorno de Tresviso ii

1. Cresta del Pico Cabrones. Macizo Central18. Parte final de la Torre de Carnizoso. Macizo Central.

12. Amanecer sobre Peña Santa. Macizo Occidental

10. Atardecer en Vega Huerta. Macizo Occidental ii

11. Atardecer en Vega Huerta. Macizo Occidental

15. Puesta de Sol desde la Collada del Agua (Macizo Central), con la Peña Santa al fondo

13. Amanecer en Jou de los Cabrones. Macizo Central17. Amanecer sobre el Jultayu y el Cuvicente. Macizo Occidental

14. Amanecer en Pico Cabrones. Macizo Central

4. Cumbre del Mermejo la Tabla. Macizo Oriental

3. Cumbre de la Torre de la Horcada. Macizo Occidental

16. En la cresta de El Jisu., después de ascender Montestigu y el Sendero Gato. Vertiente lebaniega del Macizo Oriental

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Queridos lectores, en esta ocasión, Antonio Martín, amigo, profesor y montañero experimentado, ha querido compartir con todos nosotros algunas fotos de sus visitas a las cumbres cantábricas.

Es todo un privilegio, pues creo que son pocas las personas que conocen como él zonas montañosas como la de los siempre espectaculares Picos de Europa. De hecho, me consta que éstos los ha recorrido y, hasta escalado, de arriba a bajo, sin desdeñar muchas veces situaciones que a muchos de nosotros, más habituados a las comodidades del Paseo Pereda que a otra cosa, nos producirían una sensación de  miedo primario.

Siempre espectaculares, sus fotos nos conducen a paisajes desolados o nevados, a inmensos picos pelados, a mares de nubes, a bosques perdidos, a “pasos aéreos” donde uno cuelga por encima del abismo… En el remate de muchas de sus  jornadas no es infrecuente que hagan acto de presencia un refugio de montaña, alguna impresionante puesta de sol o un brillante claro de luna. También son habituales alguna botella de vino, un poco de chorizo o una buena tortilla de patata que compartir con los amigos que lo acompañan.

Amigos, espero que les gusten.

Ladies and gentlemen: una muestra de las aventuras de Antonio Martín…

1. Torco_Torrezuela y Requexón 008

2. Torco_Torrezuela y Requexón 030

3. Torco_Torrezuela y Requexón 0404. Torco_Torrezuela y Requexón 047

5. Santa Maria_Horcada y Enmedio 152

6. Santa Maria_Horcada y Enmedio 142

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8 y 2014-09-06 Torre Salinas

9. Santa Maria_Horcada y Enmedio 177

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Los atletas estaban sujetos a un férreo y rutinario régimen de vida, sobre todo a partir del siglo IV a. C. cuando los profesionales dominan la pista. En los primeros tiempos, en cambio, los participantes en los Juegos Olímpicos eran los hijos de la elite, pero también obreros. Así, el primer ganador conocido, el corredor Corebos de Elide (776 a. C.), era cocinero, y también hubo labradores, pescadores y pastores.

palestraMuchos intelectuales tanto griegos como romanos criticaron el profesionalismo por ser las pruebas inútiles para la ciudad y por deformar los cuerpos y ser perjudicial para la salud de los atletas. Estos, en efecto, se entrenaban regularmente en los gimnasios bajo la supervisión de un entrenador, que no dudaba en golpearles con una vara o un látigo para conseguir que siguiesen la rutina. De este modo, realizaban ejercicios con cuerdas, trepaban a los árboles, cavaban, remaban, arrastraban carros junto a bueyes… Los ejercicios estaban adaptados según la disciplina: así, los velocistas corrían por la playa, en cambio, los boxeadores o pancraciastas levantaban piedras o golpeaban sacos rellenos de harina o de higos secos (los pancraciastas colocaban el saco a menor altura al tener que dar golpes en el suelo durante la competición).

En el siglo II se puso de moda un método de entrenamiento desarrollado por Teón y Trifón basado en ciclos de cuatro días, las “tétradas”, donde se alternaban ejercicios pesados y ligeros: el primer día se realizaban ejercicios cortos y enérgicos como preparación del segundo día en que se hacía el entrenamiento más duro, mientras que el tercer día solo había ejercicios ligeros para recuperarse del esfuerzo del día anterior, y el cuarto se realizaba un entrenamiento moderado. Cuenta Filóstrato (Gimnasia 54) que el atleta Gereno de Náucratis murió vomitando en el tercer día de unas tétradas tras haber asistido a dos suculentos banquetes en su honor y no dejarle descansar el entrenador.

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Ahora bien, en los gimnasios los atletas también recibían masajes y se untaban con aceite para relajar los músculos. Esta práctica fue muy criticada por los romanos, junto con la desnudez, pues pensaban que era una escuela de vicio. En este sentido, Cicerón en el siglo I a .C. se preguntaba “¿por qué nadie ama a un joven feo ni a un viejo bello? Por lo que a mí respecta, la costumbre de relaciones de este tipo me parece nacida en las palestras de los griegos, en las cuales estos amores son libres y aceptados”. En la civilización griega las prácticas homosexuales entre los jóvenes atletas y sus adultos maestros o entrenadores estaban permitidas. De hecho, en algunas cerámicas, que decoraban las casas, se representan escenas de pederastia y homosexuales.

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En Esparta las mujeres se entrenaban en la palestra junto con los hombres. El legislador Licurgo quiso con ello propiciar las relaciones sexuales entre los jóvenes y conseguir madres vigorosas que diesen a luz espartanos fuertes, para así garantizar la continuidad y poderío de Esparta. En cambio, en el resto de Grecia, al igual que en Roma, el deporte femenino estaba mal visto y se las tenía por marimachos (las mujeres solo debían hacer ejercicios de agilidad con la pelota). De hecho, Marcial (7,67) se burla de una mujer gimnasta a la que denomina “la tortillera Filenis, quien más ardiente que un marido en erección, se cepilla a las muchachas de once en once por día”. Y asimismo dice de ella: “cuando se entrega al placer, no la mama -lo cree poco varonil-, sino que les come a las muchachas la mismísima entrepierna. Que los dioses te concedan la que es tu personalidad, Filenis, que consideras varonil lamer coños”.

No obstante, durante la competición debían abstenerse de practicar sexo. Cuenta Casiano (6,7), aunque ya en el siglo V cuando los JJ. OO. habían sido suprimidos (en el año 393), que los atletas “para no ser el juguete durante el sueño de ilusiones nocturnas y para no reducir su fuerza, cuya adquisición requirió tanto tiempo, se cubren los riñones de cuchillas de plomo, porque este metal frío aplicado en los genitales impide los humores obscenos. Entienden que serán ciertamente vencidos y que, en lo sucesivo sin fuerza, no podrán incluso ya cumplir sus deber de combatir si son el juguete de las imágenes voluptuosas que destruyen la fuerza de la cual estaban provistos por su continencia”. En este sentido en el siglo II Artemidoro (5,95)  interpretaba el sueño premonitorio de un atleta que soñó que estaba castrado y ganó la prueba.

kynodesmeAl principio los griegos competían vestidos con taparrabos, tal y como reflejan las obras homéricas, pero ya en el siglo V a. C. la desnudez era la norma. Los primeros atletas que compitieron desnudos según la tradición fueron los corredores Orsippo de Megara y Acanto de Esparta en el año 724 a. C. y 720 a.C. respectivamente. No obstante, no corrían completamente desnudos, sino infibulados: una cuerda alrededor de la cintura ataba el prepucio que había sido previamente estirado para que no se les escapase la energía.

Asimismo, competían en ayunas. Los atletas tenían controlada la alimentación. Evitaban los dulces y las bebidas frías.  Al principio llevaban una dieta vegetariana a base de higos secos, queso fresco y pasta de trigo o cebada, pero desde el siglo V a. C la carne era la base de la dieta especialmente de los luchadores. El célebre luchador Milón de Crotona, quien ganó la corona olímpica en seis ediciones consecutivas en el siglo VI a. C. y de quien se decía que era capaz de romper la cinta del pelo con solo fruncir el ceño o que un día que se cayó una columna en casa de su maestro Pitágoras sujetó el techo con su brazo, era célebre además por su glotonería. Se decía que comía diez kilos de carne y diez litros de vino al día, y que un día cogió un ternero, lo paseó por el estadio y luego se lo comió entero. Por este motivo, Diógenes el Cínico llamaba a los atletas montañas de carne hechas de buey y cerdo, o Luciano se burlaba del atleta Damasias del que decía que por ser demasiado gordo pudiera hundir después de muerto la barca de Caronte. Asimismo, en teoría tenían prohibido beber durante la competición. Pero, al igual que las comilonas, eran notorias las borracheras entre los atletas, como hemos visto en el caso de Milón, o también de la marimacho Filenes, de quien Marcial afirmaba que se bebía siete cuartillos de vino puro y se comía dieciséis bollos para atletas.

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El célebre médico Galeno o el filósofo Séneca, entre otros, criticaban a los atletas de su época por no hacer otra cosa que sudar, beber, cebarse, dormir, pringarse con aceite y revolcarse en la arena. Los atletas, en efecto, dormían bastante; se levantaban normalmente, al decir de Galeno, a la hora de la comida. De hecho, algunos entrenadores daban a sus pupilos pan de harina fina con adormidera. Eso sí, dormían sobre el suelo para endurecer el cuerpo.

También se recurría a ciertos brebajes a base de plantas, hongos, cola de caballo o sudor de grandes atletas, e incluso a hechizos (se invocaba al poderoso dios Helios o al veloz Hermes) para conseguir aumentar la fuerza o la velocidad. Por ello, Olimpia se llenaba durante los juegos de una pléyade de vendedores de comida y bebida, artículos de toda clase, putas, adivinos y hechiceros… El dopaje moderno se inicia en el siglo XIX con la morfina y bebidas a base de cafeína. En los primeros JJ. OO. modernos se recurrió a la estricnina mezclada con alcohol (maratonista Tom Hicks en 1904) y luego a las anfetaminas (ciclista K. Jensen en 1960). En 1967 el COI estableció por primera vez una lista de sustancias prohibidas tras una serie de muertes por dopaje.

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Los griegos clásicos eran muy competitivos. Disputaban por cualquier asunto para ver quién era mejor: carrera, declamación, tocar un instrumento musical, etc. Y lo importante no era participar, sino ganar. El lema «lo importante es participar» se debe al arzobispo de Pensilvania, que lo pronunció en la inauguración de los JJ. OO. de Londres 1908. Así, en la Antigüedad los atletas derrotados volvían cabizbajos a sus ciudades de origen. En cambio, al ganador se le recibía de forma ceremonial y se le daba toda clase de felicitaciones, privilegios y regalos.

Los griegos, como bien refleja el mito de Aquiles en Troya, buscaban la gloria, no tanto el premio en metálico. Tal era el prestigio del que gozaban los vencedores olímpicos en la Grecia antigua, que se les erigían estatuas y se les concedían cargos.'Portrait of Alcibiades', late 3rd - early 4th century Por ejemplo, el general ateniense Alcibíades, para obtener el voto ciudadano para dirigir la expedición militar a Sicilia, invirtió su fortuna en ganar las pruebas hípicas de los JJ. OO. de 416 a. C., presentando siete cuadrigas con las que obtuvo el 1er, 2º y 4º puesto. En su discurso a la Asamblea ateniense al año siguiente para conseguir el mando de la flota, transcrito por Tucídides (6.16), alude a esta victoria porque “de acuerdo con la costumbre, cosas como ésas son un honor, y de ellas se deduce al mismo tiempo una impresión de poder”.

Para conseguir dicha gloria algunas ciudades no dudaron en contratar a los mejores atletas para que compitiesen en los juegos no por su ciudad natal sino por ellas. Así, Ástilo de Crotona, quien ganó tres veces consecutivas la corona en la carrera del estadio y en la del doble estadio, en su victoria de 480 a. C. se hizo proclamar siracusano, contratado por el tirano Hierón. Ante esto, los crotoniatas decidieron que su casa natal sirviese de prisión pública y quitaron la estatua que le habían levantado.

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El soborno era bastante habitual, sobre todo a partir del siglo IV a. C., cuando los atletas profesionales dominan las pruebas. De hecho, el origen mítico de los JJ. OO. está en la carrera de cuadrigas entre Pélope y Enómao, en la que el primero soborna al auriga del segundo para poder ganar. Incluso todavía en el año 300 los emperadores romanos Diocleciano y Maximiano especifican en una ley que solo eximían del pago por ocupar cargos públicos a los atletas vencedores que lo hubiesen sido sin recurrir a sobornos (C.J. 10,54).

Los jueces de Elide (polis donde estaba el santuario de Olimpia) imponían como castigo tanto a los que sobornaban como a los que se dejaban sobornar una multa con cuyo montante levantar cerca del estadio zanes o estatuas de bronce dedicadas a Zeus, las cuales llevaban una inscripción advirtiendo de que la victoria debía conseguirse con el esfuerzo y no con el dinero. Pausanias (5,21) en el siglo II vio una veintena de ellas y cuenta que los seis primeros zanes fueron costeados por el boxeador Eupolo de Tesalia y los tres rivales a los que había pagado en 388 a. C. (uno de ellos, Formión de Halicarnaso, había sido el vencedor de la edición anterior). Otros castigados fueron en 332 a. C. el pentatleta Calipo de Atenas y todos los rivales a los que había comprado para dejarse ganar. Los atenienses se negaron a pagar la multa y fueron excluidos de los JJ .OO. hasta que costearon seis zanes exhortados por el oráculo de Delfos. Por cierto, la mayoría de los zanes fueron levantados por luchadores y boxeadores, más proclives al parecer a aceptar regalos o dinero.

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Incluso había padres que compraban la victoria para sus hijos. Ese fue el caso de Polyctor, cuyo padre sobornó a su rival en la lucha infantil, Sosandro, en 12 a.C. Los jueces descubrieron la trampa y multaron no a los niños sino a los padres con sendos zanes. Pero no siempre el tramposo pagaba. Así, cuenta Filóstrato (Gymnasia 45) que en los Juegos Ístmicos se dio el caso de un luchador infantil que sobornó a su contrincante con 3.000 dracmas y, cuando al día siguiente el derrotado le exigió el dinero, aquél no se lo quiso dar alegando que le había ganado con su esfuerzo físico. Ante ello, el sobornado descubrió la trampa y reclamó ante los jueces el dinero.

Por ello alguno lo ponía por escrito. Entre los papiros hallados en los últimos años en Oxirrinco (Egipto) hay un contrato de soborno por 3.800 dracmas en la prueba de la lucha infantil en el siglo III. La traducción del griego del papiro (nº 5209) hecha por F. García Romero es:

Aurelio Acila, también llamado Sara[p, sumo] sacerdote de la espléndida [ciudad de] Antin[oópolis] saluda a Marco Aurelio Lucammón [de la tribu Adria]nea y del demo de Olimpia, y a Cayo J[ulio ¿Teón? por medio de Marco] Aurelio Sereno [-], ambos garantes de A[urelio Demetrio], luchador.

Puesto que [Aurelio] Demetrio, poniéndoos como garantes, ha acordado con [mi hijo Aure]lio Nicantínoo que en la competición de [lucha] infantil caerá tres veces y abandonará [-] recibiendo por medio de vosotros 3.800 dracmas en moneda de plata antigua libres de riesgos, en [los siguientes términos]: si -lo cual ojalá no suceda- él abandona y no deja de cumplir el acuerdo, pero la corona se reserva para ser consagrada, no lo perseguiremos judicialmente por ello; en cambio, si el propio Demetrio viola alguno de los términos escritos y acordados con mi hijo, de igual modo pagará a mi hijo obligatoriamente por el agravio tres talentos en moneda de plata antigua (=18.000 dracmas) sin ninguna dilación ni excusa, de acuerdo con las leyes que rigen las garantías, dado que hemos hecho los acuerdos en esos términos. El convenio está vigente, escrito en dos copias, de las cuales yo tengo una y vosotros otra, y en lo que me ha sido preguntado he estado de acuerdo.

En el año decimocuarto del Emperador César Publio Licinio Galieno Germánico Máximo, Pérsico Máximo, Pío, Feliz, Augusto. Mequeir 29. [= 23-febrero-267]

El emperador Nerón también recurrió al soborno (250.000 dracmas  dice Dion Casio que pagó a los jueces) o a la coacción de los jueces (nadie se atrevía a votar en su contra) https://i2.wp.com/www.romancoins.info/ostia-obverse-nero.jpgpara obtener varias coronas olímpicas en pruebas que solo se disputaron en la edición en la que él participó y que obligó a retrasar al año 67 para que coincidiese con su visita a Grecia. Por ejemplo, ganó la prueba de tragedia, la de declamación al son de la cítara o la de la carrera de carros tirados por diez caballos en la que casi se mata, ya que se cayó. A la muerte de Nerón todos sus premios fueron anulados. Por cierto, una de las cosas que más temía Nerón eran los bastonazos o latigazos que podía darle alguno de la veintena de árbitros de pista (rabdophoroi y mastigophoroi), subordinados de los jueces, que golpeaban a aquellos participantes que no cumplían las reglas: dar un golpe ilegal, salir antes de tiempo, tener un comportamiento inadecuado (por ejemplo, azotaron al anteriormente citado general ateniense Alcibíades tras vanagloriarse en demasía tras vencer sus caballos en la prueba de cuadrigas en 416 a. C.).

rabdophoroiEn las pruebas hípicas el premio iba para el propietario de los caballos, no para el auriga. Por ello, también los césares Tiberio y Germánico consiguieron la corona olímpica en la prueba de cuadrigas. Y por ello era la única prueba que podía ganar una mujer, al no poder competir con los hombres. De hecho, la primera mujer que gana una corona olímpica fue Cinisca, persuadida por su hermano el rey de Esparta para demostrar que solo con dinero y sin talento se podía conseguir la victoria en la prueba de cuadrigas. Lo logró en los juegos de 396 y 392 a. C.

Pero no todos los multados en los JJ. OO. lo fueron por soborno. En el año 93 el púgil Apolonio de Alejandría, apodado Rhantis, que fue el primer egipcio sancionado en unos JJ. OO., lo fue por mentir. Había llegado tarde, por lo que, según las normas, debía ser excluido de la prueba. Pero alegó que fue a causa del viento que su barco arribó tarde a Grecia. Su rival Heráclito, que también era alejandrino, le había visto competir en otros concursos griegos semanas antes y destapó su mentira, y en consecuencia fue declarado vencedor. Apolonio, enfurecido, lo golpeó, por lo que los jueces aumentaron la sanción. Otro alejandrino multado fue Sarapión; en este caso por cobardía. El egipcio, al ver el aspecto de sus rivales en la prueba de pancracio, cayó presa del pánico y huyó de Olimpia en el año 57.

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En la Antigüedad clásica las muertes acaecidas durante una competición, al igual que en los entrenamientos, no se consideraban delito. Ahora bien, los atletas supervivientes debían realizar unos actos de purificación según las leyes de Delfos (Platón, Leyes 865). Esto les ocurrió a Diognetos de Creta cuyo oponente en el boxeo, Heracles, resultó muerto en 488 a. C., o a Telémaco que en 484 a. C. rompió el cuello a su rival al realizar una presa de estrangulamiento en la lucha olímpica, o incluso al boxeador Diágoras de Rodas en 464 a. C. (noticia discutida). En cambio, el boxeador Cleomedes de Astipalea fue descalificado por juego sucio por los jueces en los Juegos Olímpicos de 492 a. C. tras la muerte de su rival Ico de Epidauro. Después de esto, cuenta la leyenda, enloqueció y de vuelta a su ciudad natal, de rabia, dio un puñetazo a una columna que sujetaba el techo de una escuela que se derrumbó sobre 60 niños. Sus conciudadanos le persiguieron para apedrearlo, pero su cuerpo se desvaneció misteriosamente y poco después surgió un culto en torno al boxeador desmaterializado. Otro púgil al que se le daba culto fue Teógenes de Tasos, cuya estatua de bronce en el siglo V a.C. cayó y aplastó a un antiguo rival, enemigo suyo, que todas las noches golpeaba la estatua.

lucha griega

La practica totalidad de las muertes de atletas documentadas durante los JJ. OO. antiguos tienen que ver con las pruebas de combate cuerpo a cuerpo: lucha, boxeo y pancracio. No hay muertes documentadas en las pruebas de lanzamiento de jabalina o de disco (salvo el relato mítico de Jacinto). El pancracio era una especie de lucha libre donde estaba permitido todo golpe y llave, salvo morder y meter los dedos en el ojo del rival. Sin embargo, los griegos consideraban más violenta la prueba del boxeo ya que usaban guantes de cuero. Las estrangulaciones, las dislocaciones o la pérdida de dientes eran heridas habituales. De hecho, se cuenta que el púgil Euridamas de Cirene se tragó los dientes que su adversario le había roto de un puñetazo para que no notara su sufrimiento y finalmente obtuvo la corona olímpica. Muertos por heridas en la competición fueron el luchador olímpico Nicasilao de Rodas que falleció a los 20 años tras solo dos años compitiendo, el boxeador Ágato Demon, apodado el Camello, o un efesio de nombre desconocido que murió en su primer combate de pancracio en época romana.

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La muerte más célebre es la del pancraciasta Arrichion de Figalia, ya que consiguió la corona de vencedor una vez muerto en los juegos del año 564 a. C. Arrichion era un pancraciasta reconocido, pues ya había ganado en dos ocasiones anteriores la corona de olivo. Pero en esta tercera y última vez su rival le tenía aprisionado con las piernas y le estrangulaba el cuello con los brazos. Arrichion, entonces, retorció con su mano los dedos del pie a su oponente, de manera que el dolor que le causó provocó que éste se retirase; pero en ese mismo instante Arrichion murió ahogado. Los jueces determinaron que la victoria correspondía de manera póstuma a Arrichion puesto que su rival se había rendido.

Otro luchador que consiguió la victoria después de muerto fue el boxeador Creugas de Epidamno, pero esta vez en los Juegos Nemeos del año 400 a. C. Su historia la cuenta, como en el caso anterior, el lidio Pausanias en el siglo II. Como el combate de boxeo entre Creugas y Damoxenos de Siracusa se había alargado en demasía, los jueces decretaron que uno frente al otro se darían golpes alternativamente sin oponer resistencia hasta que uno cayese o se rindiese. Creugas fue el primero en golpear y le dio un puñetazo en la cabeza, única parte del cuerpo donde se golpeaban los púgiles antiguos. Pero Damoxenos, usando su palma como cuchillo, hundió sus dedos en el costado de Creugas con tanta fuerza que le perforó la piel y luego con la mano le sacó las entrañas, lo que le provocó la muerte. Los jueces consideraron que Damoxenos se había valido de malas artes y concedieron la victoria al fallecido y además le erigieron una estatua. También el escultor neoclásico Antonio Cánova realizó una escultura de Creugas mostrando su costado para recibir el golpe fatídico.

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Pero no todas las muertes fueron espectaculares. Así, Hipóstenes de Tesalia perdió la vida por una mala caída durante la lucha, al igual que sucedió en los Juegos Olímpicos de Roma 1960 al ciclista danés Knud Enemark que se cayó de su bicicleta en la prueba de los 100 kilómetros, abatido por el calor y las drogas (anfetaminas), dándose un golpe en la cabeza que resultó mortal.

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Y otros atletas murieron de agotamiento, caso de dos pancraciastas que se negaron a rendirse y el combate acabó con la muerte de ambos, o asimismo, del pentatleta Éneto de Amiclas, que murió de cansancio cuando iba a recoger la corona de vencedor tras haber superado todas las pruebas (lanzamiento de disco y jabalina, salto de longitud, carrera y boxeo). En los JJ. OO. modernos la primera muerte constatada también fue en parte por agotamiento. Fue la del maratonista portugués Francisco Lázaro, que murió en el kilómetro 30 en Estocolmo 1912, deshidratado debido al calor y a la cera que se había untado en el cuerpo para evitar las quemaduras solares pero que impedía la transpiración.

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